mis queridos amigos y enemigos

“El vinilo es un objeto de arte que triunfa otra vez en el mundo de la música”

Una vez, hace ya muchos años, me encontré con Alberto González Segura (Santa Cruz de Tenerife, 1954) en la tienda al mayor de Sergio Bofill, en la décima avenida de Nueva York
Alberto González Segura, director artístico de Impulso Records. Andrés Gutiérrez
Alberto González Segura, director artístico de Impulso Records. Andrés Gutiérrez
Alberto González Segura, director artístico de Impulso Records. Andrés Gutiérrez

Una vez, hace ya muchos años, me encontré con Alberto González Segura (Santa Cruz de Tenerife, 1954) en la tienda al mayor de Sergio Bofill, en la décima avenida de Nueva York. En aquel local enorme había montañas, pero montañas, de vinilos y DVD. Recuerdo que nos hicimos una foto y él la tiene. A fuerza de comprarle música para sus tiendas Manzana, Alberto acabó disfrutando, con su mujer, del apartamento de Bofill en Miami. Lamentablemente, Bofill murió. Manzana fue la leche. Abrió 25 locales de venta de discos en Canarias y su sello discográfico llegó a vender cientos de miles de casetes con la orquesta gomera Los Bajip. Algo impensable en un mercado tan pequeño, pero es que los turistas se los llevaban por docenas a sus países de origen. Manzana, como sello discográfico, editó los mayores y mejores éxitos de Los Sabandeños: La Cantata, Canario, Bolero, Mar. Ahora, tantos años después, Alberto González Segura triunfa con sus tiendas de El Cinematógrafo, que nadan entre el cine, la música y lo vintage. Una en La Laguna, en San Agustín, otra en Santa Cruz, junto a la cafetería El Águila. Y se le ve feliz.

-Hay que ver, Alberto, cómo ha regresado el vinilo.

“No sabe hasta qué punto. Tengo a la venta los 40.000 discos que guardaba el archivo de Radio Popular, entre singles y longplays, y están saliendo como un tiro. Es una preciosa vuelta al pasado”.

-Creo que se ha asociado con Amazon para distribuir vintage, cine y música.

“Sí, estamos vendiendo mucho a través de Amazon, desde Madrid y Barcelona. Desde Canarias es más difícil”.

-¿Por qué ha vuelto el tocadiscos? ¿O el picú, que decía el mago?

“La nostalgia vende. Y ese sonido, el del vinilo, no lo consiguió ni el casete ni el CD. El vinilo es para sentarse en casa, por las tardes, a escuchar música… tal como éramos”.

-¿Pero hay todavía quien entienda la industria del vinilo, hoy en día? Me refiero a su producción y hasta a su fabricación.

“Las discográficas están sacando de sus casas a ingenieros jubilados de 75 y 80 años, que dominan el corte del acetato, para que enseñen a las nuevas generaciones. Y la mayoría de aquellos ingenieros están de nuevo metidos en la música, a esa edad. Me parece algo maravilloso”.

-¿Por qué la fiebre de lo vintage?

“Mire, lo tecnológico es frío; casi inerte. Lo vintage es caliente, aunque la mayoría de las cosas se fabriquen en China, pero con gran calidad”.

(Yo me quito el sombrero ante este hombre. Cuento una anécdota. Un día lo puse a prueba y le dije: “Alberto, usted no me va a conseguir la película de mi infancia, Fort Bravo (dirigida por John Sturges en 1953, con William Holden y Eleonor Parker, entre otros actores), que no encuentro por ninguna parte”. A la semana siguiente la tenía en mi casa. Y regalada. Me quedé de una pieza. La veo al menos una vez al mes.).

-Alberto, ¿por qué el nombre de Manzana?

“Pues por Apple, el primer sello musical de Los Beatles. Yo es que soy muy de Los Beatles”.

-¿Cuál es su sistema de reedición y distribución de grandes éxitos del cine?

“Muy sencillo, compro derechos, según la demanda, a las grandes productoras, me entregan los masters, reeditamos en DVD y Blue Ray, y a vender. No se imagina los encargos que tengo”.

-¿Y es verdad que algunos vinilos de los 50 y 60 han adquirido gran valor?

“Depende. Te llevas sorpresas. Hubo aquí un grupo punk llamado Familia Real, que fue el prólogo de otro llamado Ataud Vacante. Un disco de Familia Real se exhibe hoy en un gran museo de este tipo de música de la costa Oeste los Estados Unidos. Y uno de esos vinilos puede costar en Internet 1.200 dólares. Yo tengo uno y no lo suelto. Te llevas, ya digo, esas sorpresas. Ellos tocaban en el Lennon de La Laguna, y en el A GoGo. Uno de sus discos se llama Destruye y el otro Depresión. Imagínese”.

-¿Y por qué, tras tantos años, fracasó Manzana?

“Pues porque tanto la venta de discos como la edición se fueron abajo. Nos pasamos también en la inversión en un mal momento para el disco. Internet tuvo mucha culpa, pero es verdad que Internet nos está ayudando ahora a vender productos vintage, clásicos, música y cine. Son modas, los tiempos cambian y hay que adaptarse”.

-Usted llegó a ser socio de los Polanco, con Gran Vía Musical, ¿no?

“Bueno, mantuvimos una estrecha colaboración, yo con Impulso y ellos con Gran Vía Musical; Impulso compró el local de Las Tres Muñecas y fue un error. Aquí estuvieron, en la inauguración, los hijos de Polanco que tenían las tiendas llamadas Crisol en toda España: Isabel, Manuel e Ignacio. También tuvieron que cerrar. Crecimos demasiado en una época en que la venta de música decaía. Fíjese que yo vendí en España más de 150 referencias de Fania, con la famosa orquesta Fania All Star, en la que estaba la inigualable Celia Cruz, que luego se fue con Ralph Mercado”.

-Algunas veces coincidíamos en Nueva York.

“Allí se forjaba todo. Yo me acuerdo de ir a ver a DizzyGillespie al VillageVanguard. Era extraordinario. Por cierto, que el jazz suena mucho mejor en vinilo que en ningún otro soporte”.

-¿Cuántas licencias de cine, y aparquemos un momento la música, ha llegado a adquirir para reeditar y distribuir?

“Pues entre 5.000 y 6.000 títulos, algunos de ellos con un éxito arrollador, en DVD y Blue Ray”.

-Pues póngame algunos ejemplos de esos éxitos.

“Mire, hemos vendido miles y miles de copias de Arroz amargo, con Vittorio Gassman y Silvana Mangano. Y otro montón de copias de Faraón, de un director polaco, Jerry Kawalerowicz. En los últimos diez años hemos lanzado 100.000 copias de Por un puñado de dólares, con Clint Eastwood. Y otras 20.000 de Julio César, en blanco y negro, según la obra de Shakespeare”.

-¿Quedan grandes productoras propietarias de esos masters?

“No muchas, quedan Buenavista/Walt Disney, Warner, Sony y Universal y Paramount. En España, el dueño del negocio es Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, que tiene derechos sobre unos siete mil títulos. Enrique es un tipo estupendo y una gran persona, que empezó en el mundo del cine con un video club. Y, como comprenderá, muy listo”.

-Debe tener mil anécdotas de su etapa cerca del cine.

“Sí, claro. Recuerdo cuando Charlton Heston se llevó a Juan Luis Galiardo, que era buen amigo mío, a hacer una película a Canadá, le dio la depre a Juan Luis y los dejó colgados a todos con la película a la mitad. El cabreo de Heston, que lo quería promocionar y que era el productor, fue monumental”.

-Usted fue capaz de unir a Martes y Trece, porque Millán y Josema ni siquiera se hablaban.

“Bueno, sí. Fue una producción para el Grupo Prisa. Hicimos una reedición de sus éxitos, en colaboración con TVE, que El País distribuyó. Se dieron un abrazo en el reencuentro, con Santiago Segura de testigo. Se llegaron a vender un millón de copias, creo que se recaudaron más de 500 millones de pesetas y Martes y Trece se embolsó más de 100 millones de esas antiguas pesetas; buenos tiempos aquellos”.

-Volviendo a la música, ¿cuánto duró Manzana como tiendas y como sello discográfico?

“Más de 25 años, desde 1975 hasta 2002”.

-Cuando, ya fallecido Benny Moré, usted logró que cantara con Los Sabandeños, gracias a la tecnología, ¿qué sintió entonces?

“Imagínese. Al dueño de Fania, que era un americano que vivía en Nueva York, y en Cuba, y que tenía la sede social en Urguay, me parece, se le pusieron los pelos de punta cuando escuchó el disco. Se le salían las lágrimas en el hotel Meliá-Cohibas escuchando a Los Sabandeños con Beny Moré, que llevaba años muerto”.

-¿Triunfará otra vez el vinilo, pero a gran escala, no sólo como sentimiento, que eso está hecho?

“Ya está triunfando, como le he dicho. Es que el vinilo es un objeto de arte. Y el arte, si es bueno, no muere jamás”.

-A mí me entra por los ojos.

“Esto significa el 50% de su éxito, que la carátula entre por los ojos”.

-Usted ahora es el director artístico de Impulso Records.

“Se trata de una empresa familiar, especializada en cine y en música. Y en todos los complementos vintage, que naturalmente se fabrican en China, pero con una gran calidad y bajo supervisión norteamericana”.

-Grababan ustedes a Los Sabandeños con Benny Moré, ya muerto, y Nat King Cole, fallecido también,cantaba con su hija, Nathalie Cole. ¿Cómo se consigue eso?

“Tenemos aquí un genio de la ingeniería de sonido que es Carlos Mas, quien, por cierto,ha realizado un reportaje precioso sobre Ernesto Lecuona y sus éxitos (Lecuona murió en el Mencey), nada menos que con los pianistas Chucho Valdez, Michel Camilo, y Gonzalo Rubalcaba. El documental ha sido premiado en Canadá, con guion y dirección de otro tinerfeño, Juanma Villar. Ahora se va a hacer una gran tirada de ese DVD, pero yo le voy a regalar una copia que salió las pasadas Navidades. Setitula PlayingLecuona. Cuando grabamos a Los Sabandeños con Benny Moré y otros, Carlos Mas se fue a Londres, con el productor Tony Parera; y ahí, con los mejores ingenieros de sonido del mundo, entre los cuales está él mismo, y con enormes medios técnicos, logró el milagro. También con otros cantantes como La Lupe. Yo fui, con mi hermano Javier González Segura, quien llevó a Carlos a Manzana”.

-Oiga, Alberto, me he quedado acojonado con lo de Los Bajip.

“Les grabé varios discos. De uno solo de ellos, titulado Hola, hola, coincidiendo con un programa de TVE, llegaron a venderse más de 1.000.000 de casetes, con el sello de Aries. Luego los fichamos para nuestra marca y conseguimos grabar otras 500.000 copias de diferentes temas. Es como para no creerlo”.

-¿Está contento con esta nueva etapa en El Cinematógrafo y Blous Music, esta última la división musical de Impulso Records?

“Muy contento. El hecho de poder comprar los masters, reeditarlos con calidad y venderlos, en las tiendas y en las grandes distribuidoras de Internet, no sólo es entretenido sino que te permite mantenerte. Yo he estado ligado siempre a este mundo y no me arrepiento. Y, además, me entretengo mucho. ¿Usted sabe lo que significa intentar venderle a la COPE entre mis clientes cuarenta mil vinilos de la emisora que estaban entongados en un almacén. Esta es nuestra sección de segunda mano y es otro éxito”.

También organizó Alberto algún concierto de salsa, pero dice que ya no se atrevería. Bromeamos con las broncas que tuvo con Javier Zerolo, uno de los mejores especialistas en salsa del mundo hispano, que hoy regenta la emisora Mega Latina. Dice Alberto: “Broncas de juventud; hoy nos llevamos muy bien”. Y Andrés Gutiérrez nos ha hecho las fotos junto a las de personajes importantes que han visitado el Hotel Mencey. Lecuona murió en este hotel, emblema de Santa Cruz. Pasen por El Cinematógrafo, no se arrepentirán.
Termino con una anécdota: una vez, en Miami, quise comprar todos los discos del cómico cubano Álvarez Guedes. Me dirigí a una nave enorme, repleta de discos, pero repleta. La nave pertenecía a la empresa distribuidora Reyes Records. Conseguí los discos, que conservo como oro en paño, pero a base de comerme el rollo de una vieja cubana, que cuando se enteró de que era canario me preguntó cien veces si en la isla se producían huracanes. Yo creo que pensaba trasladar su enorme nave a Canarias. La de Bofill de N.Y. era una tienda más pequeña, pero allí había de todo. A Bofill no le interesaban, gracias a Dios, las condiciones meteorológicas de las islas. Qué tiempos, Dios.

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