
A la salida del colegio, en torno a las dos de la tarde, las puertas del comedor social Padre Laraña se abren y reciben la llegada de los niños y adolescentes que cada día acuden a estas instalaciones a almorzar y hacer la tarea. En estos momentos, este espacio cuenta con unos 60 menores procedentes de 38 familias, aunque tiene capacidad para albergar hasta 80 niños. El comedor, que inició su andadura en 1982 -por lo que cumple este año su 35 aniversario-, se puso en marcha para ayudar a las familias más necesitadas, principalmente del santacrucero barrio de Ofra. Aunque la mayor parte de los usuarios pertenecen a esta zona, lo cierto es que también acuden niños de familias residentes en otras localidades, que, por sus circunstancias, requieren de este apoyo.
El comedor Padre Laraña es el único de Tenerife dedicado a menores cuyas familias atraviesan dificultades económicas. Aunque existen otros recursos más o menos similares, este es el único dispositivo centrado en los más pequeños. De hecho, la edad de los beneficiarios en estos momentos oscila entre los 3 y los 16 años.
Con el paso del tiempo, esta asociación no solo permite ofrecer a los menores un espacio donde poder almorzar y merendar, garantizando así al menos estas dos comidas al día, sino que también se hace especial hincapié en el seguimiento y refuerzo educativo y el trabajo con las propias familias, para también ayudarlos en la medida de lo posible, explica a DIARIO DE AVISOS la directora del centro, Sol Martínez. La responsable de la instalación afirma que, de forma paulatina, se ha apreciado un cambio en el perfil del usuario, ya que, mientras en los primeros momentos de servicio la mayoría de beneficiarios procedía de núcleos familiares trabajadores, con bastantes hijos, que no tenían recursos para hacer frente a su alimentación, hoy en día la principal preocupación no es que los pequeños coman, sino que, precisamente, tengan una correcta nutrición. “Nosotros sabemos que los niños están alimentados, pero aquí incidimos mucho en que la comida sea equilibrada y variada, que sea saludable y que los niños aprendan a comer de todo”, puntualiza.
Durante los primeros años y hasta los tiempos de crisis la cifra de menores que acudían a diario a esta sede alcanzaba el límite de plazas establecidas, aunque con la incorporación de las ayudas para los comedores de los colegios muchas familias prefieren que los pequeños coman en el centro, por lo que se ha reducido la cifra de menores que asiste hoy en día a Padre Laraña. No obstante, Martínez indica que también se da la circunstancia de algunos niños que comen en su colegio y que luego acuden al centro a hacer su tarea y recibir las clases de refuerzo, y otros que solo van al comedor.
“Una vez entran al centro, a las 14.00 horas, lo primero que hacen es lavarse las manos y sentarse a la mesa a comer; cuando acaban, cada niño va a su aula -están divididos por edades y cursos- y se inician las clases de refuerzo”, detalla la directora. Además, recalca que las profesoras están en contacto con los colegios de los chicos para comprobar su evolución. “Si ellos no traen tarea del colegio, nosotros le ponemos, porque sabemos en qué falla cada niño”, añade.
El esfuerzo se recompensa. Este es uno de los lemas del comedor Padre Laraña, ya que, en función de cómo se porten los alumnos, van recibiendo puntos que, al final, pueden granjearles una recompensa. Una excursión, una merienda fuera o un regalo pueden ser algunos de los premios para los que mejor se han comportado. Junto a la alimentación y el refuerzo educativo, también se trabajan otros aspectos, en el caso de los adolescentes, como la educación sexual, la cooperación y la no violencia. A todo ello se suman las aciones que se llevan a cabo con las propias familias, a través de lo que se conoce como la escuela de padres. Estos deben acudir para participar en los talleres que se celebran, y pueden también hacer uso de otros recursos, como el psicólogo. El objetivo es poder trabajar aspectos que ayuden a esas familias a salir adelante.
El perfil de la familia que usa este recurso ha cambiado mucho con el paso del tiempo. Así, los beneficiarios han dejado de ser matrimonios con varios hijos y bastantes dificultades económicas, ya que ahora la mayoría de los niños procede de familias monomarentales con pocos ingresos.
Con la llegada de la crisis este colectivo apreció la solidaridad, no solo de administraciones públicas y empresas, sino también de particulares, pero hora, con la mejora económica, aunque muchos apoyos se mantienen, sí que se ha notado un descenso en la colaboración, tan vital para este tipo de centros. No obstante, la directora destaca la colaboración del Ayuntamiento de Santa Cruz y la Consejería de Políticas Sociales, y de entidades como DISA, La Caixa, Mapfre, el Colegio Echeyde II o la Fundación CajaCanarias, que hacen posible que este espacio pueda atender a muchos pequeños.
UN SACERDOTE DE BARRIO QUE CONTÓ CON LA AYUDA DE MUCHAS FAMILIAS
El comedor social comenzó su andadura a principios de los años 80, gracias a la labor del sacerdote del barrio, el padre Laraña, quien da hoy nombre a esta entidad. El párroco de la iglesia de San Antonio contó con la ayuda de varias familias del centro de Santa Cruz, que tenían el interés de poder colaborar con los más necesitados. Entonces, a raíz de este impulso, sobre todo, de varios matrimonios, se puso en marcha el comedor para los más pequeños de Ofra, hijos de las familias con más necesidades. Durante los primeros años, el servicio se daba en otra sede, pero posteriormente y, gracias a la solidaridad de muchas personas, la asociación se pudo trasladar al local actual y, poco a poco, ha ido ampliando su espacio para ofrecer un apoyo más amplio. La mayoría de esas personas que impulsaron este proyecto siguieron colaborando con el paso de los años, organizando algunos actos, como la verbena, e incluso hoy en día sus descendientes siguen muy implicados.









