
Entre septiembre de 1936 y enero de 1937 La Laguna vivió uno de los momentos más oscuros de su historia reciente. En plena Guerra Civil, milicias franquistas y autoridades militares asesinaron e hicieron deparecer con nocturnidad y alevosía a 11 de sus habitantes, que militaban en partidos y sindicatos de izquierdas. Once vecinos cuyos restos se creían situar en el cementerio de San Juan, según la tradición oral y los testimonios familiares, por lo que se les conocía como los once de San Juan. Sin embargo, la investigación y excavación arqueológica que tuvo lugar en la zona entre febrero y marzo de 2011 no pudo localizar los restos de estos 11 vecinos de La Laguna.
Así se recoge en el libro En Rebeldía que celebró el pasado octubre el quinto aniversario de su publicación, motivo por el que tres de sus autores ofrecieron una conferencia el pasado día 19, en el marco del ciclo Diálogos con la Historia, sobre el proceso represivo franquista en La Laguna, el perfil de estos once desaparecidos, la investigación histórica desarrollada a partir de fuentes documentales y orales y el trabajo de campo en el cementerio de San Juan.
Estas once personas rondaban los 30 y 40 años, alguno incluso menos, y sus nombres eran: Cecilio de Armas Fernández, Domingo Cruz Cabrera, Manuel Luis Figueredo Rojas, Domingo García Hernández, Saturnino González Rodríguez, Vicente Hormiga Mederos, Juan José Martín Escobar, Alfonso Martín Power, Alfredo Mederos Galán, Guetón Rodríguez de la Sierra Melo y Jacinto Silvera Peña.
Vinculaciones
“Las once personas desaparecidas tienen en común, aparte de su relación con La Laguna, que poseen una vinculación política definida y activa en torno a agrupaciones de izquierda, sobre todo socialistas, comunistas y anarquistas, algo que venía marcado sobre todo por la Federación Obrera Lagunera, que era el sindicato mayoritario en torno al que se vincula todo el movimiento obrero, y ahí van a coincidir todas estas opciones políticas”, explica Aarón León, doctor en historia por la ULL y uno de los autores del libro y de los participantes en la conferencia.
Pero estas once personas no solo tuvieron coincidencias políticas e ideológicas, sino también en el día a día de su vida cotidiana. “Muchos coincidieron a nivel laboral, dos o tres de ellos eran panaderos, dos tabaqueros; y también a nivel cultural, porque tres de ellos participaron en la primera película rodada en Tenerife, El ladrón de los guantes blancos, varios también tuvieron relación con la música, la literatura…”, añade Luana Studer, licenciado en historia por la ULL y otro de los autores del libro y de los participantes en la pasada conferencia. “Pero también eran un grupo de amigos -destaca-, porque había amistad entre unos y otros”. Asimismo, “una de las cuestiones que nos llamó la atención en el análisis documental fue que muchos represaliados que investigamos pertenecían a una clase social alta, porque normalmente siempre asociamos a obreros con clases económicamente bajas, pero muchos de los desaparecidos que estábamos buscando en San Juan pertenecían a una clase social holgada, de la pequeña-mediana burguesía”, apunta Studer.
Unas vinculaciones que se desarrollaron en el contexto de la II República, en que “el municipio estaba dominado, sobre todo, por una oligarquía más agraria, en parte heredera de familias nobles, y por la presencia del poder eclesiástico, lo que hacía que el conflicto social fuera evidente entre dos mundos que en aquel momento se estaban enfrentando y cuestionando”, explica León. En este sentido, Aarón León considera que “no podemos llegar a decir que la represión fuera más fuerte en La Laguna que en otros municipios de la Isla”, pero al ser una ciudad grande, como Santa Cruz o La Orotava, la represión franquista estuvo marcada también “por lo que ocurrió durante la II República, por la conflictividad social que había habido en estos núcleos, sobre todo a partir de las huelgas de principios de 1933 y que van a motivar la intervención de las fuerzas”. “Hay una conflictividad social que va a ser cada vez más importante entre los grupos conservadores y católicos y aquellos que están muy vinculados a la Federación Obrera -continúa el historiador-, y eso va a ir acelerando el proceso de radicalización de la derecha, que va a ir asumiendo que es necesario poner fin a la experiencia republicana y devolver el orden a las calles. Eso explica en buena parte lo que ocurre con la represión y por qué fue tan intensa en La Laguna”.

En base a las investigaciones llevadas a cabo, se calcula que estas once personas desaparecieron entre septiembre de 1936 y principios del año 1937. Según se recoge en el libro, “parece suficientemente improbable que los once terminaran en la misma saca y que, en consecuencia, desaparecieran juntos”.
“Hay muchas hipótesis en torno a este tema, una de ellas, por ejemplo, apuntaba a que 5-7 presos fueron sacados una noche de la cárcel de Fyffes y de ahí a la de la calle Consistorio, donde actualmente está la Policía Local, y de ahí a otro sitio, no se sabe si a Los Rodeos o los garajes de la Falange en la trasera del Instituto Cabrera Pinto, y fusilados”, indica Aarón León.
De ser así, es probable que fueran enterrados en la zona de Los Rodeos, donde se encontró una fosa a comienzo de los años 60 del pasado siglo, o en el cementerio de San Juan, a donde, además, se trasladaron los restos hallados en esta fosa, según relata la tradición oral, aunque sin precisar el punto concreto.
“Otra opción -añade el historiador- es la que es más característica de buena parte de las desapariciones de Tenerife, que es que, estando en Fyffes, o en alguno de los puntos de detención de Santa Cruz, fueran arrojados al mar en San Andrés. Esta es un poco la hipótesis central y mayoritaria”.
Según se recoge en el libro, la zona de Los Rodeos fue un lugar donde se realizaron trabajos forzosos, llegando a formar los presos una concentración chabolista por ese lugar, donde se desapareció a mucha gente. “Hay que pensar que esta zona, en la época investigada, era un área de cultivo triguero apartada del casco urbano de La Laguna, siendo un lugar propicio para fusilar sin la presencia de testigos”, documenta el libro.
Cuarteles
Fyffes era como se conocía a la prisión militar Costa Sur, que había creada en los almacenes de empaquetado de plátanos que la compañía frutera Fyffes tenía en la avenida de Los Asuncionistas y que había cedido para ser usados como prisión, convirtiéndose en el mayor centro de reclusión de Tenerife y llegando a albergar a unas 4.000 personas a lo largo de su existencia. En La Laguna, el cuartel de artillería y el depósito municipal se convirtieron en destino de muchos de los presos de la ciudad y de los alrededores.
“No hay rastro documental de estas personas, lo más que se encuentra es que incluso se producen llamamientos, cuando se supone que ya han fallecido, para que se presenten a declarar o a juicio, y siempre lo que se añade es en ignorado paradero o, y de ahí viene el nombre del libro, en rebeldía”, añade León.
El libro se centra en estas once personas porque “entre las familias se decía que estaban, con nombre y apellidos, en el cementerio de San Juan”, indica Studer, quien reconoce que, sin embargo, “el número de represaliados y desaparecidos en La Laguna es mayor”.
“Durante todo el proyecto siempre hemos pensado en las familias de los represaliados -destaca el historiador- y sentimos mucho que los resultados del proyecto no fueran los deseados. La charla que dimos es para que sepan que seguimos estando con ellos. Es un problema que no se ha resuelto en las familias”.

Tres sondeos en el campo santo que no arrojaron resultados
Fue en el año 2011 cuando se realizaron los trabajos arqueológicos en el cementerio de San Juan, donde la tradición oral situaba los restos de los once desaparecidos de La Laguna. Se realizaron tres sondeos en los que “el material encontrado no pertenecía a individuos que pudiéramos asociar temporalmente a desaparecidos durante el franquismo, tampoco presentan indicios de haber sido asesinados, arrojados a sus fosas o torturados”, según recoge el libro. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se pudo observar una constante remoción de las tierras desde su fundación, por lo que no es descartable que algunos de los once fueran enterrados aquí y sus restos fueran reubicados o destruidos en alguna obra posterior. A esto hay que sumar que se cree que una parte de estos 11 fueron arrojados al mar.




