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La sinuosa relación de Fernando Delgado con la voz

El autor de ‘Tachero’ y Premio Planeta inauguró la Universidad de Invierno de Arona (UIA)
Acto inaugural de la segunda edición de la Universidad de Invierno de Arona en la que intervino Fernando Delgado. DA
Acto inaugural de la segunda edición de la Universidad de Invierno de Arona en la que intervino Fernando Delgado. DA
Acto inaugural de la segunda edición de la Universidad de Invierno de Arona en la que intervino Fernando Delgado. DA

Qué buen rato nos hizo pasar, hace unos días, en el Casino de Arona, el concejal de Cultura del municipio, Leopoldo Pol Díaz Oda, que tuvo la genial idea de invitar al escritor y periodista, Fernando Delgado, para inaugurar la Universidad de Invierno de Arona 2018 con una intervención en la que reveló algunas intimidades sobre los recelos que siempre ha despertado en él mismo su privilegiada voz y refrescó su memoria de la transición para terminar confesando su escepticismo con el mundo que nos toca vivir ahora.

Fernando Delgado, representante de la denominada generación de los 70, una fecunda hornada de escritores canarios de la que forman parte, entre otros, también, Juan Cruz, Juan Manuel García Ramos y Alberto Omar (asistente al acto), a los que nombró, ha sobresalido, curiosamente, y a pesar de su comedido entusiasmo por su voz, a lo largo de sus setenta años de vida (aunque no los aparente), por su dilatada vinculación a la radio, medio en el que se ha consagrado el autor de Tachero y Premio Planeta.

Sin embargo, este Sinatra insular de las letras, sorprendió a muchos el otro día en Arona, cuando admitió que, de joven, no le “halagaba” que le dijeran que tenía una magnífica voz. “Si tengo que ser sincero”, dijo, “yo no quería oír hablar de las virtudes de mi voz porque lo que quería era ser escritor, lo que me gustaba era el papel, y los que tenían buena voz eran los del Nodo del franquismo y se me metió aquella matraquilla”.

Lo radio, entonces, tampoco era una referencia líder entre los medios de comunicación nacionales. Fernando recordó, para abonar sus reticencias sobre el valor que se le concede comúnmente a la voz, que, con motivo de un viaje a Roma, para visitar a Rafael Alberti en el exilio, le fastidió que el poeta gaditano, en pleno calor de la conversación cómplice, sobre la resistencia al franquismo en los medios de comunicación, le resaltara orgulloso el triunfo clandestino del sindicato CC.OO. en las elecciones del comité de empresa del diario franquista Arriba, y, sin embargo, pasaba por alto la labor de renovación, con tintes progresistas, que abanderaba un amplio colectivo de profesionales en RNE, medio radiofónico al que estaba tan ligado Delgado, que luego terminó dirigiendo y orientando hacia una radio con excelencia cultural. Alberti acababa de alimentar sus diferencias con la voz.

Fernando no pudo evitar la otra noche la tentación de retroceder, en la apertura universitaria de Arona, al tiempo de la transición, que fue el “tiempo del respeto como norma”, matizó; un tiempo, que “pudo no ser perfecto”, pero que cuidó el estilo del lenguaje y alentó el talento de una clase política ecuánime. “Lo lamentable ha sido que, desde el 76 a esta parte, el deterioro paulatino del debate político ha sido tal que hemos llegado, en muchas ocasiones, a ese ridículo que tanto irritaba a nuestro admirado Juan Marichal en sus últimos días”, reflexionaba en voz alta Fernando Delgado en el coqueto salón de actos del Casino de Arona, en presencia del Rector de la Universidad de La Laguna, Antonio Martinón,

Eran otros tiempos, que Fernando califica como “mejores”. Y no podía evitar recordar nombres de personajes claves en la transición democrática, en la que la radio, o sea la voz, sí tuvo, esta vez, al menos, una noche de gloria, con el espantajo del 23F, como el militar reformista Manuel Gutiérrez Mellado, Adolfo Suárez (“que venía de la Falange para protagonizar el cambio”), el cardenal Vicente Enrique y Tarancón (“la voz de la concordia”) o Santiago Carrillo, el comunista que hizo menos de derechas, menos nacionalistas o menos socialistas una noche en Madrid, en un acto en su honor organizado por el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a líderes de diferentes partidos que aparcaron sus discrepancias ideológicas para profesar la admiración unánime hacia el valioso papel jugado por el secretario general del PCE en los momentos más delicados del tránsito a la democracia en España.

Delgado, que seguro hará buen uso de su voz, ahora, para ejercer la faceta política en las Cortes Valencianas, quiso dejar patente su convicción de que “la eficacia política no es sólo trabajar sino también soñar”. “La buena gestión necesita de la utopía y la nueva situación en este país requiere coraje y menos mediocridad”, indicó. En su opinión, “hay crisis de talento en los Parlamentos y estamos pagando que ahora los mejores no se dedican a la política”, afirmó el autor de La Mirada del Otro, que se despidió con tres pensamientos cortos encadenados: “La esperanza no es imposible, el pesimismo es inevitable, los tontos dan mucho trabajo”.

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