Por Jorge Hodgson Golding*
Si algo parece espantar a las nuevas generaciones de clientes del negocio financiero es un banco tradicional. La nueva generación que empieza a convertirse en usuaria de la banca está más acostumbrada a consumir servicios que a comprar productos. La transformación digital, el término de moda en el mundo de la tecnología y los negocios, es la clave para comprender la ruta que el sector financiero ha emprendido, ahora con las llamadas Fintech. Las Fintech, son la avanzadilla de la nueva industria financiera, por lo general bajo del paraguas de una moderna startup, que aplica la tecnología para mejorar la operativa bancaria, incorporando procesos y productos a disposición de los clientes vía Internet. Ya no sólo se puede acudir a los bancos para conseguir financiación, sino también a las Fintech, que están protagonizando una feroz competencia y quieren entrar en las empresas en la que los bancos no tienen apetito de riesgo adicional. En este último año, esta nueva modalidad financiera ha batido récords en la concesión de préstamos online, conocidos como crowdlending, una novedosa opción que permite a empresas y particulares acceder a determinadas plataformas para solicitar una cantidad no muy elevada de dinero que proviene de las aportaciones de pequeños inversores. Por si la oferta resultaba insuficiente, también ha surgido otra alternativa Fintech denominada Equity Crowdfunding. Esta modalidad financiera inversa permite a pequeños ahorradores invertir en empresas con sus propios fondos. La diferencia entre ambas, es que esta última no proporciona préstamos, sino que la empresa actora recibe financiación a cambio de dar entrada a nuevos socios. La industria financiera se encuentra ante un proceso exponencial de aceleración, que está transformando al sector bancario tradicional. Las nuevas generaciones realizan todas sus transacciones por Internet y casi no acuden a las oficinas bancarias.
Es un cambio del modelo de negocio, en el que los gestores de las oficinas de entidades financieras desempeñan en la actualidad un rol cada día más comercial en detrimento de la mecánica bancaria de las últimas décadas. La operativa Fintech se diferencia esencialmente de la gestión conocida de los bancos, en que los importes de los distintos productos de crédito se sitúan en un máximo de doscientos y trescientos mil euros, con un plazo reducido de amortización (entorno a los tres años de duración), donde el volumen de negocio de las empresas solicitantes es fundamental para aprobar la operación. Los requisitos para la concesión de esta financiación no son muy diferentes a los de la banca tradicional. La principal ventaja es que la repuesta de la concesión suele ser más rápida, el abono inmediato y la cuenta de cargo puede ser en cualquier entidad del pool bancario con el que opere la empresa solicitante. La incorporación de este nuevo modelo está permitiendo una mayor eficiencia de la industria financiera, además de generar una mayor competitividad en el mercado que se deriva en una atractiva reducción de costes para el cliente. La industria Fintech es imparable y está generando importantes quebraderos de cabeza a los bancos por la necesidad de una adaptación acelerada a las exigencias de los mercados, la tecnología de las finanzas, la inmediatez y la sociedad global conectada. Al respecto, una pregunta inquietante: ¿será capaz la banca española de adaptarse a las exigencias de esta nueva industria financiera?
*SOCIO DIRECTOR DE JH ASESORES
FINANCIEROS & BANCARIOS
