
La huella de las últimas lluvias perdura en el Sur. Los primeros días de la primavera reflejan un paisaje poco habitual tras el paso de de las borrascas que pusieron fin a una de las peores sequías de los últimos años.
Una vez más, la lluvia ha vuelto a poner de relieve lo agradecida que es la tierra de esta zona de la Isla, que en la antesala de la Semana Santa ha mudado su piel árida habitual por un manto verde uniforme, desde la cumbre hasta la costa, en el que sobresalen las renacidas tabaibas.






