Güímar

Un embalse para un millón de pipas para las canteras de áridos de Güímar

Un ingeniero valenciano propone hacer en uno de los hoyos una gran balsa como solución al problema de los regantes

La cantera de los Morales, hoy propiedad de Luis Palacios / NORCHI

Una enorme balsa de un millón de pipas, una hidroeléctrica que utilice tres grandes hoyos, un proyecto turístico que vaya de la costa hasta la cumbre… Son algunas de las ideas para regenerar el degradado suelo dejado por las canteras de áridos de Güímar.

Sin embargo, la rehabilitación de los barrancos de Güímar, tras 13 años clausuradas las canteras de áridos y dos años después de la sentencia que condenó a cuatro areneros a restaurar el daño ecológico causado, sigue siendo una asignatura pendiente de todas las partes, sobre todo de las administraciones públicas competentes, que no terminan de aclararse sobre la solución real que se le debe dar a ese entorno de más de cuatro millones de metros cuadrados.

Un terreno que sigue teniendo la categoría de suelo minero y que, por lo tanto, como reconoce el ingeniero Diego Vega, cualquier empresario que hoy quiera abrir una cantera debe obtener la licencia para ello. De lo contrario, el Ayuntamiento de Güímar estaría prevaricando.

El Parlamento echó abajo una PNL del Cabildo de Tenerife que pretendía descatalogar ese suelo y darle categoría de agrícola, por el temor de tener que indemnizar a los propietarios de las canteras clausuradas. Después de eso, poco o nada más se ha hecho desde las instituciones, pendientes de aceptar los planes de rehabilitación de los condenados o de que finalmente paguen una fianza de 200 millones de euros, de la que, por cierto, nada se habla en la sentencia de enero de 2016.

Mientras tanto, la alcaldesa de Güímar, Carmen Luisa Castro, insiste en la necesidad de cambiar el PIOT de 2002 para realizar en ese suelo proyectos turísticos, entre los que cabría igualmente balsas para agricultura o una hidroeléctrica que ya se recoge en el Plan Hidrológico de Tenerife, y cuyo promotor es el abogado Luis Palacios Espinel, hoy propietario de la cantera Badén II, en lo alto del barranco de Badajoz, en el camino Los Zarzales, que, según indicó, compró libre de cargas a José Enrique Morales, uno de los condenados por el caso Áridos. Un proyecto que no solo sería energético, sino que además proporcionaría agua para el riego, utilizando la cantera en cuestión como cabecera de salto y, en la parte baja, la cantera de los herederos de Fulgencio Díaz, pegada a la autopista, donde teóricamente iba a ir el Mimiland Park. Una planta que, según Palacios, podría abastecer además a todo el Polígono Industrial.

A juicio del abogado, “este proyecto está previsto por el PHIT (Plan Hidrológico Isla de Tenerife) y el plan general derivado de este, que contempla el uso de aguas de orígenes distintos y en aljibe. Así se produciría agua para uso agrícola, industrial, comercial y turístico, según demanda, y ademas generaría electricidad y se rehabilitaría el vertedero de Las Rosas de Plasencia y el Ayuntamiento, declarado ilegal, con condena de cinco millones de euros, que se ahorrarían”, señala Luis Palacios.

Los regantes

La semana pasada, la Comunidad de Regantes de San Pedro -la primera en la Isla, donde lo habitual son las comunidades de bienes- se reunió en el Cabildo para poder entrar en el PHIT antes de que concluya el plazo esta semana, aunque queda abierta la ventana para poder acoplarse después. Willy Acosta, su presidente, dio a conocer que el Consejo Insular de Aguas tiene un estudio de un ingeniero valenciano que recoge que la solución para el riego en el Valle de Güímar pasa por un embalse con capacidad para un millón de pipas (483 millones de metros cúbicos). Una gran balsa que todavía el Cabildo no sabe dónde ubicar, mientras que los regantes güimareros, según comenta Acosta, apuestan por embalses para escorrentías: “Algo rápido para ir tirando”, comenta.

Al presidente de la Comunidad de Regantes San Pedro, creada en 2015, le gustaría que los embalses fueran 100% públicos, como ocurre en La Palma, y luego se otorgara una concesión a los regantes, aunque aquí la dificultad reside en que la gestión la lleva Balten, empresa del Cabildo.

La creación de esta comunidad de regantes en Güímar, según Willy Acosta, “llega después de décadas de absentismo en lo público y privado en cuanto a la captación, almacenamiento y distribución de las aguas en el municipio, con una red de atarjeas que supera los 80 años de antigüedad y que produce muchas pérdidas”.