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Galdós, Cabrera y Betancourt, ilustres aniversarios

A lo largo de 2018 coinciden el 175 aniversario del nacimiento del escritor grancanario, los 140 años de la llegada al mundo en Lanzarote del padre de la física moderna y los 260 de la del ingeniero portuense que conquistó la Rusia zarista
Benito Pérez Galdós es el escritor canario más universal. DA
Benito Pérez Galdós es el escritor canario más universal. DA

La historia de Canarias está trufada de grandes personalidades de las letras, la ciencia y la técnica. Canarios que lograron despuntar en los más variados campos del saber o de las artes, más allá de los límites del Archipiélago. Nombres que con su talento han contribuido no solo a dar relevancia a su tierra natal, sino que además han encarnado de alguna forma ese carácter universal de unas islas que están en el eje de tres continentes.

Más o menos conocidos y reconocidos, tanto dentro como fuera de las Islas, este año coinciden tres conmemoraciones de ilustres canarios, como el 175 aniversario del nacimiento del escritor grancanario Benito Pérez Galdós, a quien el Casino de Santa Cruz de Tenerife le dedica una exposición con los fondos bibliográficos de esta institución, que comprende primeras ediciones de algunas de sus obras.

En esta anualidad también se conmemoran los 260 años del nacimiento de Agustín de Betancourt y Molina. Recientemente, su ciudad natal, el Puerto de la Cruz, lo distinguió como Hijo Predilecto del municipio. En su memoria, además, la Biblioteca de la Universidad de La Laguna celebró la exposición bibliográfica y documental Máquinas mil: Agustín de Betancourt, ingeniero, científico, artista, con motivo del Día del Libro. Mientras que también se conmemora el 140 aniversario del nacimiento del científico lanzaroteño Blas Cabrera, que Unid@s ha reivindicado en el Ayuntamiento de su ciudad natal, Arrecife, para recuperar su figura.

El escritor canario más universal nació el 10 de mayo de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, en el inmueble donde hoy se encuentra la Casa Museo de Benito Pérez Galdós. Un espacio que este año, dentro de los actos que se están celebrando en el bienio 2018-2020, en que se conmemora el 175 aniversario de su nacimiento y el primer centenario de su muerte, ha sumado a su patrimonio galdosiano los cuatro manuscritos de los Episodios Nacionales que aún no estaban en posesión de las instituciones públicas. Un faccioso más y algunos frailes menos (1879), Zumalacárregui (1898), Mendizábal (1898) y Los ayacuchos (1900) son las obras manuscritas adquiridas por el Cabildo de Gran Canaria por un precio de 60.000 euros a principios de año.

La Casa Museo concentra en la actualidad el 60% de su obra original y el 40% restante está en la Biblioteca Nacional. Yolanda Arencibia, titular de la cátedra de Galdós de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, manifestó con motivo de esta adquisición que solo quedan tres originales en manos privadas: La Familia de León Roch, Misericordia y La de Bringas.

La investigadora considera a Galdós el autor “más actual del siglo XIX español”, mientras que el novelista Rafael Chirbes, tocado también por el estilo realista, se refirió al escritor grancanario como el “narrador total”. Galdós fue propuesto como candidato al Premio Nobel hasta en tres ocasiones, pero los poderes conservadores del momento hicieron todo lo posible y lo imposible para impedir que recibiera este reconocimiento. Su anticlericalismo y republicanismo militante, que lo enfrentó a la derecha más rancia del país y a los poderes eclesiales del momento, le cerraron las puertas del Nobel.

Betancourt, distinguido este año como Hijo Predilecto del Puerto de la Cruz. DA
Betancourt, distinguido este año como Hijo Predilecto del Puerto de la Cruz. DA

Tal fue el boicot a su candidatura, que cuando se produjo por tercera vez, en 1915, se desplazó a Suecia una comisión de escritores y políticos españoles para trasladar a la Academia que el autor de Fortunata y Jacinta no merecía el premio. Ese rechazo de los poderes eclesiásticos hacia la figura de Galdós se mantuvo incluso después de su muerte. Prueba de ello es que cuando abre la Casa Museo dedicada a su memoria, en mayo de 1964, se encuentra con la oposición visceral del entonces obispo Antonio Pildain.

Físico

Menos conocido que Benito Pérez Galdós, pero tan trascendente en el campo de la ciencia como lo fue el escritor grancanario en el terreno de las letras, se encuentra la figura del físico lanzaroteño Blas Cabrera y Felipe. Considerado como el padre de la Física moderna en España, vino al mundo en Arrecife el 20 de mayo de 1878. Fue amigo de Albert Einstein y su vida estuvo además marcada por otro gigante de la ciencia, Santiago Ramón y Cajal, que lo convenció para dejar los estudios de Derecho, que cursaba en Madrid, para dedicarse de lleno a la carrera científica.

Cabrera se especializó así en el estudio de las propiedades magnéticas de la materia. Catedrático de la Universidad de Madrid, en 1910 ingresó en la Academia de Ciencias. Impulsó la creación del Instituto Nacional de Física y Química, del que fue nombrado director. Formó parte del consejo científico del Instituto Internacional de Física Solvay, cuyos congresos reúnen a los científicos más prestigiosos del mundo, a propuesta de Marie Curie y Albert Einstein.

El científico canario hizo de anfitrión del autor de la teoría de la relatividad general durante su visita a Madrid en 1923. Cabrera fue uno de los investigadores que introdujo en España la teoría de Einstein, a quien conoció en 1912, en Zúrich, durante su estancia en el laboratorio de Pierre Weiss. El estallido de la Guerra Civil obligó a salir de España al científico canario. Primero se refugió en París y, luego en México Distrito Federal, donde murió como exiliado, en el año 1945.

Ingeniero

Conocida es la anécdota del expresidente ruso Mijail Gorbachov, que a su llegada a España tras la Perestroika rememora la figura del tinerfeño Agustín de Betancourt y Molina (Puerto de la Cruz, 1758-San Petersburgo 1824) con estas palabras: “Llego a un país del que tengo inmejorables referencias, vengo a una España en la que nació el más ilustre colaborador que jamás ha tenido Rusia”. A buen seguro que la inmensa mayoría de los españoles que lo acompañaban desconocían que hablaba de un científico canario.

El ingenio del científico tinerfeño, que salió de la Isla con 20 años y no volvió a regresar a ella, dejó una huella profunda en España y Francia. Su investigación sobre aerostática, por ejemplo, le permitió realizar el primer lanzamiento en el país de un globo ante el rey Carlos IV . Proyectó además fundar la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales y el Real Gabinete de Máquinas.

Su fama en el campo de la tecnología llega hasta el zar Alejandro I y le propone trabajar en Rusia. En septiembre de 1808 acepta y se traslada a San Petesburgo, ciudad en la que lideró una auténtica metamorfosis, mediante la realización de grandes obras, entre las que se encontraba la catedral de San Isaac. “La dimensión de su figura en Rusia se entiende si se piensa que sus restos mortales descansan en el cementerio Lazarevskoye de San Petersburgo, verdadero Panteón Nacional de aquel país, junto al sabio Lomonósov, el matemático Euler, los compositores Rimsky Korsakov y Mussorgski, y otras figuras cuyo trabajo y fama trascendieron a la posteridad”, escribe Juan Cullen Salazar, en el prólogo del tomo dedicado a la figura del ingeniero portuense en la colección de Biografías de Científicos Canarios.

El autor de esta obra, Amílcar Martín Medina, lamenta que “España no supo retenerlo, como ha sucedido con otros hijos ilustres, porque en este país los hombres de ciencia no han gozado, ni gozan hoy en día, de la consideración debida a su prestigio”.

Blas Cabrera, a la derecha, en la recepción de Alfonso XIII a Einstein. DA
Blas Cabrera, a la derecha, en la recepción de Alfonso XIII a Einstein. DA
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