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Más motivos que manifestantes

Mientras se consolida la figura del trabajador mísero y se generaliza la precariedad en Canarias, la gente vuelve a dar la espalda a una protesta protagonizada abrumadoramente por los sindicalistas
Manifestación por el Primero de Mayo en Canarias. Fran Pallero

Basta comparar la marcha de ayer por las calles de Santa Cruz de Tenerife con la acaecida el pasado 8 de marzo a cuenta del feminismo para comprender hasta qué punto la ciudadanía ha dado la espalda a la tradicional protesta del Primero de Mayo. En la santacrucera plaza de Weyler, donde en el 8M no cabía un alfiler (literalmente), ayer los líderes sindicales y políticos allí congregados daban cómodas ruedas de prensa durante los instantes previos a una manifestación marcada por la abrumadora presencia de sindicalistas y en la que se echaba de menos un mayor componente juvenil, ese que tanto se hizo notar hace menos de dos meses el día en que la capital tinerfeña fue tomada por una muchedumbre ataviada con el color violeta.

Todo ello a pesar de la presencia de una figura de la política nacional, como el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, y de la unidad de hasta seis centrales sindicales al frente de la marcha. Eso sí, sirve como disculpa que aquella manifestación del 8 de marzo fue por la tarde de una jornada laboral, mientras que ayer era un martes de puente de mayo en el que el sol brillaba con ese esplendor tan canario.

Los motivos

Todos. Desde la crisis es clamorosa a la fractura social que sufre España, donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos, ofensivamente más ricos. No por serlo, sino por el provecho obtenido del sufrimiento de una gran mayoría.

Ahora contamos con una nueva subclase social, la del trabajador mísero, ese al que no le da para cubrir sus necesidades básicas a pesar de tener empleo.

Tal fractura social es particularmente honda en Canarias, donde el cada vez más agujereado paraguas familiar y la creciente economía sumergida siguen evitando un conflicto como el que pronostican las trágicas estadísticas sobre pobreza en las Islas. La precariedad (por no llamarlo explotación), cuyo icono actual son las sufrientes kellys, campa por sus anchas, y nuestra juventud carece de horizontes laborales dignos, por mucho que fueran los grandes ausentes de ayer. Hasta Ábalos, gerifalte de un PSOE cada vez más ajeno a la izquierda radical que tanto dice temer Cristina Cifuentes, reconocía ayer que hay motivos sobrados para una huelga general que, seguramente, será un éxito. Al tiempo.

Los asistentes

Aunque había más gente que en citas anteriores, lo cierto es que a los sindicatos tradicionales les pasa como a los partidos políticos: solo se les quiere por el interés.

Ayer circularon un par de miles de personas, quizás algo más, desde la plaza de Weyler hasta la de la Candelaria, donde les esperaba un concierto de Ni un pelo de tonto iniciado con los sones (enlatados) de La Internacional.

Se echó de menos a la juventud, queda dicho, pero no por ello se resintió el tono reivindicativo de la protesta, con lemas como “tiempo de ganar”, “los salarios son la deuda pendiente”, “no a los recortes” o el irónico “el fondo de pensiones, para los borbones”. Hubo cánticos ofensivos para Mariano Rajoy y guiños imprescindibles a la actualidad con el grito/denuncia de “no es abuso, es violación”.

Entre los concentrados andaban los imprescindibles de la lucha obrera tinerfeña y, curiosamente, la plana mayor del PSOE canario, que rodeaba a Ábalos. Pero para cuando Ni un pelo de tonto acabó Libre, de Nino Bravo, y se arrancó con un clásico de Camilo Sesto, ya no quedaban en la plaza de la Candelaria ni políticos ni líderes sindicales de tronío. Pues eso, que Vivir así es morir de amor.

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