día mundial del cáncer de mama

“Está demostrado que más del 50% de las mujeres pierde su empleo durante el tratamiento”

La Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Ámate) nació en el año 2006 cuando un grupo de mujeres afectadas por esta enfermedad que se conocieron mientras estaban en radio o quimioterapia
Carmen lleva 12 años como presidenta de Ámate, una institución fundamental para quienes buscan ayuda y apoyo ante la enfermedad. Fran Pallero

La Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Ámate) nació en el año 2006 cuando un grupo de mujeres afectadas por esta enfermedad que se conocieron mientras estaban en radio o quimioterapia, comprobaron que no existía la ayuda que ellas necesitaban y decidieron crearla. Durante estos doce años no han parado de crecer, de luchar y ayudar a todas las personas que lo necesitan, sean mujeres u hombres, dado que estos últimos no están exentos de padecer la enfermedad. Actualmente tiene unos 1.200 socios y socias, diez sedes comprendidas entre los municipios de La Guancha y Guía de Isora y han cumplido uno de sus retos: llegar a la isla de La Palma. Ámate resulta fundamental para las personas que buscan ayuda y apoyo a cuando le han detectado cáncer de mama, no solo porque tiene un gran equipo de profesionales sino porque se encuentra con alguien que va a entender muy bien de lo que está hablando, ya que muchas de ellas han pasado por lo mismo y lo han superado. Como su presidenta, Carmen Bonfante.

¿Qué tipo de ayuda necesitan las personas que padecen cáncer de mama?
“Cuando yo tuve mi primer cáncer, en el año 2000, tenía una lista de espera para un drenaje linfático de casi dos años. Eso ya no existe, en una semana lo damos en Ámate. Tampoco había pelucas, prótesis y todos aquellos elementos que hacen más fácil la vida diaria y que además, cuestan mucho dinero. En la asociación, la persona que no tiene recursos y los necesita, puede conseguirlos gratis, desde el equipo completo de sujetador, prótesis, bañador y peluca, hasta atención psicológica, estética, y fisioterapéutica. Hemos ido trabajando poco a poco, para que hoy muchas mujeres dispongan de esa fortuna que nosotras no pudimos tener”.

¿Demanda más apoyo de las instituciones?
“Claro. A pesar de la cantidad de ayuda que recibimos, no se cubre ni el 60% de las necesidades que tenemos. Cada día tenemos que estar inventando un desfile, un punto de información en la calle, una carrera. Todos los fines de semana Ámate organiza una o dos actividades para poder pagar el sueldo de sus trabajadores. Nosotras somos voluntarias y no cobramos nada, pero sí nuestro equipo, conformado por psicólogos, trabajadores sociales, esteticistas, fisioterapeutas, y administrativos, y no podríamos hacerlo sin la generosidad de la gente y de las empresas que nos ayudan cada día”.

Desfiles de modelos, travesías a nado, carreras, charlas, paradas del tranvía y taxistas con el lazo rosa, ¿la sociedad está cada vez más implicada con esta enfermedad?
“En general sí. Cada día más, pero no todo lo que necesitaríamos. La cuota de socio son 36 euros anuales y podríamos tener muchos más y cubrir más cosas, como comprar más pelucas hasta prótesis y pagar a más profesionales, que nos hacen falta. Hemos empezado a trabajar en La Palma y estamos haciendo un esfuerzo enorme para pagar los billetes y el traslado de los profesionales y voluntarios. Es un gasto nuevo que nadie afronta porque los gastos en gasolina no los cubre ninguna subvención”.

¿Existen factores de riesgo?
“La salud, en general. Si has sido fumadora, si tienes herencia genética o familiares con esta patología tienes un riesgo de entre el 16% y el 23% y como en todo, es importante cuidarse. Hacer deporte desde el principio, caminar un mínimo de media hora diaria, alimentarse bien, no abusar de las grasas ni de las conservas. Eso en general para todos, y en el cáncer de mama la autoexploración la semana después de la regla es fundamental y en los hombres, una vez al mes. Esta exploración nos va a ayudar a conocer nuestra mama para que cuando haya un cambio nos demos cuenta. En el caso de las mujeres, también hay que acudir al ginecólogo cada año desde que se empieza a tener actividad sexual. Hay que ser prevenido, porque el cáncer se acumula silenciosamente, no avisa y no duele hasta que se hace grande, eso hay que tenerlo claro. Y cuando se hace grande, ya molesta y es un poco tarde. La prevención es muy importante”.

Sin embargo, las mamografías, una prueba fundamental para detectarlo, se hacen cada dos años y se establece como edad límite los 70. ¿No debería cambiar este protocolo?
“Sí, porque eso no significa que no haya riesgo antes y después de esas edades. Hay gente de 9, de 12, de 85 y de 90 años con esta enfermedad. Es verdad que es menor, pero está. Si tienes un bulto, vas al médico y te dice que no es nada, no le creas. Te tiene que mandar al ginecólogo porque hay un protocolo que así lo establece. Y si el médico de cabecera no lo hace, hay que cambiar de profesional. Tenemos muchos casos en Ámate que llevan un año esperando, que les dicen que no era nada y después les detectan una metástasis. Hay que tener lo que se tiene que tener: la fuerza y la información suficiente para pedir que nos deriven al ginecólogo si nos hemos descubierto un bulto porque queremos estar tranquilas”.

¿Por qué hay cada vez más mujeres jóvenes que lo padecen?
“Y hombres. En el último congreso al que acudimos nos dijeron que miráramos los gimnasios porque los chicos tomaban muchos estrógenos y si tienen antecedentes, existe también un riesgo. Se está investigando. No se sabe cuándo empieza, ojalá lo supiéramos. No podemos estar todos los días haciéndonos ecografías y escáner, pero si vamos cada año, entre el 85% y el 90% se cura”.

¿Es distinto este cáncer en el hombre que en la mujer?

“Es lo mismo. Lo que pasa es que un hombre se ve un bulto y piensa que es un pelo enconado, un punto de grasa o cualquier otra cosa, porque no se cree que también puedan padecer un cáncer de mama, entonces lo dejan pasar. Eso se va extendiendo y a lo mejor, llega al pulmón. Tienen que hacerse las mismas revisiones que una mujer y también pedir mamografías si se detectan un bulto”.

¿Cómo afecta al núcleo familiar esta enfermedad?
“El cáncer entra en una casa y a todos les va a tocar algo, porque estarán con el miedo a que esa mujer u hombre se vaya, o de qué le pasará en el futuro. Por eso la oferta de Ámate con los psiconcólogos es para toda la familia, no solo para el enfermo, porque muchas veces los familiares se quedan bloqueados y no saben cómo ayudar”.

¿Todavía se asimila cáncer con muerte?
“Sí mucho. Pero cuando ves a otras personas recuperadas, que siguen peleando cada día e intentando estar bien, les das esperanzas. Las mujeres siempre somos protectoras e intentamos que nuestros padres e hijos no sufran, ser muy fuertes para estar bien pero por dentro tenemos un volcán en erupción intentando que no salgan las llamas. Cuando por las mañanas vamos a los hospitales a ver a las operadas de cáncer de mama y les dices que también pasaste por lo mismo y estás bien, ahí se abren, salen todos los miedos y te cuentan cosas que no les cuentan a sus familias”.

¿Muchas mujeres pierden su empleo durante el tratamiento?
“Muchísimas, está demostrado que más del 50%. Una empresa pequeña no puede soportarlo o no quiere y las grandes muchas veces no quieren. Solo conozco una que contrató a una mujer en pleno tratamiento de quimioterapia. Ese hombre se merece una consideración aunque no pueda decir su nombre. Y luego hay un 23% que se quedan sin marido o pareja porque las abandonan. Casi siempre vienen llorando, quedan desoladas y te llega al alma y te indigna. Lo hacen porque están agobiados, pero ahí tienen las psicólogas y no van. Y te preguntas cómo tienen la vergüenza de decir eso cuando sus mujeres lo están pasando peor”.

¿No hay un agujero administrativo una vez superada la enfermedad respecto a qué facultativos deben tratar las secuelas del proceso cancerígeno, si los oncólogos o los médicos de atención primaria?

“Hay un vacío tremendo. El primero es cuando llegas a los 70 años y tienes que pelear para que te hagan una mamografía. Luego las mujeres que no tienen apoyo ‘después de’ porque se supone que lo has superado. Llevamos un año trabajando con la facultad de Psicología y Sociología para saber qué pasa en la vida de muchas mujeres después de cinco años que ha pasado por un cáncer. Te encuentras casos de personas que no lo han podido superar, que nunca les volvió a salir el pelo, que las han operado mal, que le cogieron un nervio y tienen un dolor para toda su vida, o que han perdido su casa porque no han podido pagarla. Pero también está la parte positiva, gente que al no poder trabajar aprovecha a estudiar, a sacarse una carrera y cambia su vida. La vida te da una oportunidad de cambiar y parar, y muchas lo hacen y lo aprovechan”.

¿En cada revisión vuelve el miedo a la reincidencia?

“Siempre. Yo llevo 18 años de la primera operación y el día anterior a la revisión y al pasar por Oncología, sigo temblando”.

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