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Hallazgo histórico en la Cueva de Bencomo: descubren restos anteriores al siglo XV

Se trata de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes realizados en Tenerife
El arqueólogo Efraín Marrero le muestra a la consejera Josefa Mesa algunas de las piezas encontradas en la cueva de Bencomo. Fran Pallero

La Cueva de Bencomo, ese tesoro arqueológico situado en la ladera de Tamaide, entre los municipios de La Orotava y Santa Úrsula, no deja de sorprender a los arqueólogos e historiadores. La limpieza del lugar primero y la excavación arqueológica realizada después, han sacado a la luz las reliquias que escondía pese a que eran muchos los que negaban que dentro de la misma se preservara algo de valor puesto que apenas había sedimentación. Entre ellos, Luis Diego Cuscoy, padre de la arqueología tinerfeña, quien dejó registrado en una roca su paso por el lugar en el año 1837.

El empeño del director de Patrimonio del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Clavijo y de su homóloga en el Cabildo de Tenerife, Josefa Mesa, por rescatar del olvido y el abandono institucional este Bien de Interés Cultural (BIC), llevó a que acometiera por parte de la empresa Prored la primera excavación arqueológica, que finalizará la próxima semana después de un intenso trabajo y con un descubrimiento sorprendente: restos arqueológicos anteriores al siglo XV aunque todavía no se puede precisar de qué época exacta.

Sin duda, se trata de uno de los hallazgos más importantes realizados en Tenerife, a la espera de los resultados que proporcionará el análisis de piezas de incalculable valor para los investigadores. Entre ellas, dos punzones, uno de ellos de hueso, probablemente de cabra, que se encuentra en un estado muy frágil y agrietado porque los compuestos químicos que genera el depósito de estiércol, que en este caso, se acumuló durante siglos, se ha filtrado a los materiales.

El lugar sirvió durante años de aprisco para el ganado y por eso los excrementos de las cabras, formaron una especie de alfombra que fue necesario extraer con líquidos especiales.

No obstante, ello puede haber contribuido a conservar los objetos encontrados y servir como una especie de “protección”, explica Efraín Marrero Salas, uno de los arqueólogos de la empresa Prored, con quien DIARIO DE AVISOS visitó por segunda vez la cavidad, junto a sus compañeros, Ithaysa Abreu, Hacomar Ruiz y Santiago Sosa, y la consejera Josefa Mesa para ver estos nuevos descubrimientos.

También se rescataron varios dientes de cochino, un elemento valioso de la ganadería guanche porque su piel era buena y gruesa para elaborar tejidos. “Hay que estudiar si una de las cuevas podría haber sido utilizada como depósito, ya que los fragmentos de cerámica que han aparecido corresponden a cacharros y vasijas grandes, clasificados como anforoides, que se utilizaban para almacenaje de alimentos. Además, hay un asa en forma de lengüeta y varias verticales”, indica Marrero.

A ello se le suman algunas piezas con decoración en las paredes, cuentas de arcilla, algunas de un tamaño mayor y decoradas en el centro con una pequeña incisión. En la primera exploración arqueológica que se realizó en la morada del mencey se encontraron varias de menor tamaño y sin decorar. “Siempre se han asociado a ritos funerarios pero en excavaciones recientes se ha demostrado su uso doméstico y de habitación como un elemento cotidiano para decoración”, explica el joven arqueólogo.

Su equipo también halló herramientas de piedras, sobre todo obsidiana, que es de muy buena calidad, por lo que se deduce que fue trasladada por los guanches desde Las Cañadas, dado que allí están las mejores canteras de esta roca volcánica. Aunque hay alguna colada que llega a la costa, como en La Guancha, pero es de peor calidad, y en este caso es muy buena y sus filos están retocados.

Otra de las joyas fue un hachón de madera. No se ha podido determinar si se trata de un elemento que servía para alumbrarse, porque está carbonizado, o para el cierre de la cueva que, según la tradición, fue residencia del penúltimo mencey de Taoro.

Piedra natural

Tras la limpieza y las excavaciones se puede ver la piedra natural, pero también comprobar que se decapitó toda la estratigrafía del yacimiento. “Lo cortaron, vaciaron parte y dejaron el fondo, que presumiblemente es lo más antiguo. Solo queda una pequeña área por excavar de la segunda cavidad y un espacio de la entrada, por ser las partes más profundas”, precisa Efraín Marrero.

Todos estos descubrimientos corresponden a la segunda cueva, dado que el BIC está formado por dos oquedades naturales basálticas unidas por un pasadizo al que se llega por una entrada común y muy estrecha. Según los arqueólogos, es la parte más interesante para analizar. Quizás, porque la primera no tuvo el mismo nivel de uso y tampoco acumuló un depósito sedimentario que refiriera a una ocupación estable y con una funcionalidad determinada.

Sin embargo, los hallazgos no se limitan únicamente a los objetos. En la primera fase de intervención se comprobó que en la entrada había dos cazoletas en el suelo y en el techo, que sugerían la instalación de dos ejes como posible cierre de la cueva, que está labrada y trabajada para sellar el acceso.
Inicialmente se pensó que una de ellas servía de gozne, pero en esta segunda fase se dieron cuenta que éste se ubicaba en otro sitio. Debido a ello, se vació para coger muestras, tomar medidas, e intentar datar ese sedimento con el propósito de determinar cuándo labraron y sellaron la cavidad. Es importante destacar que no se registra una fecha ya que en el lugar nunca hubo elementos que lo permitieran. “Nos hemos dado cuenta que el hueco coincide con otro y está trabajado, aunque no puede verse si con piedra o metal, pero deducimos que si hubiera sido este último elemento se vería muy bien”, señala el joven profesional.

Lo que sí es cierto es que la morfología del acceso no es natural, y además, después de la Conquista no se ha documentado que se haya labrado una cueva para guardar cabras o alimentos.

Filtraciones

El equipo de Prored también comprobó con las lluvias de las últimas semanas que las cazoletas están hechas para desagüe, porque en la única oquedad donde hay filtraciones en el techo es en la primera y eso es, por lo menos, curioso. Allí tampoco había restos de basura, solo alguna hoguera reciente con material de cerámica popular, pero no se registró un suelo de época aborigen.

“No sé si se vació después de la Conquista, porque en los informes de la época se habla que los agricultores cogían el sedimento para el cultivo debido a que era bastante fértil”, aclara Marrero. Por esta razón, los arqueólogos no saben si se vació por completo o si la primera cavidad de acceso nunca tuvo una ocupación estable.

Para dilucidar éste y otros aspectos, Prored se está planteando utilizar luz ultravioleta con el fin de comprobar si se empleó ergamasa (el preparado con un componente parecido a la cal y tierra) en el sellado de la puerta de acceso.

Tras las primeras catas, los expertos no se atrevían a afirmar que la propiedad fuera del mencey Bencomo, como se documentó históricamente, y consideraron que era necesario seguir estudiando muy bien los usos del suelo que quedaba para definir si era de dormitorio o de almacén, que todo apunta a ello.

Al tomar la temperatura, los termómetros indicaron que a pesar de las lluvias, la humedad no llega a ser del 100%, con lo cual en verano las condiciones para poder habitar la cueva eran idóneas, y si se conservaba algo como almacén las condiciones también eran favorables.

El tiempo y la posterior excavación arqueológica les ha dado la razón, puesto que los elementos encontrados indican que los primeros momentos de ocupación de la cueva no corresponden a Bencomo, protagonista destacado de la Conquista de Tenerife, sino que el yacimiento ha tenido una evolución y una funcionalidad que ha ido cambiando a lo largo de los siglos.

De la misma manera que se procedió con los restos descubiertos en mayo de este año, el material se analizará en un laboratorio de Miami, en Estados Unidos. En el caso de los dos dientes de cabra se trata de elementos importantes al ser la parte de los huesos que mejor se conserva la materia orgánica y por lo tanto, la más fiable para que el resultado no ofrezca un margen de error muy amplio, sino uno más o menos corto que oscile entre los 50 y 100 años, puntualiza Efraín Marrero.

Los arqueólogos concluyen que la cueva es anterior al propio mencey, pese a que aun tienen que comprobar si el trabajo de las paredes y del acceso datan de los primeros momentos de ocupación o si se trabaja y se sella desde que es de su propiedad. En caso de demostrarse la primera hipótesis, será la primera vez que en Tenerife se documenta un recinto que ha sido transformado en la época guanche y por lo tanto, se trataría de un yacimiento único en la Isla y un tesoro cultural que todavía alberga mucho potencial por descubrir.

“Era una deuda pendiente con la arqueología de Tenerife”
La consejera insular de Patrimonio, Josefa Mesa, sostiene que estos hallazgos suponen “un avance en el conocimiento del asentamiento” de la cueva de Bencomo y que el trabajo realizado por el Cabildo de Tenerife brinda más expectativas y una oportunidad de seguir conociendo la época aborigen en Tenerife”. Entre otras razones, porque esta cavidad tiene unas características determinadas con elementos diferentes a otros ya encontrados en la Isla. Además, “refuerza la deuda pendiente que se tenía no solo con la cueva sino con la arqueología de Tenerife. Es un feliz final del trabajo realizado durante estos cuatro años por parte del área insular de Patrimonio”, subraya Mesa. De ahora en adelante se abren varias expectativas, como la puesta en marcha de un museo de sitio en el lugar y un centro de interpretación ubicado enfrente, en el mirador de Humboldt.
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