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José Carlos Alberto: “Hay que debatir hasta dónde llegar con la manipulación genética”

José Carlos Alberto, experto en reproducción asistida, analiza para el DIARIO el anuncio del científico chino que afirma haber creado los primeros bebés modificados genéticamente
José Carlos Alberto Bethencourt dirige en la actualidad el Centro de Endocrinología de la Reproducción de Tenerife (CERT). Sergio Méndez

La modificación genética vuelve a estar en el debate público tras conocerse la noticia, esta misma semana, de que un científico chino, He Jiankui, afirmaba haber creado los primeros bebes modificados genéticamente para, en concreto, hacerlos resistentes contra el virus del sida, que portaba uno de sus padres. Este anuncio ha suscitado muchas voces críticas entre la comunidad científica e, incluso, entre las autoridades de su país, que le han prohibido continuar con la investigación, según recogen los grandes medios nacionales.

A las cuestiones éticas y morales de la modificación genética, se suman en este caso las críticas por el procedimiento científico llevado a cabo, la falta de pruebas, de contraste o de reconocimiento por algún comité ético, indican los medios.

Sin embargo, la noticia ha abierto la puerta de nuevo al debate sobre la modificación genética, sus posibilidades y límites. Un debate que “se tiene que producir”, ya que “la genética tiene mucho que decir en la medicina y cada día hay más causas genéticas en las enfermedades”. “¿Cómo se quiere usar la manipulación genética?, ¿hasta dónde vamos a llegar? Ese es el debate que se tiene que hacer”, explica José Carlos Alberto Bethencourt, que actualmente dirige el Centro de Endocrinología de la Reproducción de Tenerife (CERT), y ha sido jefe del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario de Canarias y uno de los padres de la Unidad de Reproducción de este centro.

“Rechazable”

A juicio de José Carlos Alberto, el proyecto de He Jiankui es “científicamente rechazable” porque no hubo “ni método, ni aprobación ética, ni comunicación de resultados a una revista de prestigio, ni nada”. “Su proyecto es científicamente deplorable porque no siguió un procedimiento, si lo hubiera hecho quizás estaríamos hablando de que se ha conseguido algo y estaríamos debatiendo sobre la oportunidad o no de la manipulación genética”, apunta.

Cuándo actuar

En este sentido, uno de los ejes básicos sobre los que debe girar este debate, más allá de cuestiones éticas o morales, es, a juicio de José Carlos Alberto, cuándo se puede actuar sobre la genética: “¿En el adulto o en las células germinales y los embriones?”, cuestiona. A este respecto, explica que cuando se realiza una modificación genética en un adulto es sobre esa persona y no tiene más consecuencias. Sin embargo, “cuando se hace en una célula germinal o en un embrión, todo eso va a tener repercusión en la descendencia de esas células y embriones. Estás marcando al embrión y a toda su descendencia”.

“Lo que está aceptado por todo el mundo, y yo lo hago”, continúa, “es hacer un diagnóstico genético preimplantacional. Es decir, presupongamos que uno de los padres es portador de una enfermedad genética, nosotros hacemos una reproducción asistida y, antes de transferir los embriones, hacemos biopsias de las células de los embriones y los que están afectados por la enfermedad no los transferimos, sino los sanos. Eso se hace y está aceptado”.

El siguiente paso es, añade José Carlos Alberto, “si yo consigo que los afectados por la enfermedad sean sanos, ¿por qué no los voy a transferir? Ahora, tengo que estar seguro de que cuando yo los modifico genéticamente para curarlos no les curo una cosa pero les causo daños peores en otra. Algo que aún no se puede asegurar hoy en día”.

Cómo actuar

Otro punto de este debate es el objetivo con el que se realice la modificación genética. “Si se hace para curar un error genético o una enfermedad, parece que, salvo razones religiosas o sobre el concepto del principio de la vida, sería aceptable”, indica José Carlos Alberto. El peligro, apunta, radica en si se empieza a utilizar “porque los padres quieren que su hijo tenga unas características determinadas de inteligencia para la investigación, o con el fin de que sea mejor deportista… Cuando empiezas a hacer una modificación de las personas no para corregir una enfermedad o un error, sino para hacer una selección o un grupo estereotipado”.

“Ahí estamos alterando que tu y yo somos producto de una casualidad genética, única e irrepetible, lo que nos permite después elegir cosas con libertad, y no porque el padre quería que lo marcaran genéticamente para que supiera mucho de música, por ejemplo”, enfatiza. A lo que hay que añadir la cuestión ética de crear personas ‘a la carta’.

Aún así, más allá de este debate, José Carlos Alberto indica que todavía “queda muchísimo camino” para poder realizar modificaciones en células o embriones con todas las garantías y sin que acarreen posteriores consecuencias.

Un español descubrió la técnica utilizada, llamada CRISPR

El científico He Jiankui utilizó la técnica de modificación genética conocida como CRISPR, que, según explica José Carlos Alberto, fue inventada por un español, Francisco Martínez Mojica, quien acuñó este acrónimo y está en las listas de favoritos para ganar el Nobel de Química o Medicina. “Él consiguió una sustancia, unas proteínas, que cuando las mete en una célula ellas van marcadas y cortan las zonas alteradas genéticamente y las sustituyen por una nueva”, señala Alberto.

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