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El capitán hace posible otro día de felicidad para la Isla

Los aficionados blanquiazules, tanto los que viajaron como los que se quedaron, sufrieron con la impotencia de su equipo hasta que el capitán tomó la responsabilidad y logró el empate
FOTO: DA

Pocas veces un empate hizo tan feliz a tanta gente. Lo que logró el CD Tenerife ayer en el estadio de Gran Canaria, más allá de justicias o injusticias, fue el pasaporte hacia la felicidad de los 1.500 seguidores blanquiazules que se desplazaron hasta el coliseo amarillo y de los que esperaron el milagro frente al televisor.

Y es que la tarde de ayer fue de fútbol y centros comerciales. En las calles, pocos elementos y ninguno futbolero. En los bares, algo más de animación, sobre todo en los identificados hacia una causa u otra como es el caso del Imperial, en Santa Cruz, feudo blanquiazul supervisor de tantas celebraciones en la plaza de La Paz o del Benjamín, garito lagunero donde solían reunirse los universitarios grancanarios que sigue viviendo la tradición.

Lejos, en territorio hostil, un millar y medio de valientes planearon el asalto al recinto de Siete Palmas como los míticos Doce del Patíbulo, armados pero rodeados de 17.690 enemigos. Sobrevivieron, sí y festejaron en el viaje de vuelta, pero temieron lo peor durante el partido por la incapacidad blanquiazul de transmitir nada que no fuera el pánico a perder.

Para perder estaban en una céntrica cervecería capitalina los tres amigos ejemplares seguidores del CD Tenerife para las buenas y para las malas. Nelson, Tino y Fiti comieron y bebieron todo lo que les dejó la UD Las Palmas. “Vamos a ganar 0-3” se atrevía a pronosticar el primero, el más valiente del trío que pedía las garimbas “de tres en tres”.

El gol de Araujo no hizo más que espolear al tridente. “Pon tres garimbas más y las jarras que estén bien frías”, pedía Tino temiendo lo peor para un equipo para el que pedía paciencia de forma irónica. “Tranquilos que ahora después del descanso el Tenerife se presenta al partido”. Para nada se cumplió su profecía. “Compadre, pon tres más porque esto se está complicando”.

En Gran Canaria se sufrió aún más. El derbi lo hicieron de alto riesgo los tres y medio de siempre recordando a la histórica guerra de los yogures líquidos que tuvo lugar en la grada del Heliodoro hace algo más de una década, aunque esta vez lo que volaba eran botellas. Dos estampidos policiales y asunto arreglado.

La cosa pintaba fea. Los apodos ya estaban a la orden del día. “Oltra es un cagalera y Camille es como un chicle Doublemint, se lo mastica todo el mundo”. Y entonces llegó el penalti, la expulsión, el gol de Suso “y tres garimbas más, que ahora sí que se va a complicar la noche”.

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