ECONOMÍA

Michael O’Leary, el hombre que apuntó a Canarias

El dueño de la compañía Ryanair ha vuelto a desatar la polémica al menospreciar a las Islas como destino turístico; una salida de tono más desde que es un personaje público

Michael O'Leary, presidente de Ryanair | El Español
Michael O’Leary, presidente de Ryanair | El Español

“Los turistas están hartos de ir a Canarias”. Michael O’Leary, propietario de Ryanair, sonreía durante su alocución en el aeropuerto de Eilat, Israel, una de las nuevas bases de la compañía. Como suele ser habitual en él, lanzar un dardo era la mejor forma de dar publicidad a su negocio, algo que le gusta, pero: ¿quién es realmente el hombre que ha revolucionado la forma de viajar en los últimos tiempos?

O’Leary nació en 1961 en Mullingar (Irlanda), una población a 80 kilómetros de Dublín donde predomina la clase media. Es el cuarto de seis hijos nacidos en el seno de una familia de de ricos agricultores que, desde muy niño, le hicieron crecer dentro de la doctrina católica. Fiel devoto, siempre quiso ser futbolista, pero, tras estudiar Económicas y montar un quiosco de prensa, su vida cambió para siempre.

“En la universidad me dedicaba a ligar y poco más”, ha reconocido el consejero delegado de Ryanair, que cuando conoció a Tony Ryan, fundador de la compañía aérea, comprobó como sentían admiración mutua, pasando a trabajar juntos.

El modelo de negocio estaba claro: minimizar costes para poder ofrecer billetes baratos a cualquier destino del mundo, pero ese éxito no le sirvió para que, incluso con sus clientes, tuviera problemas.

“En realidad, con un solo piloto basta. Dejemos a un maldito ordenador volar el avión”, declaró a una revista de negocios despertando el malestar de sus oficiales de vuelo, con los que mantiene una relación de amor-odio en los últimos tiempos.

En plena de crisis en verano de 2017, cuando Ryanair programó más vuelos de los que sus pilotos eran capaces de cubrir amenazó con “echarlos a todos a la calle”, para luego, al ver que le era rechazada mayoritariamente su propuesta de, mediante incentivos económicos, alargar sus horas de vuelo, ningunearlos: “No entiendo su postura, no me hacen falta. Realmente, no me gustan ni los aviones ni las nubes, tampoco los pilotos”.

Estos, enfadados, firmaron un comunicado en el que pedían la marcha de Michael O’Leary de la compañía que, arrepentido, pidió disculpas públicamente a todos ellos.

Cuentan que es la única vez que esto ha sucedido, porque sus ganas de provocar siempre han podido más, como cuando reconoció haber “meditado” la opción de cobrar más a las personas con sobrepeso: “¿Por qué no? También podemos cobrar por ir al baño, porque cortamos de donde nos es posible porque cualquier pequeño cambio va a tener una consecuencia directa en la disminución drástica del peso y el consumo de los aviones. Habíamos pensado en retirar los reposabrazos, pero finalmente decidimos no hacerlo”.

Además, a las personas que se olvidan de imprimir o llevar en su móvil la tarjeta de embarque, algo por lo que la compañía penaliza económicamente, O’Leary les cobraría “60 euros” por ser “estúpidos” y, en caso de que se tuvieran que cancelar vuelos, el irlandés ya ha anunciado que proporcionará pocas comodidades: “Si un vuelo se cancela, no piensen que vamos a poner un hotel para nuestros pasajeros, o un restaurante para un retraso de vuelo”.

Si viaja en “clase ejecutiva” ya que nuestro protagonista cree que sería bueno “ofrecerles todo gratuito” incluso “sexo” mientras se desarrollen los vuelos: “Es uno de nuestros planes de cara a ofertar vuelos trasatlánticos”.

También en su vida privada

Pero esta actitud provocadora de Michael O’Leary trasciende de la idea que pueda tener como empresario. Casado y padre de cuatro hijos, indicó que “la mayoría de las mujeres, si se les da la opción, dejan de trabajar cuando tienen hijos pequeños”, algo que sucedió en el caso de su pareja, a la que conoció cuando esta se dedicaba a trabajar en la banca.

Numerosas asociaciones feministas pusieron el grito en el cielo al escuchar al consejero delegado de Ryanair, lo mismo que ocurrió recientemente con los ciclistas. Cuando el Ayuntamiento de Dublín quiso potenciar medidas para que los ciclistas viajaran más seguros por su ciudad, O’Leary los puso en el punto de mira: “Tendríamos que dispararles. Es absurdo, con la cantidad de veces que llueve aquí, que fuéramos en bicicleta”.

Lo cierto es que en números ocasiones, cuando se le ha preguntado por este tipo de afirmaciones, el irlandés siempre ha aludido a la repercusión mediática que las mismas le producen, algo que considera beneficioso.
Buena muestra de ello sucedió en 2012, cuando, en el aeropuerto de Bilbao, se burló de los trabajadores de Spanair que se encontraban encerrados para reivindicar sus derechos. Michael O’Leary tuvo que ser protegido por la policía y custodiado hasta el exterior del recinto. Ya fuera, sonriendo, volvió a ser él en estado puro: “Esta publicidad para Ryanair es impagable”.

Sus palabras sobre las Islas fueron condenadas por Turespaña

Una vez saltaron a la luz las declaraciones de Michael O’Leary acerca de Canarias, Héctor Gómez, director general del Instituto de Turismo de España (Turespaña), condenó las mismas por “no ser ciertas”.

El tinerfeño fue muy claro al reconocer que son “las cifras” las que quitan la razón al propietario de Ryanair, recalcando que Canarias está “a la cabeza” en innovación en materia turística: “Nada de ello se corresponde con la realidad como así lo demuestran los últimos datos. Somos un destino líder, hemos batido récords en relación a 2017 y las Islas se superan constantemente en esta materia”.

Más directo incluso fue José Fernando Cabrera, presidente del Foro de Amigos del Sur de Tenerife, que indicaba que Israel, desde donde O’Leary hizo las declaraciones, era un destino “de segunda categoría”. “He tenido negocios en Israel, y en ocasiones he ido a Eilat, donde ha hablado O’Leary, y, sinceramente, el lugar está muy por debajo de Tenerife en clima e infraestructuras”.