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Un instructor policial de élite se querella contra Interior tras enfermar en la galería de tiro de Las Américas

El agente tinerfeño Alain Ngale ha sido siete veces hospitalizado al padecer un asma grave de difícil control tras inhalar sustancias tóxicas
El ahora expolicía nacional tinerfeño Alain, durante un reciente ingreso hospitalario tras sufrir una de sus crisis asmáticas. DA
El ahora expolicía nacional tinerfeño Alain, durante un reciente ingreso hospitalario              tras sufrir una de sus crisis asmáticas. DA
El ahora expolicía nacional tinerfeño Alain, durante un reciente ingreso hospitalario tras sufrir una de sus crisis asmáticas. DA

A Alain, un policía tinerfeño, de 43 años, con ascendientes británico-guineanos, le sonreía la vida. Tras llegar al Cuerpo Nacional de Policía desde la Policía Local de Adeje, sus habilidades como monitor de tiro le habían llevado a ser un referente en la disciplina, lo que se evidenciaba en los cursos que impartía tanto a unidades especializadas para el combate del Ejército español como en otros países, como Canadá o Colombia. Amante de la práctica del deporte, Alain Louis Ngale disfrutaba de un excelente estado de forma física, y nunca quiso perder el contacto con su antigua unidad de estupefacientes. Desde seis meses antes, abril de 2008, ya ejercía como instructor de tiro en la Comisaría de la Policía Nacional en el Sur de Tenerife. Fue, precisamente, tras un incidente acaecido cuando, fuera de servicio, echaba una mano a sus compañeros de la Policía Judicial, le realizaron una placa del tórax cuyos resultados le dieron una sorpresa que resultó ser la primera noticia del calvario que marcaría su futuro, no para bien, precisamente.

“Debería dejar de fumar tanto”, le dijo el médico que atendió a un asombrado Alain, en plenitud de facultades sin haber probado un cigarrillo en su vida. En realidad, dicha prueba había desvelado “el asma ocupacional grave de difícil control” generado (como ahora pretende probar ante la Justicia) por las nocivas condiciones de una galería de tiro, la de la Comisaría de Playa de Las Américas, en la que se vio expuesto a una serie de productos tóxicos mientras enseñaba a sus compañeros (unos 420, sumando a los destinados en el Aeropuerto Reina Sofía), a razón de 625 disparos diarios como mínimo, 5 días a la semana, lo que arroja una cifra de 3.125 disparos de media semanales. Diez años después, Alain no solo acabó jubilado prematuramente por una enfermedad que le ha postrado en el hospital en siete ocasiones durante el último año y ha forzado más de veinte visitas a Urgencias por deficiencias respiratorias, sino que en el transcurso del tiempo también se ha visto sometido (según su versión), primero, a la incomprensión frente a sus denuncias sobre las condiciones en que se vio obligado a desempeñar su trabajo, sino además a un presunto acoso laboral en el que se incluyen temporadas confinado a un sótano como lugar de trabajo o cambios de cerradura para que no acceda al mismo, por no hablar de una singular baja administrativa de dudoso encaje en la normativa vigente. Así se recoge en la documentada y extensa querella que ha presentado Alain contra tres mandos de la Policía Nacional en Tenerife, el Ministerio del Interior y la empresa encargada de la galería de tiro en cuestión, Tradesegur SA, y que se motiva en la presunta comisión de un delito contra la seguridad e higiene en el trabajo, otro de acoso laboral, dos de lesiones (por la “grave afectación pulmonar” y “las psíquicas fruto del clima extremo de hostigamiento laboral”), y uno más de prevaricación administrativa.

La querella, cuya detenida lectura no permite descartar que tal iniciativa procesal se traduzca en un antes y un después sobre las condiciones laborales de los que se ven obligados a trabajar en este tipo de galerías de tiro, se presentó hace unas semanas, mientras el asunto también se dirime por la vía administrativa, y en la misma se detalla lo vivido por Alain desde 2008 hasta la actualidad. Algo más de un decenio en que Alain ha pasado de ser un instructor de tiro con prestigio internacional, con 41 felicitaciones públicas por su admirable desempeño profesional, a verse como un jubilado prematuro.

De ser un joven deportista en extraordinaria forma física a terminar acostumbrándose a padecer “rinofaringitis tóxica por inhalación de los gases propios de las armas de fuego”, así como “afonía, urticaria idiopática, crisis vasovagales, síncopes neurocardiogénicos, bruxismo, leucopenia leve y uretritis”, además de las consecuencias psicológicas propias de lo sufrido durante este calvario. Básicamente, lo sucedido se resume en dos periodos. El primero abarca desde que Alain detecta, por el casual examen médico ya referido, los males que su trabajo en la galería de tiro le han provocado (o al menos así consta en los partes médicos adjuntados a la querella y realizados por galenos de reconocido prestigio) y decide, sin duda, movido por la inclinación sindical que siempre tuvo, embarcarse en la denuncia de tales condiciones laborales. Para su pesar, la respuesta institucional (como sostiene la querella) pasa por negar la premisa básica, al no asumir que la galería de tiro en cuestión es tan deficiente que sus usuarios se ven expuestos hasta a 14 sustancias tóxicas distintas, a pesar de que se efectúan todo tipo de pruebas (en alguna, la empresa responsable hasta admite que el extractor de aire funcionaba de forma inversa a la prevista) y se llegan a remodelar unas instalaciones que, finalmente, han sido prácticamente rehechas, pese a negarse en todo momento que algo no funcionase como debiera.

El segundo periodo, incluso más doloroso para Alain desde la perspectiva emocional, radica en ese presunto hostigamiento laboral que desemboca en la jubilación prematura, y sobre el que ahora se exigen igualmente responsabilidades, incluido un diagnóstico médico sobre supuestos problemas psicológicos que no solo son negados por Alain, sino que su representación legal combate poniendo en duda la veracidad del mismo y las sospechas que despiertan las condiciones en las que se llegó a tal diagnóstico.

Por el camino, al que fuera modélico policía y reconocido instructor de tiro le ha pasado de todo. Desde un desvanecimiento en esa misma galería de tiro, en la que otros monitores de la Policía Nacional se han negado con posterioridad a trabajar, a varios ingresos hospitalarios por crisis asmáticas que combate con unos medicamentos cuyos efectos secundarios no deseados obligan a ser suministrados bajo estricto control médico. “Si le digo la verdad, lo que más me duele hoy es que no solo no aceptaran que algo iba mal, sino que al final me tratasen como a un loco”, resume Alain, más dispuesto que nunca a que se le haga justicia por este calvario.

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