baloncesto

Carlos, el espíritu del Club de la Piruleta, primer club inclusivo de basket de Canarias

Este tinerfeño de 20 años es jugador y técnico ayudante del primer club inclusivo de baloncesto de las Islas pero, sobre todo, un luchador nato y un apasionado de este deporte
Carlos Velázquez, durante un entrenamiento del CLub de la Piruleta| FRAN PALLERO
Carlos Velázquez, durante un entrenamiento del CLub de la Piruleta| FRAN PALLERO
Carlos Velázquez, durante un entrenamiento del CLub de la Piruleta| FRAN PALLERO

“No creo que sea necesario hablar de mi discapacidad: ¿no crees? Porque, al final, lo importante es mi pasión por el baloncesto y mis ganas de ayudar en todo lo que esté en mi mano”. Carlos me mira y sonríe mientras, a nuestro alrededor, decenas de niños, en las canchas descubiertas del colegio La Salle, practican deporte. Hace calor, pero él no para. Acaba de terminar el entrenamiento del Club de la Piruleta, del que es jugador y entrenador ayudante de María Sosa, y me invita a ver una práctica del Ademi Tenerife, de baloncesto en silla de ruedas. No es que el baloncesto forme parte de la vida de Carlos; es que es su vida.

Su hermano, José Velázquez, empezó a practicar este deportes en el colegio Las Dominicas, pasando luego al Unelco. Allí estaba siempre Carlos: “Poco a poco, mientras crecía, iba interesándome por el deporte y tratando de aprender lo más posible del juego en sí, pero también de los aspectos tácticos”.

A sus 20 años, Carlos logró aprobar el curso de primer nivel de entrenador y fue justamente allí cuando le hablaron del Club de la Piruleta: “Nos dieron una charla, me lo comentaron y, esa misma noche, llamé a María Sosa, que me dijo que me pasara al siguiente entrenamiento. Desde ese día aquí sigo”.

Por su parte, Sosa recuerda perfectamente esa llamada, porque las ganas de aprender le llamaron mucho la atención: “Nos escribió para ayudar, me dijo que quería echar una mano porque había llevado a cabo la formación y, si era posible, su intención era aprender un poco de mí y apoyar a los chicos”.

Desde ese primer contacto, Carlos Velázquez aprovecha para hacer las veces de entrenador, pero también de jugar, desarrollando una labor muy valiosa en el Club de la Piruleta: “Desde fuera los acompaña, los ordena y cuida que mantengan cosas como las filas; cuando está dentro de la pista es uno más, con el añadido de que nos ayuda desde dentro. Eso sí, en los partidos siempre quiere que los demás jueguen antes y más que él”. María está encantada con él, tanto como los chicos y chicas que componen el primer equipo de baloncesto inclusivo de Canarias porque ven en su figura la de un apoyo extra. Aquí todo el mundo es importante para que el Club de la Piruleta sea una realidad.

Carlos Velázquez, durante uno de los entrenamientos del Club de la Piruleta. Fran Pallero
Carlos Velázquez, durante uno de los entrenamientos del Club de la Piruleta. Fran Pallero

Apoyo y ayuda

Carlos insiste en la necesidad de “ayudar” a sus compañeros para que puedan aplicar lo antes posible todo aquello que quiere transmitirles. Necesitan paciencia. Y alguien con esa pasión por el baloncesto que comparten todos los integrantes del primer equipo de baloncesto inclusivo de toda Canarias: “Es un deporte para chicos que no pueden jugar como otros, pero porque necesitan algo más de ayuda. A veces es necesario prestarles más atención, explicarles cada cosa de manera más detenida, y tener esa habilidad de saber transmitirles lo que quieres. Debes ir poco a poco y, sobre todo, saber adaptarte a ellos; no al revés”.

A estas alturas de la conversación queda muy claro que a Carlos no le gusta hablar de barreras y en todo momento recalca que “cualquiera puede hacer cualquier cosa”, simplemente es necesario adaptarla a sus necesidades y capacidades. Esto, que para muchos de nosotros resulta sencillo de entender, no lo es tanto: “La sociedad aún cree que por tener determinada capacidad, por no poder mover un brazo o una pierna, te resulta imposible practicar un deporte, algo que no es así. ¿No ven cómo nos divertimos? Somos chicos con discapacidad, vale, pero esto nos ayuda mucho. También a sus familias”.

El papel de las familias es otro de los tabús del deporte adaptado. No hace tanto tiempo, porque aún sucede, la sobreprotección perjudicaba seriamente a los chicos y chicas que, en su día, pensaron que hacer deporte era algo beneficioso para ellos, algo que el tiempo, y los especialistas, lograron demostrar: “Muchas familias están acostumbradas al ‘cuidado que se hace daño’ o ‘pobrecito’, algo que no es así. Yo soy un buen ejemplo: tenían miedo con que yo jugara a baloncesto por si me daba en la cabeza o el brazo, pero aquí estoy, jugando. Son obstáculos que te ponen y se acaban notando en la persona que los padece”.

Carlos ayuda siempre al resto de sus compañeros a la hora de completar los entrenamientos. F.P.
Carlos ayuda siempre al resto de sus compañeros a la hora de completar los entrenamientos. F.P.

El futuro

Hasta en dos ocasiones le insisto en si se considera un ejemplo para otros chicos y chicas y, algo tímido, descarta esa opción. Lo que sí comenta es que, en el mundo del baloncesto, siempre ha sido tratado “como uno más”, algo que le reconforta: “Cuando hice el curso de entrenador me trataron como a cualquier otro, no me dijeron que no pudiera hacerlo, sino todo lo contrario, me dieron muchas facilidades desde el primer momento”.

Canarista, y madridista, confeso, en medio de la charla, Carlos muestra orgulloso una foto junto a Aniano Cabrera, director deportivo del CB Canarias, club del que es abonado desde que regresó a la Liga Endesa y que le permite “ver de cerca” a las estrellas de este deporte: “He podido conocer a Javier Beirán, a Txus Vidorreta… Pero soy un poquito del Madrid, aunque más del Canarias. Me gusta mucho ver a Pablo Laso, a Txus, me gustaba mucho Alejandro Martínez…”.

Si se le pregunta por un jugador favorito, responde pronto, porque “Sergio Llull” le parece espectacular: “Trato de ver todo el baloncesto que puedo, desde la Liga Endesa, a la NBA. No solo de partidos, sino que estoy bastante atento a vídeos de entrenamientos para, cuando estoy con mi hermano o con el Club de la Piruleta, poder aplicar las cosas que puedo ver”.

Además, nunca deja de lado los estudios, ya que estudia un Ciclo de Integración Social en el que, por el momento, le va “muy bien”, aunque “como todos” es necesario “poner codos”. “Estoy en el primer curso, me gusta, voy poco a poco”, dice hasta que, poco antes de acabar la entrevista, hay que hacerle una última pregunta casi obligada después de media hora en la que ha destilado madurez, dulzura y, sobre todo, una capacidad de lucha, superación y optimismo que, ojalá, abundara más en estos tiempos que corren: “¿Que si me considero un ejemplo de algo? No, la verdad es que no. ¿Sabes qué pasa? Que yo siempre me he rodeado de buena gente. ¿Has visto al entrenador que estaba antes con nosotros? Se llama José y lo conocí hace dos meses; siempre estoy de bromas con él. La gente de mi edad sí que piensa más en que tengo discapacidad, pero la que es mayor no, creo que es porque vas madurando con el tiempo”.

Al final, Carlos tuvo razón: ¿para qué hablar de discapacidad cuando podíamos hacerlo de valores tan importantes como los que él expone?

Carlos también participa desde dentro de la cancha con el primer club de baloncesto inclusivo de las Islas|FP
Carlos también participa desde dentro de la cancha con el primer club de baloncesto inclusivo de las Islas|FP

TE PUEDE INTERESAR