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Volcano Teide, la mejor forma de cumplir tus sueños

Eulalia Hernández, de 83 años de edad, pudo hacer realidad su deseo de visitar la montaña más alta de España gracias a la excursión guiada hasta el mirador de Pico Viejo
VOLCANO TEIDE 1
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Eulalia Hernández atiende las explicaciones del guía de su excursión, Ancor. DA

Nunca es tarde, la edad es sólo un número y todos esos tópicos que se nos han ido inculcando durante nuestros ciclos vitales se hacen realidad en la historia de Eulalia Hernández, una tinerfeña de 83 años que jamás había podido subir al Teide y sentir el embrujo de la montaña más alta de España desde la misma montaña.

Eulalia, tan valiente como mayor, no tuvo ningún reparo en encontrar el mejor aliado para cumplir “uno de los dos sueños que me quedaban”. El primero era subir al Teide, el segundo, visitar Venecia. De esta forma, Volcano Teide se convirtió en el socio que ayudó a Eulalia a conseguir ese reto que tenía pendiente.

“Llevaba toda la vida esperando este momento”, relataba en la base del Teleférico una vez que ya tenía su ticket de la excursión a Pico Viejo programada por Volcano Teide. “¿No estará usted nerviosa?” le preguntaba Ancor, el amable guía que encabezó tan especial expedición. La respuesta de Eulalia fue rápida: “Después de tanto tiempo esperando para poder disfrutar de esta experiencia no vas a pensar que voy a perder el tiempo en coger nervios, voy a disfrutarlo”. Su semblante se fue transformando conforme iba realizando el trayecto de ascenso.

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Un grupo de excursionistas, durante el trayecto a Pico Viejo. DA

Esos poco más de ocho minutos que van desde los 2.200 metros de altitud de la base del teleférico hasta los 3.550 metros donde acaba la ascensión se le hicieron cortos, pero inolvidables. “Qué cosa más bonita” exclamaba mientras observaba desde lo alto el poder visual del Parque Nacional, con Las Cañadas al fondo, con el majestuoso mar de nubes, el Llano de Ucanca, los Roques de García… “Una cosa es verlo desde abajo y tenerlo ahí en la mano, al lado, y otra cosa es poder verlo desde arriba, es precioso”, señalaba Eulalia justo cuando el recorrido del teleférico llegaba a su fin. “Yo ya con esto me doy por pagada”, comentaba entre risas esta mujer nacida en el sur de la Isla en 1936. Aplicada, Eulalia escuchó los consejos de Ancor para seguir la excursión y poner rumbo a Pico Viejo con la ilusión de poder ver el cráter de un volcán desde lo alto. Pasó por las fumarolas, vio, allá a lo lejos, la silueta de El Hierro, algo más cerca se fijó en La Gomera y a su derecha se levantaron las nubes que protegían a La Palma.

Paso a paso, con la tranquilidad, se adentró en el sendero para seguir escuchando a Ancor. “Qué bien explica las cosas este chico”, decía Eulalia, que se detuvo cuando el cráter del Pico Viejo le quedó a vista de pájaro. Ahí no le hizo falta ninguna palabra para expresar su impresión. Sólo hubo que mirarla, con sus ojos brillando, apoyada en uno de sus nietos. Dio la vuelta, retomó el camino hacia el teleférico, hizo la cola pacientemente y regresó a los 2.200 metros de altitud. Luego miró hacia arriba, hacia la cumbre, y dijo una última palabra: “Gracias”.

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