astrofísica

Francisco Sánchez: “Me hubiera gustado investigar más, es mi frustración personal”

El padre de la astrofísica en España, recuerda el duro camino inicial del IAC y las zancadillas cuando empezó su apogeo

Francisco Sánchez, ayer, antes de subir al escenario del Teatro Leal para dar una magnífica conferencia sobre los inicios del IAC. Fran Pallero

Con motivo del 50 aniversario de la lectura de la primera tesis doctoral en astrofísica en España, realizada por el profesor Francisco Sánchez, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Universidad de La Laguna (ULL) organizan el congreso Impulsando la astrofísica en España: 50 años de tesis doctorales en el IAC, que comenzó ayer y se celebrará hasta mañana. Durante esos días se imparten charlas sobre los principales campos en los que los doctorados han desarrollado su actividad científica, rememorando y revisando sus resultados.

El acto inaugural contó con la presencia de la rectora de la ULL, Rosa Aguilar; el primer teniente de alcalde de La Laguna, Rubens Ascanio; el director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo, y el coordinador de Enseñanza del IAC, Ignacio González Martínez-Pais.

En 1964, el astrofísico Francisco Sánchez, director fundador del IAC, utilizó el fotopolarímetro de la Universidad de Burdeos, instalado en el Observatorio del Teide, para realizar mediciones de la luz zodiacal. Analizó la dispersión de la luz solar en partículas de polvo dentro del Sistema Solar y, en 1969, publicó Contribución al conocimiento del medio interplanetario por fotometría y polarimetría de la Luz Zodiacal, la primera tesis realizada de la materia en el país. Medio siglo después, se han defendido casi 350 tesis doctorales en la Universidad de La Laguna, siendo este uno de los mejores testimonios de la consolidación de la astrofísica española, del IAC y de los observatorios del Teide y del Roque de los Muchachos como lugares de referencia mundial.

Ante un Teatro Leal entregado, Francisco Sánchez habló sobre cómo nació y se consolidó, en tiempo récord, esta área del conocimiento en España, una historia que aborda en su libro Soñando estrellas. Así nació y se consolidó la Astrofísica en España del que realizó un repaso somero. Recordó cómo en 1959 numerosos astrónomos de todo el mundo visitaron las Islas para observar el eclipse solar, lo que despertó el interés por instalar un observatorio permanente. Los profesores Romañá del CSIC, Torroja de la Universidad Complutense de Madrid y el rector de la Universidad de La Laguna, Alberto Navarro, impulsaron en Izaña la creación del observatorio.

En 1960 se contrató al profesor Francisco Sánchez (recién terminada su carrera en la Universidad Complutense) para estudiar las condiciones astronómicas de la zona y, tras comprobar que eran excelentes, inició el primer grupo de astrofísica español, en Tenerife. Sánchez recordó sus inicios y cómo llegó a la Casa del Káiser, sede del observatorio meteorológico, con su mujer de luna de miel. “Dormíamos en la cabaña con la luz de las velas y entraba el viento por todos lados”. La comida “llegaba dos veces a la semana en burro” desde La Orotava, y las visitas “eran pocas”, las de algunos cazadores para los que “éramos como los monos del zoo”, y del rector Alberto Navarro que subía con su Opel Kapitan.

Esos primeros años “fueron duros” y la joven pareja se pensó en algunas ocasiones volverse en barco a casa. En aquel tiempo cobraba 5.000 pesetas, cuando había descartado la oferta de una empresa estadounidense que le propuso 24.000, casa y coche. Y eran muchas ocasiones en las que el sueldo llegaba con retraso y vivíamos de la ayuda familiar”. “Tenía la sensación de que nos abandonaron allí arriba. Teníamos aparatos viejos y un libro de astronomía popular. Todavía no sé como fui capaz de aguantar. Sin duda se lo agradezco muchísimo a mi mujer (ya fallecida) por hacerlo. ¡En el rectorado me pagaban como material de oficina no inventariable!”, recordó.

Un viaje de Sánchez a Francia y Suiza en 1961, donde coincidió en el tren con Josep Tarradellas, le envolvió aún más en la astrofísica y le llegó a realizar varios contactos, entre ellos Dupont al que le vendió las bondades de Tenerife. “Él tenía el telescopio pero no dónde observar, y yo tenía el cielo, así que fue fácil llegar a un acuerdo: cielo a cambio de telescopio”, máxima que cumplió posteriormente en otros acuerdos “para la explotación del cielo”. Así llegó en 1964 el aparato de la Universidad de Burdeos que permitió a ambos realizar sus investigaciones y publicar sus tesis. El toledano analizó la dispersión de la luz solar en partículas de polvo dentro del Sistema Solar y, en 1969 publicó su trabajo sobre la luz zodiacal.

Sánchez enumeró durante su charla las grandes “trabas burocráticas” que encontró en todo el camino, las interminables negociaciones para hacer entender la importancia de la labor científica y las “zancadillas y la lucha” por hacerse con su control cuando comenzó su apogeo.

Reconoció que las dificultades para observar el cielo en Izaña motivó la elección de La Palma por parte de varios proyectos, un proceso en el que Sánchez narró las vicisitudes que tuvo que afrontar para lograr la carretera que llegara al Roque y las negociaciones con el Ministerio de Defensa, que quería instalar un radar.

Lamentó el carácter “uniformador y encorsetado” de las autoridades, que maniató al consorcio y el futuro del IAC y los millones de euros perdidos en financiación. El profesor finalizó con una confesión, “me hubiera gustado investigar más”, pero se centró en sacar adelante la gestión el IAC. “Ha sido una frustración personal, pero lo doy por bien empleado”. Y en su alegoría de la investigación astrofísica, el barco se enfrenta a los monstruos marinos “la burocracia y las instituciones” y al peligro es interno “de la endogamia. En la investigación hay que ser generoso y dejar paso a las nuevas generaciones”.