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Felipe Hodgson: “Con mi obra del Cristo de La Laguna he roto con esa iconicidad religiosa que es la estampita”

Felipe Hodgson (Tenerife, 1951) es el autor de la obra pictórica que ilustrará el cartel anunciador de las Fiestas del Cristo de La Laguna de este 2019
Felipe Hodgson junto a su obra durante la presentación del cartel anunciador de las Fiestas del Cristo de La Laguna. / FRAN PALLERO

Felipe Hodgson (Tenerife, 1951) es el autor de la obra pictórica que ilustrará el cartel anunciador de las Fiestas del Cristo de La Laguna de este 2019. Una obra en la que afirma que ha roto “con esa iconicidad religiosa que es la estampita”, lo que reconoce que le ha supuesto más de una crítica. Pero Hodgson defiende que es un cartel “muy potente”. “Cuando la terminé y la vi al día siguiente me puse a llorar de satisfacción”, rememora desde su taller en la capital tinerfeña, repleto de cuadros, dibujos, grabados y esculturas creados a lo largo de más de 40 años de trayectoria artística, que ha compaginado con su otra pasión, la arquitectura.

-¿Qué sintió y pensó cuando desde la Esclavitud del Cristo le ofrecieron que realizara la obra del cartel del Cristo de La Laguna de este año?

“Lo que me pasó fue una reflexión interior, diciendo: esto es muy importante dentro de mi carrera pictórica. Plasmar un elemento que tiene una iconología religiosa muy potente…, es muy difícil llevarlo a un soporte, y me quitó un par de horas de sueño, por la preocupación de cómo plasmarlo”.

-¿Qué es lo que ha querido transmitir en su obra?

“Lo que he querido reflejar es, como en aquel tiempo no había un narrador como la televisión o un fotógrafo, yo me hice el supuesto de ser ese narrador. Entonces, me he puesto justo en el nivel de altura del Cristo, que está mirando hacia nosotros y está diciendo: el último suspiro que voy a dar. Y cae la cabeza. Décimas de segundos. Yo soy aquí un narrador de un momento, y aplico la técnica de una perspectiva muy forzada para transmitir un sentimiento, el de una crucifixión. Aplico también la técnica del claroscuro para acrecentar los contrastes entre la luz y la sombra en busca de un efecto dramático de una muerte. Y la pieza tiene un fondo con un color naranja rojizo que está asociado a la energía y a la emoción del ocaso del día. Dejé un ámbito a la derecha para que pusieran Fiestas del Cristo, y nada más, ni el templete antiguo que se ponía. El proceso creativo para mí es fundamental, trabajo con muchos modelos para crear una solución definitiva, tal cual que cuando la terminé y la vi al día siguiente me puse a llorar de satisfacción. Yo creo que la creatividad es una herramienta expresiva enormemente poderosa e influyente. El próximo año el cartel será completamente diferente, porque yo he roto esa iconicidad religiosa que es el recordatorio o la estampita”.

-¿Que reacciones ha recibido hacia su obra desde entonces?

“Muchísima gente está a favor de esta pintura, incluso tengo que mandar a Escocia y Bruselas un cartel para dos pintores que lo quieren. Y mucha gente me ha dado la enhorabuena. Pero también he recibido críticas feroces y hay una campaña contra el cartel, porque hay gente que quiere el recordatorio, pero ni me interesa ni entro al trapo, yo soy creador y punto. Yo soy un pintor al que se le ha encargado un tema, y la cuestión es crear y narrar la agonía de una muerte que te mira. Es un cartel muy potente”.

-¿No recibió ninguna directriz para su realización?

“No, ni vi ningún cartel anterior, porque quieras o no hay una influencia. Pero rompí con la academia y el rigor, y esa ruptura da una reacción contra ti, porque vas contra la norma”.

-¿Que supone el Cristo de La Laguna para usted y en su familia?

“Es sido pieza clave en mi familia, nosotros éramos devotos, todos los primeros viernes de mes estábamos obligados a ir al Cristo de La Laguna, y cada vez que íbamos nos daban una estampita, un recordatorio”.

-¿Es el primer cuadro que realiza de carácter religioso?

“No, a los 18 años dibujé a lápiz un Cristo, y tendré cinco o seis cuadros de Cristo”.

-Usted es arquitecto y pintor, ¿de dónde viene la vocación de arquitecto?

“De siempre, siempre quise ser arquitecto, porque la arquitectura es una conjugación de arte y saber distribuir, y eso se me daba”.

-En este campo, ¿cuál ha sido su desarrollo?

“Pues muy bien, diseñé la antigua estación de guaguas de San Benito, que en un espacio tan pequeño pude meter muchas guaguas; las piscinas municipales cubiertas de Añaza; viviendas VPO, colegios… Y sin dejar de pintar”.

-¿Y cómo se ha podido compaginar todo?

“Agotándome. Yo he hecho más de 40 exposiciones individuales y sigo teniendo la mente de 19 años, me sigo presentando a bienales, concursos…. Porque eso me da vida y fuerza, nunca me han quitado las ganas”.

-¿Cómo se logra mantener la ilusión y las ganas después de tantos años?

“Pues es un don que tengo, de decir: mañana voy a hacer tal o cual cosa. Es tener la necesidad de crear, entro aquí y es como mi mundo, esto es como el renacimiento, porque yo toco todo: escultura, pintura, grabados… Pero yo empecé con el dibujo. Mi padre me decía: aprende a dibujar, aprende a dibujar… y sigo aprendiendo a dibujar”.

Felipe Hodgson en su taller de la capital tinerfeña. / FRAN PALLERO

-La parte de pintor le viene de su padre…

“Sí, eso lo bebí de él, él me enseñó a entelar cuadros, con clavos negros de tapicero, a hacer una tela para pintar. Yo eso lo vi desde me pequeño. Y siempre me decía que siguiera dibujando, y eso le decía Picasso también. Y ya después empecé con las tintas chinas y le robaba a mi padre los óleos y poco a poco iba experimentando, y me fui a los hierros”.

-¿Qué le hizo dar el salto a la escultura?

“Porque además de arquitecto, que hay que conjugar planos y hacer formas, espacios, vacíos…, siempre tenía en mente la estructura para llegar a una solución. Hice esculturas recogiendo cosas y ensamblándolas, e iba a los escombros a buscar cosas, es una técnica que utilizaban muchos los americanos, y la forja la aprendí en Galicia, a doblar el hierro, con los hermanos Quinta Vergara; y aprendí grabado en Madrid, con Dimitri Papageorgius. Me encanta todo eso”.

-Usted ha experimentado con todos los estilos…

“Hago de todo tipo, según el día”.

-¿Y ahora con qué estilo está experimentando?

“Ahora estoy haciendo escultopintura, que son cuadros con relieves y mucho peso, agregando con mucho pegamento elementos, tela, papel, color…”

-¿Ha realizado ya alguna exposición con este nuevo estilo?

“Sí, hice una en el TEA”.

-¿Y en concreto con qué está trabajando ahora mismo?

“Estoy haciendo muchas acuarelas, investigándola de nuevo, porque siempre la tenía ahí, como un instrumento de apoyo, y ahora estoy creando con acuarelas”.

-¿Quiénes diría que son sus referentes o a quienes admira por su trabajo?

“El primero mi padre por supuesto, después fue don Alonso Reyes, que fue profesor en los escolapios y fue como un mentor para mí y me apoyó en todo. Y referentes, pues Francis Bacon, y están los americanos de ‘action painting’, con Pollock, De Kooning, Mark Rothko…. pero cualquier pintor que resuelva, me gusta”.

-¿Alguna anécdota de todos estos años de profesión?

“Bueno, una vez me compraron un cuadro, se lo llevaron y al cabo de un mes me dijeron: mira: que lo hemos puesto en la pared y nos gusta más el otro que estaba a su lado en la exposición. Y sí, lo cambiaron. Yo soy muy mal negociante (risas)”.

-¿Ha hecho muchas colaboraciones?

“En muchos sitios, con Radio Ecca, para el cáncer, di clases en Ámate, en temas de donaciones…. Si tengo estabilidad no la quiero mercantilizar”.

-Usted también dio clases en el pasado…

“Sí, en la escuela de arquitectura de Madrid y la Facultad de Bellas Artes de aquí. Salieron las incompatibilidades y apareció la contratación temporal, y pedí plaza pero me dijeron que lo sentían pero que no. A mí me encantaba dar clase, me quedé con la espinita, porque la facultad no me volvió a decir nada”.

-¿Desde cuando lleva trabajando en este estudio?

“Yo tuve mi primer estudio en Pérez Galdos y me vine a aquí en el año 81 o 82”.

-Tengo entendido que a usted le afectó bastante la riada del 31 de marzo…

“Sí, en el sótano perdí todos los cuadros de mi padre… Eso se llama una catarsis. Supuso recuerdos fuera, álbumes de foto, e iniciar todo, nuevo concepto de pintura…”.

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