
No fueron los de este año unos Carnavales cualquiera en Santa Cruz de Tenerife, como nunca lo son cuando coincide con un año electoral. Por si fuera poco, este 2019 no era un año electoral como los demás, dado que se celebraban no solo las elecciones locales y autonómicas, sino que, por primera vez en esta etapa democrática, se encadenaban con las generales. Las primeras tuvieron lugar el pasado 26 de mayo, mientras que las segundas se celebraron aún antes, el 28 de abril. Meses previos anidaban ya las dudas en Coalición Canaria sobre el resultado de dichos comicios ante la posibilidad de que, por primera vez desde que se presentan bajo tales siglas (e incluso antes), pudieran perder la Alcaldía de la capital tinerfeña (como finalmente ocurrió). No es de extrañar, pues, que se recurriera a un viejo método: organizar un gran Carnaval justo antes de las urnas. No en balde, por aquel entonces ya se hablaba, y mucho, de un claro ascenso del PSOE, que no dudó en presentar en la capital tinerfeña a un peso pesado electoral como Patricia Hernández, quien ya había derrotado a Ana Oramas y a Fernando Clavijo, la primera en unas generales; al segundo, en las regionales de 2015.
Sirva este preámbulo para comprender mejor cómo es posible que el Ayuntamiento santacrucero desembolsara más de medio millón de euros para contratar a una estrella internacional con el nivel del cantante dominicano Juan Luis Guerra, a quien acompañó un grupo reconocido como Orishas, pero con un caché muy inferior.
Lo cierto es que desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y más concretamente desde su Organismo de Fiestas, no se repararon en costes, dado que todos los especialistas consultados consideran las cantidades abonadas como absolutamente fuera de mercado.
No les importó que Juan Luis Guerra no estuviera de gira, lo que cualquier productor de este tipo de espectáculo sabe que encarece notablemente su contratación, mientras que Orishas, por el contrario, sí que tenía otros contratos cerrados en el Archipiélago por esa época.
Como no importó que primero se redactaran unos pliegos técnicos en favor de Radio Club para a continuación hacer otros de cláusulas administrativas a nombre de un particular, Alfredo Moré. Ni que ni uno ni otro aportase un documento que acreditase la exclusividad artística que justificara el procedimiento elegido, sin publicidad y de urgencia.
Lo importante era que todo Santa Cruz bailase al son de Juan Luis Guerra aquel 9 de marzo, mes y medio antes de las elecciones generales y, sobre todo, dos meses y medio antes de que se votara por la Alcaldía.





