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Dori duerme bajo techo después de 10 años al raso en la playa

Un programa pionero en Arona rescata de la calle con éxito a una decena de personas de cuatro nacionalidades, entre ellas una ciudadana polaca de 53 años, que reconduce su vida en un apartamento en Costa del Silencio junto a Luna, su perra inseparable. Ahora sueña con un trabajo “para ser independiente”
DORI PLAYA LAS VISTAS
Dori junto a Luna, su compañía más fiel en la playa y ahora en el estudio que comparten en Costa del Silencio (Arona). J.C.M.

Dori dormía en la Playa de las Vistas en Los Cristianos, donde se ganaba la vida haciendo pulseras con conchas que recogía cuando la marea bajaba y mostrándose a los turistas como estatua inmóvil en el paseo peatonal. Durante 10 años durmió al raso, con las estrellas como techo, la arena como colchón y Luna, su inseparable perra mestiza, como su gran compañía.

A sus 53 años, confiesa que lo peor era el frío de las madrugadas junto al mar y algún problema puntual con alguien también sin hogar, pero un año y medio después, echa de menos el sonido de las olas, recoger los pequeños caparazones marinos que deposita la marea en la orilla y las tertulias con los empleados de los chiringuitos. “La playa tiene sus cosas positivas y negativas, seguramente más malas que buenas, pero aún en los peores momentos me sentía protegida con Luna a mi lado, ella sabe identificar muy bien a las buenas y malas personas”, explica en un aceptable castellano con deje italiano.

Cuando se le pregunta por el significado de sus pulseras artesanales y de la creatividad que plasma en unas cartulinas de colores que vende con flores secas pegadas, responde con meridiana franqueza mientras dibuja una media sonrisa en su rostro: “Significa que me busco la vida”, afirma, antes de apurar la última calada de un cigarrillo.

Dori salió a los 10 años de su país, Polonia, y se estableció en la ciudad de Trieste, en el noreste de Italia, donde llegó a trabajar en una compañía textil y ejerció de cajera de peaje y de recepcionista. Admite que “tenía un trabajo bien pagado”, pero sus deseos de tomarse un año sabático que le permitiera poner tierra de por medio a una relación sentimental la llevó primero a México y más tarde al Puerto de la Cruz, donde residía una amiga polaca y donde trabajó como relaciones públicas en varios restaurantes. A pesar de que la memoria, dice, no es su punto fuerte, no olvida su aterrizaje en Tenerife. “Llegué el día de Navidad de 2007 para quedarme dos semanas y ya no me fui”.

Después de un rato de conversación, Dori pasa de puntillas a la hora de hablar de su familia. “Tengo una hija que vive en Londres, pero no mantengo contacto con ella, toda mi familia es Luna”, asegura, “lleva conmigo desde que nació”.

A Dori le tocó la lotería en mayo de 2018 al ser una de las diez personas elegidas por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Arona para ocupar una vivienda a través de un proyecto pionero en Canarias, denominado Hábitat Housing First, en colaboración con la asociación Provivienda (especializada en atender las necesidades residenciales de las personas con graves dificultades) y la Fundación Rais. El programa, que comenzó en el municipio sureño y que ya ha dado el salto a Santa Cruz, combate de manera individualizada el drama del sinhogarismo, ofreciendo un techo bajo el que dormir a personas que han vivido en la calle por un tiempo mínimo de tres años y que sufrían algún tipo de adicción.

“Este proyecto es una maravilla. Juan Nela y Natalia (los técnicos de Provivienda encargados de realizar un seguimiento a los usuarios) están siempre pendientes de mí, ahora lo único que pido es un trabajo”, explica a DIARIO DE AVISOS en el hogar que comparte con Luna desde hace año y medio en Costa del Silencio (“Mamma mía, cómo pasa el tiempo”, exclama). En el estudio que habita entró “temblando”, sin creerse que ya no cogería más el sueño con las estrellas en lo alto y con un ojo avizor para prevenir situaciones indeseadas.

Aquella primera noche, ella y Luna durmieron de un tirón, sin miedos a sobresaltos. Hoy es feliz en las cuatro paredes de las que cuelgan un mapa de la isla de Tenerife y una estrella de mar que muestra orgullosa como uno de los símbolos que definen su vida y que mima como si fuera un Picasso. “Aquí soy feliz y si ahora tengo que volver a la playa creo que me moriría”.

Dori salpica su relato con pequeñas historias que le han dejado huella. “¿Tienes tiempo y te cuento una cosa emocionante?” En ese instante abre una cerveza y comenta que en los primeros dos meses en el apartamento la perra daba unos síntomas de nerviosismo todo el día, una alteración como nunca antes había manifestado y que ella achacó a problemas de adaptación tras abandonar la playa.

Pero su sorpresa llegó un día en el que empezaron a llegar policías a la vivienda contigua. Había fallecido el inquilino que vivía al otro lado de la pared, con el que el contacto era prácticamente nulo, el mismo tabique que recorría el can con agitación. “Ese día Luna cambió su comportamiento de forma radical. Su nerviosismo desapareció, volvió a estar tranquila, y te lo cuento y se me pone la carne de gallina”. La protagonista de la historia parece ajena por completo al relato de su dueña: duerme enroscada en el sofá.

Dori, como los restantes usuarios del programa, percibe una ayuda económica anual para alimentos, aseo y limpieza del hogar, pero, como sus compañeros, reclama una oportunidad laboral “para ser independiente”. Un convenio del Ayuntamiento de Arona le permitió trabajar, tiempo atrás, en tareas de limpieza y mantenimiento. Aunque reconoce su sentido del humor y “la gente me ve positiva”, confiesa que cuando atiende a este periódico no está en su mejor momento anímico, y parece expresarlo con el último sorbo de cerveza.

Las viviendas en las que residen las 10 personas rescatadas de la calle proceden del mercado privado y son alquiladas a sus propietarios gracias a la financiación del Ayuntamiento de Arona, Gobierno de Canarias y la Obra Social de La Caixa, explica Juan Rodríguez, el técnico que nos acompaña durante la visita, que destaca las “cero incidencias” a lo largo de los más de dos años que lleva en marcha el proyecto en el Sur.

El director territorial de Provivienda en Canarias, Fernando Rodríguez, manifestó a este diario que el programa supone un “cambio de paradigma total” a la hora de atender a las personas sin hogar, ya que se centra en las necesidades de cada individuo sin ningún recurso. Por su parte, el alcalde de Arona, José Julián Mena, indicó que el trabajo con quien no dispone de una vivienda “no puede limitarse a recursos puntuales o de emergencia, se trata de un problema serio que afecta a la dignidad y los derechos de las personas”.

Dos años después, la decena de usuarios elegidos en el municipio sureño (ocho hombres y dos mujeres, de cuatro nacionalidades) han superado el examen. Todos han logrado retener su vivienda al cumplir con las obligaciones que contrajeron para su mantenimiento. Se resisten a ser alistados, otra vez, por la calle. Saben que es su última oportunidad.

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