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La guerra contra el virus no da tregua y cada vez más países deciden luchar

Las naciones se unen para efectuar el mayor despliegue de tropas científicas y sanitarias realizado hasta la fecha en el mundo; la cura, en camino, y las consecuencias económicas, aún por determinar
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El plasma de la sangre de los recuperados está siendo analizado, porque posee anticuerpos que pueden ayudar a otros pacientes a afrontar la Covid-19. DA

China es el gran ejemplo que todos siguen. Fue el país donde comenzó la pandemia, el lugar en el que se tomaron las medidas más restrictivas de confinamiento de poblaciones para prevenir el contagio. Y ahora no solo está en boca de todos los líderes europeos el éxito de sus protocolos, sino que va encaminada a llevarse el triunfo en la carrera por una vacuna contra el virus, a la que se han sumado desde la distancia Estados Unidos, Alemania, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea. De hecho, es tal el avance en las investigaciones que las autoridades chinas ya han anunciado que están realizando pruebas en humanos, lo cual reflejaría que están encarando la última fase del desarrollo de una cura.

La cloroquina y sus variantes, recetada para el tratamiento de la malaria y la artritis reumatoide, es la gran apuesta de distintos países como Estados Unidos, Francia y Alemania. Donald Trump, con su estilo mediático y polémico, se aventuró desde un primer momento a recomendar su consumo, visto el efecto positivo que parece provocar en las personas contagiadas -a falta de estudios que avalen esas facultades-, especialmente para la neumonía, uno de los síntomas más graves de la Covid-19. Pero dicha afirmación, expuesta a la ligera y sin aportar ningún dato adicional, provocó que un matrimonio sexagenario ingiriera un producto incorrecto y murieran como consecuencia de ello.

Un desafortunado incidente que no ha enturbiado las esperanzas de parte de la comunidad científica en el fármaco. Es más, tal como publicó ayer DIARIO DE AVISOS, hay expertos como la investigadora española Elena Gómez-Díaz que opinan que la hidroxicloroquina, actualmente administrada a enfermos con pronóstico grave y “en estado muy terminal”, puede llegar a resultar efectiva para evitar nuevos contagios, de acuerdo a un estudio encabezado por el epidemiólogo catalán Oriol Mitjá. “Si una persona tiene partículas virales en su organismo, con la hidroxicloroquina evitaríamos que el virus infecte a sus células antes de que desarrolle la enfermedad”, indicaba la especialista.

Otra de las soluciones que se divisan en el horizonte puede tener que ver con aquellos que ya han logrado superar la patología. El plasma de la sangre de los recuperados está siendo analizado en Estados Unidos, puesto que posee anticuerpos que pueden ayudar a otros pacientes a afrontar la enfermedad mejor y más rápido. Una técnica que también han empezado a ensayar el Centro de Transfusión de la Comunidad de Madrid porque su aplicación, de demostrarse que es realmente efectiva, sería mucho más veloz y sencilla.

¿Cuál será la solución definitiva? Se desconoce. Igualmente, hay varios frentes abiertos, y la colaboración entre países está siendo crucial para que los tiempos de desarrollo disminuyan. En condiciones normales, estaríamos hablando de una franja que puede oscilar entre el año y medio y los dos años para obtener una cura. No obstante, en este contexto de lucha encarnizada contra el virus, sumando el esfuerzo de los mayores expertos en este tipo de patologías del mundo, tal como ha intentado hacer la OMS con su proyecto Solidarity, estamos ante, quizás, la guerra más épica emprendida por la ciencia hasta la fecha contra un microorganismo; un enemigo diminuto que atemoriza a poblaciones enteras, provoca la adopción de medidas extraordinarias y causa un impacto económico devastador, que el Fondo Monetario Internacional tilda de “más grave” que el acontecido tras la crisis de 2008.

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