coronavirus

Cuarenta días en cuarentena

A pesar de lo brutal que ha sido el primer impacto de la pandemia en las Islas, con 121 fallecidos y casi 20.000 nuevos parados, los canarios han logrado frenar la propagación masiva del coronavirus y se preparan para un desconfinamiento gradual que estará marcado por una crisis económica sin precedentes
SANTA CRUZ ESTADO DE ALARMA
SANTA CRUZ ESTADO DE ALARMA
La empatía de los confinados con el personal sanitario es una muestra de que el civismo ha imperado abrumadoramente entre la ciudadanía. Sergio Méndez

Hoy hace cuarenta días que los españoles y, por ende, los canarios, amanecieron con el país bajo un estado de alarma con aislamiento domiciliario que ha cambiado sus vidas a pesar del escaso tiempo transcurrido. Todo ello por la inaudita propagación de un coronavirus (SARS-CoV-2, que produce la enfermedad conocida como Covid-19) surgido en Wuhan (el centro político, económico, financiero, comercial y cultural de China central) y que, en apenas unos meses, se ha extendido por todo el planeta gracias a su temible capacidad de contagio, generando un funesto coste en vidas humanas, con especial incidencia entre las personas de mayor edad y pacientes con patologías previas.

A pesar de lo brutal que ha sido el primer impacto de esta pandemia en las Islas, con un balance de 121 fallecidos (solo en marzo) y casi 20.000 nuevos parados, lo cierto es que los canarios no solo han logrado frenar la propagación masiva del coronavirus-19, sino que ya se preparan para comandar a nivel estatal un desescalamiento que será gradual y estará marcando por los efectos de una crisis económica sin precedentes. Su zona cero en las Islas es el inevitable apagón del turismo, gran motor económico (35% del PIB y 40% del empleo) en un Archipiélago abocado a reinventarse para no sucumbir de nuevo ante la pesadilla de la miseria generalizada.

Aciertos y errores

Si, a pesar de todo, Canarias tiene motivos para la esperanza, es porque tanto el confinamiento como ese turismo cero han sido las herramientas adecuadas para controlar dicha propagación del virus, y por eso los isleños exigen hoy a Madrid ser los primeros en el desescalamiento. Queda lejos aquel 27 de marzo, el peor día en cuanto a número de contagios (136), y los nueve nuevos casos del pasado martes son el mejor dato desde el ya lejano, al menos en la memoria, 3 de marzo pasado.

Hasta ayer, las cifras que presenta Canarias desde la perspectiva sanitaria son las siguientes: un total de 2.113 casos acumulados, con incrementos diarios como el de ayer mismo (0,9%) que alimentan el optimismo. De dichos contagiados, 1.023 continúan activos, por 969 personas que han recibido el alta tras superar el coronavirus, ocho veces más que el número de los referidos 121 fallecidos. En el detalle, mientras Tenerife y, en menor medida, Gran Canaria siguen siendo las islas con mayor incidencia, territorios como La Graciosa, El Hierro y La Gomera tienen nula o poquísima incidencia. De ahí que el Gobierno de Canarias, con su presidente, Ángel Víctor Torres a la cabeza, se desgañiten en Madrid para que el desescalamiento en dichas islas esté acorde con semejantes datos.

Pero la sábana es corta, y lo que facilita la mejora en lo sanitario complica el panorama económico. Aunque el Gobierno ha prohibido los despidos en razón de la pandemia, los datos de marzo sobre desempleo situaron a Canarias como comunidad más castigada del país, y los trabajadores isleños afectados por las regulaciones de empleo temporal son cerca de 200.000. Datos demoledores para una región de por sí castigada por altos niveles de miseria y marginalidad.

El avión, cuyo cargamento fue adquirido directamente por el Gobierno de Canarias, llegó esta tarde al aeropuerto de Gran Canaria. Gobierno de Canarias
La pandemia, en estos cuarenta días, ha hecho que la mejor noticia en los aeropuertos isleños sea el aterrizaje de cargueros con material para los sanitarios

‘Plan Marshall’ y endeudamiento, únicas salidas factibles

“La elevada dependencia de la economía de Canarias del sector turístico, y el colapso que, sin ningún género de dudas, va a experimentar el sector (ya lo está experimentando), adelantan una elevación considerable del desempleo en las Islas”. El párrafo figura en un informe de la patronal hotelera sobre los efectos que la pandemia tendrá en la economía isleña, y sus negros augurios son compartidos por el resto de analistas. Un ‘plan Marshall’ o endeudamiento masivo, únicos remedios plausibles.

La clase política isleña: del elogio a la amenaza de volver a lo de siempre

A diferencia de los aires de crispación que se respiran a nivel estatal, con los radicales aprovechando la crisis para arrimar el ascua a su sardina sin ni siquiera el pudor debido a la pérdida de vidas humanas, lo cierto es que la política canaria ha vivido esta pandemia, hasta hace bien poco, con la exigible apariencia de unidad y sensatez debida a los ciudadanos, quienes al fin y al cabo son los que más sufren cuando vienen mal dadas. El Gobierno de Canarias, con Ángel Víctor Torres y Román Rodríguez al frente, han agradecido al resto de fuerzas políticas isleñas su saber estar. Sin embargo, la posibilidad de una moción de censura en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha dinamitado esa imagen de lealtad responsable. Todo apunta a que si los muñidores de una operación tan democrática como impresentable a la vista de unos vecinos atónitos ante el retorno de lo que entienden como mero juego de sillas siguen adelante pese al evidente coste en imagen y prestigio, el veredicto popular será implacable con una clase política que, con méritos propios, no goza precisamente de buen predicamento social.

Una mujer con una mascarilla. Sergio Méndez
Una mujer con una mascarilla. Sergio Méndez

Las mascarillas, el teletrabajo y la sanidad pública ya no serán lo mismo

Hay novedades surgidas a cuenta de la pandemia por la Covid-19 que, lejos de ser flor de estos tiempos en estado de alarma, llegan para quedarse en la primera fila de las costumbres de los canarios.

Más allá de la suerte que corra este coronavirus-19, la lección aprendida pasa por las medidas preventivas para evitar contagios, y cuarenta días después de decretarse el confinamiento, la mascarilla tiene todos los visos de convertirse en un artículo cotidiano a la hora de las aglomeraciones inevitables como el transporte público o en lo laboral, donde también destaca el teletrabajo, que ha recibido un inesperado pero sólido impulso en su implantación más en un país como España, donde el acceso a Internet tiene una penetración abrumadora.

También la sanidad pública a sale muy reforzada de esta pandemia al demostrar que cuando vienen mal dadas, supone una garantía imprescindible (y exigible) para el Estado de Bienestar.

Por el contrario, los efectos en la economía son devastadores, y no digamos ya en la sumergida, que en Canarias tiene un volumen estimado superior al resto del país. Pésimos tiempos para los cáncamos, como recordaba Alberto Rodríguez (Unidas Podemos).

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