puerto de la cruz

La metamorfosis de Carles

Obligado a cerrar su restaurante por el Estado de Alarma, el dueño de Kafka prepara hace dos meses el almuerzo para las personas sin hogar que viven en el hotel Puerto Azul
Kafka
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El chef Carles Cano Campos regenta desde hace trece años el restaurante Kafka, ubicado en la calle Cruz Verde en el Puerto de la Cruz, en el barrio de La Ranilla. Sergio Méndez

Igual que Gregorio Samsa, un comerciante de telas que se transformó un día en un monstruoso insecto, un simple calabacín, un tomate o un trozo sangriento de carne, se pueden convertir en el más exquisito de los manjares.

El juego que el escritor checo Franz Kafka plantea en su libro La Metamorfosis es el mismo que Carles Cano Camps hace cada día con los alimentos: transformarlos.

El cocinero catalán regenta desde hace trece años el restaurante que lleva el apellido del escritor, ubicado en el número 2 de la calle Cruz Verde, en el Puerto de la Cruz, en pleno barrio de La Ranilla. Obligado por el Estado de Alarma, hace más de dos meses cerró sus puertas y como tantos otros establecimientos de restauración, tuvo que acogerse a un ERTE.

Cuando el chef conoció la iniciativa de su amigo, el propietario del hotel Puerto Azul, de acoger a gente sin hogar, no lo dudó y se ofreció a preparar los menús que cada mediodía saborean las personas que viven allí, en un recurso asistencial gestionado por Cáritas Diocesana.

Las primeras semanas aprovechó los productos que le quedaban pero después, gracias a varios de sus proveedores, fue consiguiendo alimentos que le permiten elaborar un menú distinto y variado cada día que prepara con la ayuda de uno de sus empleados, que también se ha ofrecido como voluntario.

Los usuarios de Cáritas van cada día a buscar lo que donan las empresas, se lo llevan y entre todos ponen su granito de arena para tener un plato de comida caliente y balanceada. Si falta algún ingrediente, él lo compra.

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Kafka, ubicado en la calle Cruz Verde en el Puerto de la Cruz, en el barrio de La Ranilla. Sergio Méndez

El viernes, por ejemplo, tocó crema de zucchinis con puntas de espárragos y jamón, de primero, y merluza al horno con berenjena asada y un popurrí de pasta con brócoli, como plato principal. El día anterior fueron garbanzas con verdura. “Se intenta que sea una dieta equilibrada y que haya variedad entre carne, pescado, pollo, verduras, pasta y legumbres. Ellos se merecen comer bien, también son personas”, subraya. Además de preparar el almuerzo, ayuda cortando el fiambre que le llevan en su máquina para el desayuno.

En estos dos meses ni siquiera ha hecho comida para llevar, como otros establecimientos que encontraron en la entrega a domicilio o la venta online una salida económica ante la actual crisis. Carles todavía no sabe cuándo va a abrir su negocio. Está hablando con los proveedores y poniendo las etiquetas que exige Sanidad. “En principio, si todo va bien, en junio”, dice.

Su situación es complicada porque Kafka tiene muchos clientes que tienen a la Isla como segundo lugar de residencia. “Aquí pasan tres o cuatro meses, y hasta que no se abran las fronteras hay mucha incertidumbre”, apunta el cocinero.

El Covid-19 le hizo cambiar sus planes por completo. Mayo era el mes que siempre cogía para disfrutar de sus vacaciones porque es temporada baja y además, aprovechaba para ir a un hotel de Alemania a participar de unas jornadas gastronómicas canarias que tendrán que esperar hasta el próximo año.

Carles eligió el nombre de su restaurante en homenaje al escritor, uno de sus favoritos, al que le obligaron a leer en segundo de BUP. En el interior del local hay un cartel que reza ‘Metamorfosis’, el título de uno de sus libros más conocidos “y eso es lo que hacemos en aquí en cocina. En la cita del diccionario no existe una entrada culinaria, por eso me la inventé yo, porque es una transformación de los alimentos”.

El gesto solidario que Carles Cano Camps tiene desde hace dos meses con 20 personas sin hogar, seguramente dejará huella en su vida y en la de su familia. Pero su metamorfosis, inducida por el Estado de Alarma, tendrá resultados muchos más gratificantes y positivos que la sufrida por el pobre comerciante protagonista del libro.

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