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Canarias presenta sus credenciales sanitarias para dejar atrás el coronavirus

Los registros de contagios y recuperados, y las medidas adoptadas por los responsables del Ejecutivo regional avalan que dentro de cinco días se avance al último escalón. La primera región en tener el coronavirus en España quiere ser también la primera en dejarlo atrás
Una paciente es atendida en la zona Covid-19 habilitada en las Urgencias del Hospital Universitario de Canarias (HUC). Fran Pallero

Restan cinco días para que todas las Islas alcancen la fase 3 de la desescalada el próximo lunes 8 de junio. Estamos a tiro de piedra de la “nueva normalidad”. En cuatro meses hemos pasado de ver muy lejos el coronavirus, allá en el continente asiático, a sufrir un confinamiento brutal que ha afectado a la salud física y mental de muchos canarios y ha lastrado la débil economía del Archipiélago, pero ya se comienza a ver una luz de esperanza tras este largo tunel.

El nuevo SARS-CoV2 (el virus) y Covid-19 (la enfermedad), pertenece a la familia de los coronavirus, llamados así por una especie de picos en la superficie del virus. Es primo del SARS, que apareció por primera vez en 2002 y causó más de 8.000 personas infectadas y 800 muertes, y del MERS-CoV, que se identificó en el 2012. Los primeros casos se asocian con un mercado de animales en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019 y se piensa que saltó de murciélagos a un mamífero intermediario (quizás pangolinos), y de ahí a los humanos. Su principal vía de transmisión es aérea, a través de pequeñas gotas que se producen cuando una persona infectada tose o estornuda, también se transmite al tocarse ojos, nariz o boca y superficies contaminadas. Un estudio encontró que puede permanecer sobre algunas superficies entre algunas horas y hasta uno o dos días.

Canarias recibió el primer caso el 31 de enero de 2019. Un alemán se contagió en su país antes de viajar a La Gomera de vacaciones. Tras 15 días la crisis se solventó satisfactoriamente. El 14 de febrero recibió el alta.
Afrontamos posteriormente unos carnavales atípicos, con mal tiempo en forma de fuertes rachas de viento e intensa calima que aguó la fiesta. Una histórica tormenta de polvo en suspensión africano provocó el cierre del espacio aéreo cancelando más de 820 vuelos, y disminuyó la afluencia de personas en las fiestas de Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria. El coronavirus ya circulaba sigilosamente por las Islas.

El lunes recuperábamos la normalidad aérea pero en la tarde noche saltaron las alarmas por el positivo de un turista italiano. En la madrugada del 24 de febrero la Consejería de Sanidad decretó el confinamiento de casi mil personas en el Hotel H10 Costa Adeje Palace ya que llevaba una semana hospedado. Se confinó a todos los clientes en sus habitaciones, 723 huéspedes de 25 nacionalidades, así como se controló a los trabajadores. Canarias recibió duras críticas, parecía una medida exagerada y dañina para el sector turístico, era la primera vez que se tomaba una decisión similar. Sin embargo, el trabajo de los servicios sanitarios y el personal del hotel permitió que este posible foco de contagio no se extendiera a toda la Isla. Era el preludio del confinamiento al que se verían sometidos todos los canarios semanas después. Poco a poco fueron cayendo los casos positivos en el establecimiento, hasta un total de siete.

La vida continuaba y sorprendía de nuevo a La Gomera el día 26 con el positivo de una mujer que había viajado a Italia. El país trasalpino volvía a ser protagonista, cuando el 5 de marzo tras volver de una visita a sus familiares, un italo-lagunero presentaba síntomas, y se conoció el primer contagio en Gran Canaria. Los días siguientes saltaban exponencialmente los contagios entre viajeros que habían regresado de Italia y la península y sus familiares y amigos más cercanos. La expansión del coronavirus entre la sociedad era imparable. El SARS-CoV2 demostró que puede transmitirse de una persona a otra con bastante facilidad. La OMS estimó que el número reproductivo básico (R0) del virus era de 1,4 a 2,5, aunque otros estimaban entre 2 y 3. Esto quiere decir que cada persona infectada puede a su vez infectar a entre 2 y 3 personas, aunque se vieron supercontagiadores, capaces de contagiar hasta a 16 personas. Para controlar una epidemia, la R0 necesita disminuir por debajo de 1.

Cierre de Residencias y centros educativos

El 8 de marzo se conoció el positivo de un profesor del Colegio Los Salesianos de La Orotava que había viajado a Madrid. Solo asistió al centro solo un día, pero seis compañeros se autoaislaron y no acudieron a clase ese lunes, al igual que el 50% de los alumnos, lo que obligó a la dirección del centro a suspender las clases. El día 12, la consejera María José Guerra suspendió la actividad presencial. Unas horas antes, la Consejería de Asuntos Sociales prohibió las visitas a las Residencias de mayores y cerró los Centros de Día debido al riesgo de contagios y de fallecidos. Canarias volvía a adelantarse.

El Gobierno de Pedro Sánchez no tuvo más remedio que declarar el estado de alarma el 14 de marzo para gestionar la situación de crisis sanitaria. La realidad geográfica insular y la drástica decisión de cerrar el espacio aéreo de las Islas en el inicio del confinamiento permitieron que la propagación del virus fuera menor que en el territorio peninsular. El día 13 se contabilizó el primer fallecido en las Islas.

La multiplicación de positivos durante la pandemia puso en alerta el posible colapso en los hospitales de referencia de las Islas. Sin embargo, la maltratada sanidad pública aguantó como una campeona gracias o unos profesionales que demostraron su valía, luchando durante muchas semanas a pecho descubierto contra un virus que dejó damnificados (casi 590 contagios entre sus filas, y 51.500 a nivel nacional, con 63 fallecidos) debido a una falta de medios que se agravó con una fatal medida de compra centralizada de material, cuando desde hace décadas son las Comunidades las que mantienen los contactos directos con los proveedores sanitarios.

A mediados de marzo, Canarias ya tenía medidas de prevención ante una posible expansión de la pandemia y el colapso del sistema sanitario público. Además de la medida estatal de unir las sanidades públicas y privadas en una sanidad única, las Islas propusieron de habilitar espacios hoteleros tanto para acoger al personal sanitario que lo deseara como para alojar a enfermos asintomáticos para que pasaran el confinamiento. El Cabildo de Tenerife y la consejería de Sanidad organizan gracias a Cruz Roja un hospital de campaña en la planta 1 del Recinto Ferial por si fuera necesario, y se habilitaba una clínica privada para trasladar enfermos no Covid. El 31 de marzo el Archipiélago ya acumulaba 1.262 contagios, 57 altas hospitalarias y 55 fallecidos (15 de ellos el 30 de marzo).

Canarias mejoró en abril los porcentajes de contagios y letalidad, mientras las altas hospitalarias siguieron aumentando. Mayo confirmó la franca mejoría con rachas de varias jornadas sin fallecidos por ejemplo, del 12 al 16 de mayo, igualada por la de esta semana, mientras los recuperados aumentan más que los contagios y los fallecidos. Además de los datos sanitarios, el número reproductivo básico de contagio (R0) del virus en el Archipiélago está estabilizado. Con la llegada de material también se aumentó la capacidad de realizar pruebas diagnosticas PCR y de detección de anticuerpos. También destacó la mejora de los procedimientos, por ejemplo, en el departamento de microbiología del Hospital de la Candelaria para realizar test más velozmente. Actualmente se realizan más de 3.000 PCR diarios.

Varias personas disfrutan en una terraza de Santa Cruz. | Sergio Méndez

Todas las medidas adoptadas han dado prestigio a Canarias y su capacidad para hacer frente a la pandemia, lo que ha permitido avanzar sin descanso en la desescalada. Estamos controlando el problema, pero no hemos acabando con la pandemia. La responsable actitud de la sociedad canaria se ha visto empañada en los últimos días por un contagio intrafamiliar de nueve personas en una comida en Tenerife, la tensa espera por conocer si salta algún contagiado tras el multitudinario entierro en Guía de Isora, o el irresponsable pasajero de un avión que viajó de Madrid a Lanzarote sabiendo que era positivo. No hay que bajar la guardia.

La primera región en tener el virus quiere ser la primera en dejarlo

Canarias presenta una gran tarjeta de presentación para avanzar en el control de la mayor pandemia sanitaria que se recuerda desde hace un siglo. El lunes comienza el principio del final para el Archipiélago, los últimos 14 días de la fase 3 para las cinco islas mayores, (Tenerife, La Palma, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote) pues los habitantes de La Gomera, El Hierro y La Graciosa afrontarán los últimos siete días, salvo complicaciones imprevistas, para volver a la normalidad. Será el Gobierno de Canarias el que dictamine si continuará con las prudencia y agotará las dos semanas que se han aplicado hasta el momento, según la recomendación de los expertos de la OMS (el tiempo que transcurre entre la exposición a la Covid-19 y el máximo que comienzan los síntomas) o o adelanta una semana para salir todas las Islas juntas. El primer territorio nacional donde llegó el Covid-19 quiere ser el primero en atajarlo.

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