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Sin voladores ni petardos hasta el final del año

Suspendidas las grandes y pequeñas fiestas de todos los municipios, las pirotecnias, como La Candelaria, en Güímar, van a perder más de 300.000 euros de abril a octubre, mientras piden a los ayuntamientos que tiren “fuegos” que se pueden ver sin tener que salir de casa
Tanausú Estévez, propietario de la Pirotecnia La Candelaria, de Güímar y presidente regional de los pirotécnicos / DA

Muchos son los sectores económicos en Tenerife que han quedado seriamente dañados a raíz de la crisis del coronavirus Covid-19, en especial todos aquellos relacionados con el turismo, con la hostelería, la restauración, el comercio, el transporte y desde luego, los relacionados con la cultura y el ocio.

La suspensión de las fiestas patronales de los barrios, pueblos y ciudades de Tenerife han supuesto un gran agujero negro para las empresas relacionadas con el ocio y la música, pero también para un sector pequeño, pero fundamental en toda celebración que se precie, al menos cuando llega el verano: los fuegos artificiales, los voladores y los petardos.

Sin festejos -casi todos los pueblos del Sur los han suspendido al menos hasta septiembre u octubre- no habrá verbenas y se quedarán parados cientos de músicos de nuestras tradicionales orquestas, pero también se les vaciará el depósito de la paciencia a las empresas que montan carpas, mesas y sillas, a las empresas de sonido y en general a todos los que de alguna manera tienen a las fiestas como principal fuente de riqueza.

“De abril a octubre voy a pierde más de 300.000 euros, solo en la Isla de Tenerife”, afirma Tanausú Estévez, propietario de la Pirotecnia La Candelaria, en Güímar, propietario además de la Pirotecnia Jordi, en Arafo y representante de la empresa valenciana La Gironina en Canarias. Estévez es además el presidente de la Federación Pirotecnia de Canarias y calcula que este año se pueden perder “más de dos millones de euros” por la suspensión de casi todas las fiestas “hasta final de año”.

Al menos, a los pirotécnicos, le queda el consuelo de que “el material no se caduca en cinco años, pero muchos pedidos a Valencia han tenido que ser cancelados”, recordando que aquí, los ayuntamientos “deberían acordarse de nosotros, como lo hizo Valencia, que pagó el 80% de lo que estaba presupuestado en las Fallas”, comenta, dando una idea para mantener los fuegos: “Se podrían tirar, como se hace en La Laguna con el Cristo, desde una montaña y que la gente los vea sin tener que salir de sus casas a una verbena”.

Lamenta que este año ya se hayan suspendidos los fuegos que ya tenía contratado para Fátima, El Puertito, San Pedro y El Socorro, en Güímar; los de Playa San Juan y Alcalá, en Guía de Isora, Los Cristianos o los de La Caleta de Interián, en Los Silos, los de Tejina y los de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, en La Palma”.

Tanausú Estévez no solo lo lamenta por los que “nos dedicamos a los fuegos” sino a todos aquellos que viven de las fiestas “sobre todo las orquestas y las empresas de sonido, de mesas y sillas”, porque “nadie se acuerda de lo mal que lo van a pasar”, al menos “hasta final de año”, pronostica, dando por sentado que “el verano está perdido, cero euro”, remarca.

Ni petardos

Si las grandes pirotecnias de la Isla están paradas, como la nombrada La Candelaria o la reconocida de los Hermanos Toste, en Los Realejos, pasa lo mismo con las grandes tiendas (Mil Petardos) o las pequeñas de petardos, como Pirotecnia El Carmen, que lleva en Güímar, en solitario, Chari. “He abierto hace unas semanas, pero lo hago solo cuatro horas al día, porque no vendo nada”.

Su negocio se dedica ahora “solo a vender”, tras dejar la fabricación de voladores y petardos, pero “sin fiestas en los pueblos no se mueve nada, ni siquiera vendo petardos para cumpleaños o voladores para bodas”, lamentando que “ni siquiera se celebren este mes las promesas de San Pedro, que siempre me compraban voladores para cuando pasaba el santo por sus casas”, relata Chari.

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