conversaciones en los limoneros

Chago Melián: “El mundo del espectáculo está muerto”

Ha logrado que Los Sabandeños canten en hawaiano y hay un disco, ya editado y pendiente del mercado, que hace una mezcla increíble de sentimientos entre lejanas islas unas de otras
LIMONEROS CHAGO MELIÁN
LIMONEROS CHAGO MELIÁN
Fotos: Tony Cuadrado

¿Y ahora qué digo yo? ¿Es mejor cantante este tenor que todavía da sin esfuerzo el do de pecho y que canta el Ave María de Schubert como los ángeles? ¿O acaso es mejor pintor, no de santos de alcobas sino de Teides y de los vientos y atardeceres increíbles de Oahu, en Hawái? Es Chago Melián, señoras y señores (La Punta, 1948), que se conserva como un campeón y que sigue en la brecha como otro campeón; y que me dice, con tristeza, que “el mundo del espectáculo está muerto”. Pero va a resucitar, Chago. Ha logrado que Los Sabandeños canten en hawaiano y hay un disco, ya editado y pendiente del mercado, que hace una mezcla increíble de sentimientos entre lejanas islas unas de otras. La vocación hawaiana de Chago le viene de antes de su matrimonio con la bella Kamuela, a la que impuso un collar de flores nada más bajarse del avión en Los Rodeos, hace ya muchos años. Ella venía a actuar en un espectáculo de música y baile. Surgió el amor y llevan juntos tropecientos años y tienen en común una hija artista, la menor de los tres hijos del cantante. Y Chago dice cosas tan bonitas como esta:

“Las voces son como los colores porque desprenden más o menos luz”.

-A lo mejor resulta que también eres un poeta.

“¿Por qué lo dices, porque hice cantar a un hawaiano unas folías en su idioma?”.

-Llevas a ese archipiélago en el alma.

“Es que yo tengo dos tierras, la de mi mujer y la mía. Nosotros llevamos aquí anillos. Ellas llevan flores en el pelo y las cambian de lado cuando están solteras o casadas. Y si la colocan detrás, en el centro de su cabello es que desean encontrar el amor: “follow me”, dicen, que significa “sígueme”. ¿Habrá algo más bello?”.

-Definitivamente, Chago, eres un poeta. ¿Todavía se te ponen los pelos de punta cuando cantas?

“¿Y a quién no se le ponen los pelos de punta con el Ave María o con Patria Canaria, ese himno de Braulio?

(Y entonces le cuento una historia. Chago Melián le canta cada año a la Virgen del Carmen portuense, cuando llega julio y la embarcan en una falúa. Esa imagen, querido amigo, tiene una historia que casi nadie conoce. Su escultor, Ángel Acosta, estaba enamorado de una prima suya, pero nunca se lo dijo. Era una portuense bellísima, que se casó joven. Cuando le encargaron la talla de la Virgen, él reflejó en la imagen el rostro de su amor imposible. La joven también se llamaba Carmen, Carmen Acosta, que ya había muerto cuando el imaginero realizó la talla. La historia es tan cierta como que me la contó su propia hija).

“Ahora también me has puesto los pelos de punta”.

-Casi todos los grandes tenores se dedican a la ópera o a la zarzuela. Tú no.

“Cada cual toma su camino. No me ha dado por ahí. Por supuesto que canto a los clásicos y que me emociono con ellos, pero yo elegí otro tipo de melodías y me ha ido bien. Cuando tenía 20 años yo podía tener el mismo registro de Celso Albelo, uno de los más grandes. Hoy no, claro, pero la voz la conservo increíblemente bien. Y esto me anima a seguir en los escenarios”.

-¿Pintor y cantante o cantante y pintor?

“¿Y si te digo que pintor más que cantante?”.

-Pues después de ver tus cuadros, no lo sé, la verdad. Me he quedado impresionado.

“Hombre, llevo ocho discos grabados, no me obsesiona el número, la verdad, está bien grabar uno cada tres o cuatro años. No quiero, como algunos otros, ir a disco por año. Y un montón de cuadros pintados. Y soy capaz de captar con mis pinceles la sinfonía de orquídeas salvajes que se dan en Hawái y que todo el mundo puede tomar en sus manos. Y ver cómo explotan los volcanes sentado en el patio de un hotel, con la lava corriendo a mi lado. Y aquí preocupándonos por si un día al Teide le da por llamar la atención”.

-Pero en Hawái no hay gofio.

“¡No que va! No habrá gofio, pero está el poi, que sacan de una especie de ñamera y que se lo comen con todo, porque logran un producto exquisito”.

-Lo tuyo es premonitorio. De niño le rezabas con tu madre y tus hermanos, cada noche, al padre Damián, el santo de Molokai, la isla de los leprosos, en el archipiélago de Hawái.

“Tienes razón. Mi vida es un cúmulo de casualidades. Rezábamos al padre Damián, aquel misionero católico belga, quizás después de ver aquella peli, Molokai, la isla maldita. Eso, por una parte. Yo cantaba, desde muy joven, la música hawaiana de Elvis Presley, que aunque era de Memphis adoraba las melodías de las islas, que a mí también me entusiasmaban. Y luego aparece aquel bellezón en Los Rodeos, mi mujer. Son extrañas casualidades. Sí te diré que mi vida está ligada al mar. Siempre lo tengo que estar oyendo, no puedo vivir sin el ruido de las olas”.

-Igual el padre Damián te está mirando desde un rincón de Molokai.

“Murió leproso, salvando leprosos. Allí se siente todavía el dolor de los presos, recluidos en barracones, sin el cariño de sus familias, como unos apestados. Hoy la lepra no tiene problemas para ser curada, pero en su día fue una tragedia universal. Ahora tenemos otras tragedias. Y, aunque parezca increíble, la tragedia de hoy tiene similitudes con aquella, en pleno siglo XXI. Parece que no aprendemos de la muerte”.

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Fotos: Tony Cuadrado

-¿Estudiaste música?

“No, yo soy como el pan de leña”.

-¿Y pintura?

“Sí, tuve la suerte de recibir lecciones de Pedro González y de Rafael Delgado”.

-Nada más y nada menos, Chago. Tus conciertos con la Sinfónica despiertan pasiones; y críticas muy buenas.

“Bueno, esas actuaciones de fin de año, con el mar al ladito, con frío y con la luz que tiene nuestra noche, agüita. En Hawái llaman kukui a la luz”.

-¿Te acuerdas cuando alguien te preguntó, siendo casi un niño, que por qué no grababas un disco? Cantabas en la plaza de tu pueblo, en La Punta.

“Sí, fue la madre de tu compañero y mi amigo Paco Padrón. Entonces le dije que yo sólo cantaba el Ave María y el Only you. Fue entonces cuando nació el disco dedicado a Anaga, con música de Melki Makandar. Paco me ayudó mucho. También actué en Amanecer Latino, aquel gran festival con artistas de renombre universal, como Celia Cruz”.

-¿Cómo era tu familia?

“Yo soy el mayor de mis hermanos. Mi padre, de Agaete. Mi madre, de La Punta. De pequeño ayudé a colocar las barandillas de los balcones del edificio más bello de La Punta, el Altagay, con un tío mío. Iba actuando a salto de mata. Yo sabía que tenía un don, el de la voz. Pero no me había lanzado a utilizarla profesionalmente”.

-Vamos de nuevo a la pintura. Eres un artista hiper realista. ¿Tu referencia?

“El más grande, Antonio López. ¿Pero es que tú no ves cómo pinta esas calles de Madrid? Me parece algo extraordinario”.

-Y, ahora, vuelta a la música. Canarias es tierra de tenores. Lo dijo el otro día, aquí mismo, Badel Albelo, otro de los buenos.

“Ya he citado a su hermano, Celso, que triunfa en todo el mundo. Pero no me quiero olvidar de otros dos grandes, Pancho Corujo y Jorge León. Tienen un gran futuro por delante. Y hay más”.

(Ganó el primer premio de Gente Joven, el concurso nacional de aquella época, en la televisión. Y entonces me viene a la cabeza, no sé a santo de qué, una canción que entonamos allí mismo, en el restaurante: Teide enamorado, la composición de Fernando Esteve, que pueden escuchar en la red cantada por Celso Albelo, en un vídeo del Cabildo: “El Teide está enamorado/perdidamente de Anaga”. Hago elogios de la trigueña estática que coprotagoniza el video, rodado en el mismísimo volcán).

“Todas esas cosas forman parte de las emociones que te ofrece la música. Cuando murió mi madre me costó mucho cantar el Ave María. Cuando se te va un amigo o un familiar sientes infinita tristeza si tienes que actuar en su misa. En Hawái, la gente demuestra sus sentimientos con las manos: refleja el mar, el viento, la alegría, la tristeza. No sólo canta y baila sino que mueve las manos. Mi hija lo hace admirablemente. Mi mujer, que fue una gran bailarina, también”.

-Otro de tus referentes es Braulio. ¿No?

“Braulio, además de ser un amigo entrañable, tiene canciones maravillosas. En la cárcel de tu piel es una obra maestra de la música”.

-“En la cárcel de tu piel —dice Braulio— me retiene la pasión”.

“Braulio es un poeta, un valiente, un artista canario universal, que se tuvo que ir al exilio por una canción contra el godo, Mándese a mudar. Lo que ha hecho en la música es enorme. Es un artista admirado en todo el mundo, especialmente en Latinoamérica. Suena constantemente en todas las emisoras de radio de habla hispana”.

(No le conté a Chago, ni a Lucas Fernández, que se ha sentado con nosotros en Los Limoneros, que para la colección que edité de postales antiguas (30.000 ejemplares vendidos de los tres tomos) elegí un título que me dio Braulio en una de sus canciones: Tenerife, qué añoranza. Él presentó en El Corte Inglés, con despliegue nacional, el último libro de la trilogía. Fue todo un éxito).

-Y todavía dando el do de pecho, Chago. Vaya machada. Y cada día más joven.

“Hasta anteayer lo daba. Si vas en plan exhibición tienes que subir, tienes que sacar pecho. Vamos a ver cuánto dura, pero yo estoy en forma”.

-¿Has comido las hamburguesas de Obama, en Honolulu?

“¡Hombre, por supuesto! Allí lo quiere todo el mundo, tanto como odian a Trump, que es propietario de varios hoteles y edificios en las islas”.

-¿Vas y vienes a Hawái con tus cañas de pescar?

“No, tengo allí un juego de pinceles y otro de cañas, que guarda la familia de mi mujer. Hay peces que no se pueden capturar. Si pican, tienes que volverlos a echar al mar. Son sagrados”.
(Entre el fuego de los volcanes, la cárcel de tu piel, la danza con las manos y los recuerdos, se nos ha ido el tiempo. Una vez, hace más de una década, en 2008, en la casa portuense del pintor y amigo José Carlos Gracia, Chago Melián hizo llorar a muchos de los presentes interpretando Patria Canaria. Uno de ellos era mi recordado Pepe Rodríguez, director y propietario que fue de El Día. Otros tiempos, las mismas canciones. Chago se marcha en su Mercedes rojo, pero me ha traído de regalo su disco y unos dulces exquisitos que hace su mujer. Hasta pronto, amigo. Y el año que viene, a cantarle otra vez a la Virgen del Carmen, ahora con más razón: conoces su verdadera historia. No se la cuentes a nadie).

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