Obituario

Fallece el empresario grancanario Jaime Cortezo

El domingo por la noche fallecía de un infarto, cuando se encontraba en Lanzarote con su eterno proyecto urbanístico: el Islote del Francés

Jaime Cortezo. | Canarias Ahora

Bastó un apretón de manos para que yo le vendiera, hace más de veinte años, Radio Burgado, en pleno éxito de la emisora. Se convirtió en 7.7 y Jaime Cortezo Massieu nunca pudo disimular su afición por los medios de comunicación. El domingo por la noche fallecía de un infarto, cuando se encontraba en Lanzarote con su eterno proyecto urbanístico: el Islote del Francés. Estaba en compañía de su hijo.

Jaime Cortezo tenía 62 años y estaba casado con Elena del Castillo, miembro también de una conocida familia grancanaria.

Tenía en la cabeza urbanizar el Islote del Francés, que es un reducto de Lanzarote, abandonado, que habría quedado infinitamente mejor de la mano de Jaime. Supongo que esto del covid-19 le habrá afectado en sus negocios, como ha afectado a todo el mundo.

Le encantaban los medios de comunicación. Participó en la fundación de Canarias Ahora, uno de los digitales más leídos de las Islas, y había sido afortunado en el reparto de las últimas emisoras de FM, que quería quitarse de encima ya, porque eran como un lastre y no significaban un negocio precisamente. No hace mucho lo llamé para pedirle que me vendiera el nombre de Radio Burgado, que yo le había traspasado a él, en la noche de los tiempos. Me dijo: “No, no te vendo ese nombre; te lo regalo, porque es tuyo”. Jamás firmamos el papel.

Cortezo respondía al arquetipo de caballero, de empresario de palabra que nunca hacía mal a nadie. Escrupuloso en el cumplimiento de lo que decía, sorteó miles de dificultades en el desarrollo de su empresa urbanística. Supongo que esto habrá hecho mella en él, porque el infarto se va gestando a fuerza de disgustos. Es una dichosa hormona que te va causando heridas hasta que ya no puedes más.

Personalmente me ha entristecido mucho la muerte de este buen amigo, cuyo lema principal fue el trabajo cabal y constante. Era un emprendedor nato, que tenía mil ideas en la cabeza y un concepto ejemplar de Canarias. A toda esta gente otra gente disfruta poniéndole pegas y piedras en su camino.

Pero la memoria de Jaime quedará presente en el empresariado de Las Palmas y en el de Canarias entera. Era un hombre íntegro, que lo único que hizo fue trabajar y buscar el bienestar de su familia. Y era también un relaciones públicas exquisito, de modales impecables y de una generosidad sin límites. No olvido su sentido del humor, ni tampoco su sentido de la amistad.

Descanse en paz el buen amigo y reciba su familia nuestra más sentida condolencia. Habrá descansado el guerrero y habrá encontrado la paz que la vida, en muchas ocasiones, no le quiso dar. Pasa siempre con los mejores.