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“Miedo” y “multitudes” en el regreso de Secundaria

Ni las entradas escalonadas en horario ni la buena intención de los docentes evitó que las aglomeraciones fulminaran la distancia de seguridad en los institutos chicharreros
La gran afluencia de alumnos junto con el tamaño de la acera hizo imposible respetar la distancia física en los accesos de algunos centros educativos. FOTO: Tony Cuadrado
La gran afluencia de alumnos junto con el tamaño de la acera hizo imposible respetar la distancia física en los accesos de algunos centros educativos. FOTO: Tony Cuadrado
La gran afluencia de alumnos junto con el tamaño de la acera hizo imposible respetar la distancia física en los accesos de algunos centros educativos. FOTO: Tony Cuadrado

Aglomeraciones de jóvenes sin respetar las distancias de seguridad en aceras demasiado estrechas, algún vecino inconsciente paseando sin mascarilla y un caos circulatorio montado por los padres que paraban en cualquier sitio para dejar a sus hijos. Esa fue la estampa que se vivió ayer a las puertas de varios institutos de la capital en el que fue el primer día del curso 2020-2021 para los alumnos de la Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O).

“Estamos todas las madres preocupadas porque la verdad es que veo multitudes aquí, ya no se están guardando ni las distancias de seguridad”, decía Pilar mientras veía, de lejos, cómo su hijo Samuel esperaba por fuera de la puerta de acceso al I.E.S. Teobaldo Power, donde empeza ayer Primero de la E.S.O.

Para Pilar, el principal inconveniente era la falta de espacio en el exterior del centro, ya que con una acera muy estrecha, los jóvenes tenían que juntarse antes de entrar. Y eso, pese a las numerosas medidas tomadas desde el instituto, como habilitar distintas puertas para el acceso.

“La verdad es que tenemos mucho miedo. Pero hay muchas normas y me parece genial. Mi hijo mayor ya estuvo matriculado aquí, conocemos este instituto y nos gusta mucho cómo funciona, aunque lo que se está viviendo este año es de mucha incertidumbre”, continuaba Pilar.

De otra parte, a su hijo Samuel, que iba ayer por primera vez al instituto, se le veía muy maduro y concienciado con la situación: “Yo no estoy tan preocupado, para mí lo importante es estudiar. Tengo claro que voy a ir a lo mío y a estar siempre atento para hacerlo lo mejor posible”.

A Alberto, padre de Angelina (también de Primero de la E.S.O.), las aglomeraciones le llamaban la atención pero consideraba que el miedo a la situación no debería anteponerse al derecho a la Educación, ya que “en el tranvía o en el supermercado también se incumple a veces con la distancia de seguridad”.

Con mascarillas, algunos geles hidroalcohólicos de bolsillo y una libreta los alumnos esperaban en la calle a que se hiciera la hora de entrada. Toda esta preparación partía de la previsión del instituto, que había informado a la comunidad educativa sobre las normas a seguir.

“Nos dieron una circular en la que se nos explica cuántas mascarillas debemos llevar, cuántas veces hay que lavarse las manos, que debemos evitar traer pulseras y que las uñas no pueden estar pintadas”, dijo Nereida, una joven matriculada en Segundo de la E.S.O. que accedía a este instituto por primera vez tras trasladarse desde Alicante.

La madre de Nereida, Amalia, aseguraba sentirse “tranquila” y apuntaba que en el regreso a las clases había “normalidad absoluta, siempre dentro de las normas que impone la pandemia”.

Si algo pusieron en común todos estos padres y madres fue su perspectiva positiva ante el papel que tienen los centros educativos en la vida social de sus hijos, sobre todo después de que estos pasaran seis meses sin poder ver a otros jóvenes de sus edades. Contaban que este verano ha sido para los adolescentes “muy familiar” y a sus amigos los han visto solo a través de medios telemáticos.

UN DENSO PROTOCOLO

Fue traspasar la puerta del centro y ver cómo del caos en la calle se pasaba a un espacio seguro y controlado. El acceso se hizo por grupos diferenciados, los jóvenes caminaban distanciados y eran recibidos por los docentes con un poco de gel hidroalcohólico para desinfectar las manos.

Y tras esa recepción inicial en el patio, cada grupo pasó a las aulas, donde se les impartieron dos charlas: una sobre las normas sanitarias y el funcionamiento del centro, y otra sobre el uso del campus virtual para prever una hipotética situación de confinamiento.

“Les pedimos que antes de venir a clase se tomen la temperatura y que si detectan que tienen síntomas compatibles con el coronavirus nos lo comuniquen”, explicaba Lidia Dorta, profesora de Tecnología y coordinadora COVID en el centro.

La responsable de la gestión sanitaria en el instituto confesaba además que, a pesar de haberse desarrolla un inmenso Plan de Contingencia, este documento sobre “el papel está muy bonito”, pero ponerlo en marcha “da miedo”.

Y es que los centros no estaban preparados para una pandemia. En este en concreto, se ha conseguido bajar la ratio de las aulas por debajo de 25 alumnos trasladando a las tardes a Bachillerato, pero aún queda incertidumbre por la escasez de docentes y personal de limpieza, el tamaño de las aulas o lo que pueda escapar al minucioso trabajo de estos docentes.

EL DIRECTOR: “DESEAMOS DAR UNA ENSEÑANZA PRESENCIAL, QUE ES INSUSTITUIBLE”

Hasta 850 alumnos se encuentran matriculados en el I.E.S Teobaldo Power entre los cursos de la E.S.O. y Bachillerato. Toda una generación de estudiantes que vio suspendidas sus clases presenciales el pasado marzo y ante la que el director del centro, Emilio Hernández, siente que los docentes tienen una gran responsabilidad.

“La Educación que reciban depende de lo que hagamos, no podemos olvidarnos de que ellos tendrán un papel importante en la sociedad”, afirmó Hernández.

Para cumplir con el “enorme reto” que plantea la pandemia en el ámbito educativo, el director asegura que el profesorado ha puesto “todas sus ganas, ilusión y horas”.

Y explicó que en el centro se reforzó la plantilla con 17 nuevos profesores y con una persona más para la limpieza. No obstante, la sensación generalizada es que con esto “no es suficiente” para afrontar todos los cambios que el virus obliga a tomar en el día a día de este instituto.

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