Granadilla de Abona

Denuncia acoso por racismo en San Isidro

Una mujer marroquí, que lleva ocho años viviendo en un edificio en San Isidro, afirma haber recibido amenazas de unos vecinos que "la invitaron" a dejar su casa, por la que paga 120 euros mensuales de alquiler, a cambio de recibir una cantidad de 2.000 euros

Mbarka está ahora rodeada de primos y amigos en su casa, por miedo a perderla / NORCHI

Granadilla de Abona, y San Isidro en particular, presume de albergar en su seno a un centenar de nacionalidades diferentes. Una convivencia de razas, etnias y religiones que ha gozado de una consideración ejemplar, salpicada, eso sí, por algunos episodios racistas indignos en un barrio hecho por trabajadores inmigrantes.

Por eso, porque se trata de un barrio de obreros y trabajadores, resulta lamentable que se produzcan situaciones tan desagradables como la vivida por Mbarka Bouquara, una señora saharaui con nacionalidad marroquí, de 58 años, que ha denunciado ante la Guardia Civil coacciones y amenazas para que deje el piso que tiene alquilado desde hace ocho años en un edificio en la calle Arguayoda.

Aunque en las denuncias interpuestas en la Guardia Civil, tanto en la mañana del viernes como en la tarde del domingo, no refiere que se trata de “un acto racista”, ayer sí declaró a DIARIO DE AVISOS que en todas las amenazas que ha recibido desde el martes la han llamado “mora muerta de hambre”, entre otros insultos, aunque ella aclara que se trata de “unos vecinos de otro bloque”, no los que tiene en el número 16, como ayer pudimos comprobar, cuando un vecino hablaba de que “nadie tiene que reprocharle nada a Mbarka, es una buena mujer”.

Ese mismo vecino se ofreció a conseguir un fusible para repararle el corte de luz que alguien le hizo en la caja eléctrica del edificio, que desde el domingo apareció con una gran cadena y un candado, hecho que puso en conocimiento ese mismo día por la tarde en el cuartel de la Guardia Civil, tras la primera denuncia, después de ver cómo a las dos de la mañana del jueves 15 le lanzaron un trozo de bloque de construcción que le rompió la ventana.

Tras el incidente con la ventaja, Mbarka, acompañada de su amiga Jamila Leddi como traductora -ella solo habla árabe y un poco de francés-, presentó denuncia por coacciones leves -así lo describe el informe de la Guardia Civil- y amenazas de una pareja que “vive en el bloque 1”, relatando que “desconozco los motivos de esas amenazas”, aunque comunica que el martes le ofrecieron 2.000 euros para que abandonara su casa, “como hicieron con otros dos inquilinos que ya se han ido”, relata, recordando que “yo llevo ocho años en este piso y pago todos los meses al banco 120 euros”, una cantidad que saca de la PCI que cobra del Gobierno de Canarias, mientras espera a que pueda regresar su marido, confinado desde marzo en Mauritania “sin poder salir para España”, comenta.

Uno de los trozos de bloque que le rompió la ventana del salón / NORCHI

Pero no solo la rotura de la ventana y el posterior corte de luz han servido para atemorizar a Mbarka, sino que también le dejaron en la puerta de su casa un folio escrito a mano donde se podía leer: “El lunes vengo a poner la puerta antiocupa. Acepta el dinero que te ofrecen, porque el lunes no vas a poder entrar. Este es mi número…”. Además, unos días antes, se lo dijo una señora cuando se presentó en la casa de Mbarka ofreciéndole los 2.000 euros para que se marchara, un relato que tiene grabado en vídeo.

Preguntada si ella se considera una okupa, como pudiera parecer después de lo que le dejaron escrito en la puerta, uno de sus primos, que ahora le acompañan para darle seguridad, afirma que “en absoluto, ella tiene su contrato con el Banco Santander y nunca ha dejado de pagar en ocho años”, desmintiendo que en el edificio, como ocurre en otras similares en esa zona de La Jurada, “se trate de inquilinos okupas”. Asimismo, advirtieron que “lo que sí hay es gente que quiere echarte de tu casa para meterse ellos y alquilarla a 400 euros, como ocurrió con otros dos pisos aquí mismo”.

Mbarka, con evidente nerviosismo, manifiesta que teme que pueda sucederle algo, aunque “tengo ahora en casa a amigas y a mis primos y no me dejan sola”. Se negó en rotundo a que un vecino o la presidenta de la comunidad le tirara un cable para reengancharse a la luz, porque “yo pago mi luz y quiero que se reponga el contador cortado”, dijo.

A raíz del primer incidente en la casa de Mbarka, en plena calle, el domingo por la tarde hubo un altercado entre los amigos de la inquilina amenazada y otro grupo de canarios, uno de ellos portando un puñal, según se recoge en un vídeo que ya está en poder de la Guardia Civil y la Policía Local, que por ahora, como lamenta Mbarka, “hasta que no haya sangre”, no hace nada.

De los gomeros trabajadores del tomate a latinos y magrebíes

Granadilla es el municipio que más ha crecido en población en Tenerife en lo que va de siglo. Ya supera los 50.000 habitantes, de los cuales en torno a la mitad residen en San Isidro, un barrio que comenzaron a construir los gomeros que llegaban para la zafra del tomate y que hoy acoge a un centenar de nacionalidades diferentes, con una mayoría de latinoamericanos. También hay bastante población de origen magrebí, casi todos ellos trabajadores del sector turístico en Adeje y Arona, aunque también trabajadores de invernaderos y otros sectores. Esta inmigración hace de San Isidro uno de los territorios “más jóvenes de Canarias”, con un gran índice de natalidad que se refleja en el aumento de las plazas educativas y en la escasez de viviendas, lo que se traduce en la okupación de muchos edificios abandonados por la crisis de 2008 n