Internacional

Javier Espinosa: “La educación en China es tan ultrarrigurosa, cruel y dura que ha llevado a niños y jóvenes al suicidio”

El periodista que lleva más de 20 años cubriendo conflictos internacionales asegura que "desgraciadamente el modelo chino de seguridad sin libertad se ha empezado a copiar en occidente” y admite que "nadie te va a pagar que te puedan pegar un tiro en la cabeza; ser corresponsal de guerra no tiene precio”

Javier Espinosa, la semana pasada en Santa Cruz, la ciudad donde pasó su juventud / IVAN AFONSO

Javier Espinosa Robles (Málaga, 1964) es periodista especializado en conflictos internacionales -en El Mundo desde 1999, antes en Época, Ya, El Independiente- aunque se inició como colaborador deportivo en El Día, La Tarde y Hoja del Lunes, en Tenerife en la década de los 80, donde pasó los primeros años de la juventud. Hoy, junto a su pareja, la también periodista Mónica García Prieto y sus dos hijos de 14 y 8 años, vive en un pequeño pueblo asturiano, entre vacas y ordenadores, desde donde da el salto allí donde ve un interés informativo, no siempre de conflicto armado, pero sí social, como, por ejemplo, la crisis económica que ha generado el cero turístico en Canarias y sus efectos en las capas más vulnerables, a consecuencia de la pandemia, por lo que pudo regresar a Tenerife, donde comenzó haciendo sus pinitos periodísticos.

-¿Cómo has encontrado Tenerife después de más de 20 años sin venir por aquí?
“Te diré que fui al colegio La Salle, donde estudié, y no lo conocía, apenas tengo memoria. Todo lo que era de la zona de La Salle a la Refinería no lo conocía, me pregunté qué ha pasado aquí. Desde luego que Santa Cruz ha crecido muchísimo por Tres de Mayo”.

-Has venido a Canarias a realizar reportajes sobre la crisis del turismo y las colas del hambre. ¿Te ha impactado tanto lo que has visto?
“Es muy preocupante, lo que he visto en Tenerife y, sobre todo, en Fuerteventura es una crisis bastante dura, porque viven del turismo y para hacer turismo hay que viajar y ya nadie viaja. Todo se resiente, no solo los hoteleros, sino comercios, restaurantes, todos los sectores. Estamos muy preocupados ahora por la pandemia, pero la que ya está aquí es la pandemia social, y no solo en Canarias, también en España”.

-¿Has palpado de primera mano la la pobreza social?
“La mayoría de las personas con las que he hablado son las víctimas, gente de la calle, la verdad no me interesa mucho hablar con alcaldes y autoridades. En esas colas me contó un padre, con una hija pequeña de cinco años, que esta le dijo, “papá se te ha olvidado ponerme el desayuno”, y eso que te lo diga un padre poniéndose a llorar resulta bastante duro. El problema es que lo que va a ocurrir en uno, dos o tres años. Lo que ocurre es que estamos en ese limbo que se ha creado con los ERTE, y como me ha dicho algún empresario, cuando lleguen los ERE el alcance de la crisis será mayúsculo”.

-¿Has visto más crisis en Canarias que en Asturias, donde vives ahora, por ejemplo?
“El turismo trajo el progreso a Canarias, eso es evidente, pero ese es el riesgo que tiene dedicarse a un monocultivo, como pasó en su día con Asturias, que se dedicó al monocultivo del carbón. Cuando se acabó el carbón se produjo una despoblación, algo similar a lo que ha ocurrido, en Fuerteventura, donde me han dicho que se han ido como unos 10 mil gallegos que se dedicaban a la construcción de hoteles y que han regresado al entorno familiar. Igual al turismo no le pasa eso, porque la gente va a seguir haciendo turismo, otra cosa es que la pandemia haya creado miedo. El turista es muy miedoso, cuando no encuentra seguridad deja de viajar y en esas estamos ahora”.

-Ha sido noticia y lo sigue siendo la llegada masiva de pateras y cayucos desde África hasta Canarias. ¿Por qué crees que se ha reactivado esta migración?
“No me sorprende para nada. Tenemos que pensar que en esos países la posibilidad de desarrollarte siendo joven son mínimas. Y después se les ha vendido que esto es el paraíso y que enseguida tienen trabajo. Esto va a seguir sucediendo, como en su día ocurrió con los canarios cuando emigraron a Venezuela. Recuerdo una imagen de un barco que llegó en los años 50 y la prensa describía a los canarios como los piojosos. Y esa foto se la mostraban a los inmigrantes en un centro de León, para explicarle que la condición de inmigrante es transitoria. Lo que es evidente es que no podemos meterles en centros de reclusión, o como lo quieras llamar, y que la población local tenga que lidiar como si fuera un problema suyo, cuando es un problema de Europa. Sucedió en Lesbos, cuando Grecia los acogió con los brazos abiertos, cuando la crisis de 2015. Metieron en una Isla de 75.000 habitantes a más de 10 mil inmigrantes de manera casi permanente y la población local no podía convivir tanto tiempo con ello, cuando Europa miraba para otro lado, como casi está ocurriendo ahora en Canarias”.

-¿Cómo ha sido tu tránsito periodístico, ahora que te has radicado en Asturias, después de vivir en países tan diferentes?
“No he dejado de viajar, aunque ahora lo hago desde Asturias. Hace dos meses estuve en la guerra de Armenia. Eso sí, decidimos mi pareja y yo regresar a España, porque en China la educación de los niños es muy dura. Mi hija pequeña llegaba a casa a las once de la noche y lloraba porque no podía lidiar con la tarea que le marcaban, que era brutal. El sistema educativo allí es muy interesante, pero muy duro para los niños, ultrarriguroso. A mi entender dejan de ser niños para ser simplemente estudiantes y eso ha provocado muchos suicidios de pequeños y jóvenes, algo que se esconde, como casi todo. Decidimos volver, y esta pandemia me ha servido para conocer España, más allá de Tenerife o Madrid, donde había vivido”.

-¿Ha mentido China con el nacimiento del coronavirus y con las cifras que ha dado?
“China manipula la información y la controla sistemáticamente y de una manera muy eficiente. Nunca se sabrá cómo nació el virus en Wuham ni cuántos muertos hubo. Ahora estaba leyendo que la OMS se disponía a investigar lo que pasó, pero ellos habrán limpiado todo y no pasará nada. Pero al mismo tiempo es cierto que el sistema que tienen ellos de control le ha servido para frenar la epidemia y allí la gente sigue viajando, están abiertas las discotecas y las playas, como si no hubiera pasado nada. Y eso es grave, no desde el punto de vista pandémico, sino desde el punto de vista de modelo, porque al frente del caos que hay en Europa, ellos venden seguridad sin libertad. Y desgraciadamente, hay muchísima gente que quiere copiarlo en Occidente”.

-¿Te imaginabas que ocurriera algo tan grave como el asalto vivido al Capitolio de Washington el pasado día 6?
“El problema de Estados Unidos es que se ha vendido un estereotipo, la tierra de las oportunidades, el paraíso de la democracia. Pero eso no era real, cuando hasta los años 60 había segregación racial. Las carencias de ese sistema democrático son brutales y esas fallas ingentes nos las ha escondido Hollywood, por no hablar de todas las violaciones de derechos humanos que han hecho los americanos fuera de Estados Unidos, y dentro también”.

 

Javier Espinosa, a la izquierda,  visitó Tenerife después de más de veinte años / IVAN AFONSO

-¿Y todo lo que ha pasado con Trump no ha sido consecuencia del mal uso de las redes?
“Creo que esto es un problema gravísimo. Yo llevo años diciendo que en las redes sociales, al igual que en los medios de comunicación, se deberían prohibir los comentarios anónimos. La libertad de expresión es sagrada, pero la libertad de expresión tiene una responsabilidad. Yo como Javier Espinosa puedo poner cualquier comentario en las redes sociales, pero esa es mi responsabilidad. Lo que no puedo hacer es firmar como el Pato Donald y escribir lo que le da la gana. Ese ha sido el problema. Las redes sociales han acogido a millones y millones de cobardes, que con un apodo alientan bulos. Eso se debería prohibir ya, porque es un delito inmediato, si tuvieran un nombre y un apellido”.

-¿Por qué crees que ha perdido tanta credibilidad la prensa y el periodismo en general?
“Hay dos problemas gravísimos, que ha sido la influencia de los emporios económicos en los medios de comunicación, sobre todo a raíz de la crisis de 2008 y otro que tiene que ver con la libertad de expresión. Libertad de expresión no es decir que no existió el Holocausto, porque existió, ni puedes decir que La Tierra es plana, porque no lo es. Mentir es una cosa y libertad de expresión es otra. En España resulta difícil encontrar esa independencia periodística, porque el modelo está sujeto a los poderes económicos y las pérdidas de lectores son cuantiosas y las suscripciones no se cómo van a funcionar, pero lo veo muy mal, aunque me parece más preocupante que la población no quiera informarse o que las dos profesiones más denostadas sean primero la de político y luego la de periodista, algo que me entristece mucho, porque cuando empecé en esta profesión me parecía muy interesante socialmente y que ahora seamos los apestados me parece doloroso”.

-Tras tus inicios de periodista deportivo en Tenerife te metiste a periodista de conflictos internacionales ¿Cuál de esos conflictos te ha marcado más?
“He vivido conflictos en los cinco continentes, pero la guerra de Los Balcanes, en Bosnia, me marcó porque fue una escuela para toda una generación de periodistas jóvenes. Allí aprendí a desenvolverme, fue para todos aquellos de mi generación como una universidad, en un momento donde el periodismo tenía cierta influencia y el periodismo podía cambiar cosas, luego vinieron Ruanda, Sierra Leona, Libia, Irak, Siria…, pero ya con experiencia”.

-¿Y vale la pena jugarse la vida cuando ser corresponsal de guerra tampoco está muy bien pagado?
“Yo siempre le digo a quien quiere ser periodista que mejor se busque otra profesión, si lo que quiere es ganar dinero. Salvo raras excepciones, los corresponsales internacionales no están bien pagados. Piensa que vas a ganar una gran experiencia vital, escribir en primera persona de una guerra no tiene precio, pero nadie ni nada te va a pagar que te puedan pegar un tiro en la cabeza”.

– ¿Y que vaticinio haces sobre este 2021 que ha empezado tan convulso como su antecesor?
“Antes de la pandemia ya había gente indignada contra el sistema, como lo pude ver en las revueltas de Chile. El sistema, hay que decirlo, ha creado una brecha entre los que son muy ricos y los que cada vez son más pobres. Lamentablemente, hay países como Bielorrusia, donde estuve hace poco, que luchan por conseguir la democracia y otros democráticos luchan ahora por tener un líder autoritario, un pato Donald. Me temo que va a ser un año de revueltas”.

En Barajas, marzo de 2014,  recibido por su hijo mayor, después de estar secuestrado durante seis meses por el ISIS / EL MUNDO

Sus dos secuestros, en Sierra Leona y Siria, solo fueron “accidentes laborales”

Javier Espinosa estuvo secuestrado durante dos días en la guerra de Sierra Leona (1999) y seis meses por el ISIS en Siria (2014), que él califica como “accidentes laborales” porque en Siria se secuestraba a miles de personas y en Sierra Leona hacían lo mismo rebeldes y oficiales con “todos los que pillaban”. “Una vez estás dentro de ese entorno, no te resulta tan raro vivir un secuestro”, afirma. Espinosa ha sido distinguido, entre otros, con los premios periodísticos Rey de España (2000), Cirilo Rodríguez (2005) y Manu Leguineche (2011). Ha escrito junto a su mujer, Mónica García Prieto, La semilla del odio, de la invasión de Irak al surgimiento del ISIS (2017) y Siria, el país de las almas rotas (2016).