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El maestro de ceremonias se jubila

Francis González, jefe de protocolo y el empleado más antiguo del Ayuntamiento se despide tras cuarenta años de servicio
Francis González
Francis González
Francis González es un verdadero caballero y meticuloso en cada tarea que realiza. Isidro Felipe Acosta

Todos los conocen como Francis pero en realidad su nombre completo es el mismo del emperador de Austria y Rey de Hungría: Francisco José.

Y es que hasta los rasgos principales de su semblanza coinciden con las del antiguo monarca: un perfecto caballero, trabajador incansable y un hombre de mentalidad conservadora que marcó una época: estuvo al frente del imperio más de 60 años siendo su reinado el cuarto más prolongado de la historia europea.

Francis, el jefe de protocolo del Ayuntamiento de Los Realejos también deja su particular huella después de 40 años de servicio en la institución, 25 de los cuales estuvo dedicado a la esta tarea, ocupándose de cada detalle en los actos, concesiones, visitas oficiales, bodas, entrega de premios, recepciones o cualquier evento que organice o participe el Ayuntamiento y que son imperceptibles para la mayoría.

“Señoras y señores, por favor apaguen sus móviles” será una de sus frases más recordadas y que muchos de los asistentes a ruedas de prensa y actos echarán de menos en unos días porque tras cuatro décadas, el maestro de ceremonia se jubila.

Entró al Ayuntamiento tras aprobar las oposiciones para realizar tareas administrativas en septiembre de 1980, recién constituida la primera Corporación democrática, una época “ilusionante” en España. Sus tareas las desarrollaba en el antiguo edificio, donde actualmente se ubica la biblioteca municipal.

Comenzó en el área de Intervención, luego lo trasladaron a Secretaría y de allí pasó a la Oficina Técnica, donde estuvo varios años y durante un tiempo ocupándose de todo solo.

1995 marcó un antes y un después en su vida laboral y personal. Fue el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, una fecha que está unida al aniversario de la fundación de Los Realejos y que recuerda la rendición y bautismo de los guanches.

Ese año, vio que la procesión y el traslado del pendón desde la Casa Consistorial hasta la parroquia matriz del Apóstol Santiago, ubicada a escasos metros, fue una especie de “ejército de Pancho Villa” y se atrevió a indicarle a los concejales cómo debían ordenarse.

Casi sin quererlo fue su oportunidad para desempeñarse en un oficio que aprendió de manera autodidacta, leyendo, mirando películas y actos que se celebraban en otras instituciones. Fue Alfonso Fernández, concejal de Coalición Canaria (CC) y actual presidente del Círculo Viera y Clavijo, quien vio en ese momento el detalle y se lo comentó al alcalde de entonces José Vicente González Hernández, teniendo en cuenta que al año siguiente se celebraba el quinto centenario de la fundación del municipio, un acto muy importante sin nadie que se ocupara del mismo.
El mandatario lo llamó a su despacho para proponerle que se hiciera cargo de los asuntos protocolarios con la condición de que los compaginara con los del área de Intervención y Francis aceptó encantado.

Partir de cero

“Fue duro”, recuerda, porque tuvo que partir de cero en un tema delicado, “que no todos los miembros de la Corporación entienden porque hay que implantar una serie de normas”.

Confiesa que muchas veces llegaba a su casa muy desilusionado “pero mi mujer me decía que tuviera paciencia, que era porque no estaban acostumbrados, que había que ir poco a poco”. Y así fue.
Años después logró que se creara la plaza, que el 11 de febrero quedará libre, a la espera de su futuro sustituto.

Una de las cosas que más le ha costado es que los representantes públicos acudan a los actos con la vestimenta adecuada, “sobre todo con las mujeres que son muy reticentes” o a las procesiones “sin gafas de sol”.

Francis, que es además el empleado municipal más antiguo, sostiene que hay mucho desconocimiento acerca del trabajo que realiza un jefe de protocolo. En su caso, abarcan desde organizar la asistencia a una misa, una procesión o un festival, pasando por la gestión de las bodas, recepciones, visitas o reuniones de trabajo oficiales hasta tener todo listo en actos como inauguraciones de calles, entrega de concesiones (medalla de oro y plata, Hijo Predilecto, Realejero Destacado) o colocar una placa en un monumento o vía pública.

La labor empieza desde el encargo y diseño de las invitaciones dependiendo del tipo de acto, si es general o especial. Para ello hay una legislación que conocer, como el Real Decreto 2099/1983de Ordenamiento General de Precedencias en el Estado y su correspondiente con el de la Comunidad Autónoma de Canarias. También hay que saber de vexicología (el estudio de las banderas) y heráldica.

La cosa se complica si intervienen varias administraciones dado que hay que hablar con los correspondientes jefes de protocolo y ponerse de acuerdo para organizar un acto conjunto y en ocasiones es complejo porque cada uno “quiere un poco tirar para su casa”. Una batalla en la que siempre salió airoso.

Fue él quien modificó en dos oportunidades -la última hace dos años- el reglamento de honores y distinciones adaptándolo a los nuevos tiempos porque el que regía cuando entró databa de los años 60.

Francisco José puede presumir de haber trabajado con los cinco alcaldes democráticos: Santiago Luis García, en 1979 (PSOE), Jesús Manuel Hernández García (PSOE), José Vicente González Hernández (PSOE), Oswaldo Amaro (CC) y Manuel Domínguez (PP).

El actual edificio consistorial “es como si fuera un hijo”, porque mientras se construía él se ocupaba de la contratación y cuando se terminó, del equipamiento. El broche final lo tuvo en 1999 como jefe de protocolo al responsabilizarse del “solemne” acto de inauguración. “Fue muy bonito porque organicé un acto en el que la Corporación al completo se convocó en el antiguo edificio y se llegó en procesión con el pendón hasta el actual. Allí formé a las autoridades y se izaron las banderas española, de Canarias, de la Isla y de Los Realejos por cada uno de sus representantes: el subdelegado del Gobierno, el presidente del Gobierno de Canarias, el del Cabildo y el alcalde”, detalla.

Es extremadamente meticuloso en su trabajo, “y entiendo que hay que serlo.” Un rasgo que no ha perdido con el paso de los años, todo lo contrario.

“Me ocupo hasta de apagar las luces porque no soporto que en un edificio tan luminoso como éste queden encendidas”, subraya. Y desvela que tiene un sistema para colocar las sillas en el Salón de Plenos a partir de las rayas. “Cuando se termina un acto quedan todas desparramadas, pero yo tengo hasta una especie de medida para poner la separación entre las filas”, un detalle que casi nadie conoce.

En alguna ocasión le ofrecieron irse a Santa Cruz, pero siempre prefirió quedarse en su pueblo porque considera que conocer la idiosincracia de un lugar, su cultura y su historia es muy importante. “Sobre todo en Los Realejos, que una vez estuvo conformado por dos municipios diferentes y por lo tanto hay que ir mirando cada símbolo, detalle, y los elementos arquitectónicos con meticulosidad en todo lo que se hace”, sostiene.

La única ocasión en la que se salta el protocolo y sigue a su corazón es en el pique de los Fuegos de Mayo. Francis nació en la calle El Sol y por lo tanto, le es imposible no tomar partido. Quien conoce la idiosincracia de Los Realejos, como él dice, lo sabe y lo comprende.

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