Todo comenzó con un desafío inesperado en una aplicación de cuidadores para perros. Un joven la contactó con una propuesta inusual: quería que su perro estuviera en su boda como una sorpresa para la novia, pero no contaba con una persona que pudiera encargarse del traslado y de la logística que conllevaba cumplir su deseo.
Nathalie Sánchez Méndez, madrileña de origen y vecina de Los Realejos por elección, nunca había hecho nada igual pero aceptó el reto. No se olvida nunca de ese momento en la finca La Gañanía, en el Puerto de la Cruz, y en el perro, un labrador. Cuando vio la cara de la novia, “que no se lo esperaba para nada”, se quedó enamorada de ese instante, se le encendió la idea para un futuro proyecto y tuvo claro que quería sacarlo adelante.
Durante casi dos años le siguió dando vueltas hasta que finalmente, en agosto de 2025, se transformó en Tu perro en tu boda, la primera empresa canaria dedicada exclusivamente a la gestión y acompañamiento de mascotas en ceremonias nupciales, un momento especial para cualquier pareja que está próxima a llegar al altar.

Se abrió un perfil de Instagram, empezó a hablar con las fincas y lugares de celebraciones, y con los proveedores, fotógrafos. En definitiva, empezó “a moverse”.
A Nathalie siempre le gustaron los animales y su vida profesional ha estado ligada a ellos. Estudió peluquería canina, hizo voluntariado en un Centro de Rescate de Primates en Madrid, y luego se trasladó a Holanda para trabajar con focas durante tres meses. Su “pasión” la llevó a República Dominicana donde vio un parque “que le encantó” porque tenían delfines, mantarayas, lobos marinos y tiburones en semi libertad en el mar, le dieron trabajo, y no dudó en hacer las maletas e irse. Allí permaneció cuatro años hasta que aterrizó en Tenerife.
La maternidad le hizo replantearse su carrera. Empezó paseando perros por las calles hasta que consiguió montar su proyecto empresarial que en agosto cumple un año, no para de crecer y que compatibiliza con su trabajo como dependienta en una tienda de ropa. De momento, no se puede quejar. El año pasado participó en cinco bodas, para este 2026 ya tiene contratadas más del doble y aspira a alcanzar la veintena.

Planificación
Aunque haya personas que pueden verlo como una tarea sencilla, su trabajo requiere mucha planificación ya que se ocupa de todos los detalles. Desde la gestión de los accesorios para las mascotas, como pequeños bolsos donde suelen llevar los anillos; carteles con mensajes como Ahí viene el amor de tu vida; o corbatas, pajaritas y vestidos, a menudo a juego con el ramo de la novia o el traje del novio.
Además, actúa como puente entre la finca, el fotógrafo y el maestro de ceremonias y se encarga que el animal no interrumpa la estética del evento, gestionando en ocasiones las necesidades fisiológicas más inesperadas.
Una vez que termina la celebración formal, ya sea religiosa o civil, pasa al reportaje fotográfico. Su objetivo es que los novios se preocupen solo de posar guapos: “Yo me ocupo que el perro mire a la cámara”, bromea. Al finalizar, lleva a las mascotas a su domicilio o se queda en el lugar de la boda en una habitación aparte, dependiendo de las peticiones de cada pareja.
Intenta llegar antes al lugar del evento para poder crear un vínculo con el animal, y realiza un paseo para demostrarle que puede confiar en ella. “No ensayo nunca, simplemente intento entender su lenguaje”, apunta.
No obstante, dependiendo del carácter que tenga, siempre necesita tener un ‘plan B’, porque si es introvertido y le dan miedo los ruidos, puede no querer entrar. Nunca le ha pasado que se negaran, pero en caso de ocurrirle, sabe perfectamente qué haría. “Lo cogería en brazos, intentaría convencerlo o le pediría al novio que me ayude”, afirma con total seguridad.
Sí hubo ocasiones en que las que los perros se “frenaron” pero ella “les habló y los convenció”, y también otras en las que han llorado. En ese caso, las suele poner cerca de los novios para que se tranquilicen.

Reacciones inesperadas
Nathalie recuerda con humor una ocasión en la que, al no conocer al perro previamente por un desplazamiento entre islas, tardó media hora en ganarse su confianza y finalmente lo consiguió con comida. Aún así, terminó orinando su pantalón y parte del vestido de la novia.
Le han hecho decenas de peticiones aunque casi todas van en el mismo sentido, porque las parejas que la contactan quieren lo mismo: que los perros compartan con ellos un día especial como es la boda. No obstante, la “innovación” no se detiene en los perros, que han llegado a ser “testigos” firmando diplomas con sus huellas. Este año tiene, por primera vez, la celebración de una boda en una iglesia, un espacio antes vetado para los amigos de cuatro patas.
Se desplaza a todas las islas y ofrece varios packs que van desde lo más simple, que es hacer un reportaje fotográfico con los animales, hasta participar en la boda, llevar los anillos, recibir a los invitados, el cuidado del animal durante toda la celebración, y la recogida y posterior traslado al domicilio.
No tendría problema en ocuparse de otro tipo de animales. De hecho, le han preguntado por gatos y hasta por un conejo. “No hay inconveniente siempre que socialicen bien y puedan ir con arnés”, sostiene.
Nathalie considera que la presencia de animales en las bodas no es una frivolidad sino un reflejo de la sociedad actual. “Una mascota es un miembro más de la familia y cada vez más personas quieren compartir sus momentos importantes con ellos”, asegura.
A pesar de haber recibido ofertas para fusionarse con empresas de la Península, prefiere seguir su camino en solitario. Si sale competencia saldrá”, dice, pero ella ya corre con ventaja y tiene parte de la carrera ganada. “La gente me conoce, sabe cómo trabajo y me involucro con los animales”, subraya.






