claves para ser brillante

El optimismo salvavidas

Practicar el optimismo no es cuestión de ver la vida de color rosa o de percibir siempre el vaso medio lleno. Se trata de reconocer que hay ocasiones en las que el vaso estará medio vacío y comprender que podemos encontrar formas de convertir esos retos o problemas en oportunidades o soluciones

CLAVES PARA SER BRILLANTE 14 03 2021

Quizás no exista un mejor momento que el actual para tomarnos un tiempo de reflexión sobre una palabra que define en gran medida la historia de la humanidad: el optimismo. Si lo pensamos con perspectiva, es muy probable que detrás de los mayores avances y descubrimientos de la historia encontremos el optimismo formando parte de la capacidad para transformar los mayores desafíos en los más extraordinarios logros, desde el desarrollo de vacunas, hasta el asombroso avance de la tecnología o el hecho de enviar aeronaves a otros planetas.

Practicar el optimismo no es cuestión de ver la vida de color rosa o de percibir siempre el vaso medio lleno. Se trata de reconocer que hay ocasiones en las que el vaso estará medio vacío y comprender que podemos encontrar formas de convertir esos retos o problemas en oportunidades o soluciones. Los seres humanos somos intrínsecamente positivos por naturaleza, inversores en expectativas optimistas sobre nuestro futuro, creadores de nuevas posibilidades, libres e incombustibles espíritus soñadores… de lo contrario, jamás hubiéramos salido de las cuevas en las que vivíamos hace cientos de miles de años, ¿no crees?

MUCHO MÁS QUE ESPERANZA

El caso es que esta singular fortaleza nos convierte también en magníficos “resolvedores” de dificultades o contratiempos. Nos recarga las pilas de entusiasmo e incluso nos permite tomar ciertos riesgos al amparo de la creencia de que todo irá bien, de que hay algo mejor esperándonos. Es más, el optimismo es algo que buscamos y esperamos de nuestros líderes, de nuestros científicos y de los grandes oradores y comunicadores. Personas que, por encima de las circunstancias, perseveren en sus labores, metas y propósitos.

No puedo evitar tener presente la historia del pequeño Iker y su familia, un niño de apenas 5 años cuya historia dio a conocer DIARIO DE AVISOS hace tan sólo unas semanas bajo el titular: “el pequeño héroe que combate la neurofibratosis con una sonrisa”. O el conmovedor caso del joven Hermes Suárez, el tinerfeño que hacía pública su batalla por la vida en busca de un donante de médula compatible antes de agotar su último mes de vida, donante que milagrosamente aparecía mientras dedicaba estas semanas a iniciar una esperanzadora campaña de concienciación sobre la donación de médula. Ambas historias hablan de una lucha, de duros y extenuantes desafíos que encuentran en el optimismo un bálsamo con el que enfrentarlos con valentía.

Es curioso que, en todos mis años de docencia cada una de las ocasiones en las que lanzo la pregunta al aire sobre cuáles son las habilidades más importantes para triunfar o tener éxito en las diferentes facetas de la vida, el listado de fortalezas siempre, absolutamente siempre, contempla el optimismo como una de esas habilidades que resultan indispensables para alcanzar metas, superar obstáculos, ser creativos en la búsqueda de soluciones e inspirar a otras personas.

LA FÓRMULA MÁGICA

Pero ¿cómo funciona el mecanismo optimista?, ¿existe, quizás, un vínculo que explique la biología positiva de esta especie de superpoder? Según una publicación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard que realiza una revisión sobre la relación entre el optimismo y la salud, se confirma el vínculo entre ambos.

En concreto, diversos estudios corroboran que el optimismo repercute en el buen estado de salud, la inmunidad y la longevidad. Además, parece que esta disposición positiva de afrontar la vida también ayuda a las personas a sobrellevar la enfermedad y a recuperarse favorablemente de una cirugía. Incluso se relaciona con la disminución de la incidencia de patologías cardiacas, hipertensión, depresión o estrés, así como con la reducción de la tasa de mortalidad por cáncer, entre otros sorprendentes descubrimientos.

El psicólogo Martin Seligman, uno de los expertos mundiales más destacados de la psicología positiva, en su obra ´Aprenda Optimismo´ asegura que “nuestras ideas y pensamientos no son simplemente reacciones frente a los acontecimientos; esos pensamientos e ideas cambian las consecuencias. Por ejemplo, si pensamos que en modo alguno podemos intervenir en el futuro de nuestros hijos, entonces quedaremos paralizados cuando debamos enfrentarnos a ese aspecto de nuestras vidas. Cuando sobreestimamos nuestra impotencia, siempre habrá otras fuerzas que tomen el control y modelen el futuro de nuestros hijos”.

En cierta manera, lo que Seligman nos viene a decir es que si cedemos al pensamiento pesimista, culpándonos de nuestras fatalidades o pensando que la mala fortuna nos persigue, es muy probable que el mecanismo funcione como un imán atrayendo precisamente aquello que tememos.

Estoy convencida que dejarnos atrapar por el saludable optimismo es como lanzar al universo una profecía de buen rollo sobre nosotros mismos y sobre todo aquello que nos rodea. Es, posiblemente, el mejor amigo del hombre.

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@institutoserbrillante

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