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Maestras de Infantil con más de 60 años sin vacunar: “Nos sentimos vulnerables en el aula”

Un grupo de docentes del norte de Tenerife exige ser inmunizado cuanto antes porque el contacto físico con niños tan pequeños "es inevitable"

La Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias ha inmunizado con las dos dosis de algunas de las tres vacunas contra el coronavirus a casi 125.000 personas en el Archipiélago, lo que supone el 6,64 por ciento de la población. Un porcentaje que disminuye cuando lo trasladamos a la isla de Tenerife, donde los isleños que han recibido el proceso completo de inoculación apenas alcanzan el 5,8 por ciento.

Dentro de la estrategia de vacunación frente a la Covid-19 en nuestro país, la campaña del profesorado comenzó con el suero de AstraZeneca a finales de marzo en las Islas, cuando la Consejería de Educación anunció que se arrancaba con los de Infantil y los centros de educación especial porque tenían “un contacto más estrecho con el alumnado sin medidas de protección”. Se trata del denominado Grupo 6B, por encima del personal de educación primaria y secundaria. Un proceso de inmunización que, de momento, está suspendido por el Ejecutivo central para los menores de 60 años debido a una posible relación entre los trombos y el antígeno anglosueco.

Sin embargo, entre los más veteranos de la profesión, aún hay quien asea cuando es necesario o ayuda a comer a niños de entre 3 y 6 años sin haber recibido una primera dosis. En este sentido, un grupo de docentes de escuelas infantiles del norte de Tenerife ni siquiera ha sido contactado para acudir a los puntos de vacunación masiva. Las maestras -en su mayoría- superan los 60 años de edad y aseguran sentirse vulnerables en sus puestos de trabajo. “Es muy complicado intentar evitar el contacto físico en el aula cuando tienes que enseñar a escribir a un alumno de 4 años que no lleva mascarilla”, cuenta a este periódico una de las afectadas.

Pese a que en sus colegios se efectúa la normativa contra la Covid-19, como el lavado continuo de manos, la toma de temperatura o el desecho de pañuelos en contenedores específicos, cuando se trata de menores tan pequeños “el contacto es inevitable”. “Respetamos las medidas de ventilación en las aulas, aun dando clase en zonas altas y medianías de la Isla; hemos pasado mucho frío durante los meses de invierno, pero todos estamos muy concienciados, sobre todo los niños”, sostienen.

Las docentes reciben continuamente información sobre la actuación que deben aplicar en los centros educativos tanto para contener los contagios como detectar un posible positivo: “En caso de tratarse de un menor, debemos aislarlo, ponerle la mascarilla y contactar con las autoridades sanitarias y sus familiares”. Afortunadamente, hasta ahora ninguna de ellas ha tenido que activar el protocolo.

Estas maestras tinerfeñas han llamado sin mucho éxito al teléfono del 012. “Nos comentan que no aparecemos en lista y que esperemos a ser citadas por el Servicio Canario de la Salud (SCS)”, explican las educadoras, que demandan al Gobierno regional una mejor organización. “Son un desastre porque nos facilitan números de teléfono que nadie contesta o con esperas eternas”, declara una de ellas, que ya ha iniciado el proceso para presentar una incidencia en la página web del SCS.

Y mientras pasan las semanas, con una curva de contagios que parece remitir, los nuevos positivos y fallecidos continúan engrosando las estadísticas de la pandemia en Canarias. “Tenemos un poco de temor a la vacuna, pero no hay otra si queremos salir de esta”, concluyen las docentes.

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