puerto de la cruz

Una familia tinerfeña lleva ocho meses esperando por la autopsia de su padre

Ingresó en el HUC por una fractura en la cadera derecha, fue operado y a los siete días y pese a que se encontraba bien, según su hija, le avisaron de que había fallecido
Carmelino Giambruno, de 77 años, se encontraba bien hasta que se tropezó y fue ingresado y operado de la cadera derecha. DA
Carmelino Giambruno, de 77 años, se encontraba bien hasta que se tropezó y fue ingresado y operado de la cadera derecha. DA

El 31 de julio de 2020 Carmelino Giambruno estaba paseando con su perro camino a su casa cuando se tropezó y se cayó a una altura de cuatro metros y medio. El hecho ocurrió en la zona de La Paz, en el Puerto de la Cruz. Inmediatamente la llamaron a su hija Fanny para avisarle que la ambulancia estaba en camino. Primero lo llevaron a una clínica privada de la ciudad (Hospiten Bellevue) y en la madrugada del día siguiente lo trasladaron al Hospital Universitario de Canarias (HUC).

Lo valoraron en Urgencias por un trauma en la cadera derecha y un traumatismo encefálico leve y se descartó otra patología aguda urgente intracraneal, según la historia clínica del paciente a la que tuvo acceso este periódico.

En su ficha de ingreso no constan ningún tipo de alergias y se manifiesta que el hombre estaba consciente y sus signos vitales eran buenos. Tras hacerle una PRC para descartar Covid-19 y las pruebas preoperatorias, lo operaron de la fractura en la cadera derecha el 2 de agosto y según su hija, sin el consentimiento de la familia, “ya que a mí nunca me llamaron”, asegura a este periódico.

Según el historial médico, ningún familiar se encontraba en la sala de espera del quirófano.

El padre de Fanny, de 77 años de edad, era una persona con dificultad de audición y no entendía bien el español puesto que vivía en Tenerife desde hacía cinco años, cuando emigró desde la región de Abruzzo, en Italia.

Tenía, además, un defecto en la columna vertebral por eso “cuando le pasaron la epidural para operarlo, no se le habían dormido las piernas”, según le comentó el médico, quien le aseguró que “había tenido un paro cardíaco por miedo” y “una trombo” mientras lo operaban.

La intervención salió bien y el paciente se encontraba estable. Fanny acudió todos los días a ver a su progenitor ya que solo podía hacerlo una persona de la familia debido a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia. Estaba consciente, unos días necesitó oxígeno pero podía hablar bien y incluso, el día 4 hizo una videollamada con su madre, con quien llevaba 56 años de matrimonio, cuenta emocionada.

El 8 de agosto a las cuatro de la mañana llamaron a su casa para comunicarle que Carmelino había fallecido por un paro cardíaco. “Nunca había tenido problemas de corazón”. Es más, añade, “el 20 de febrero de ese mismo año se hizo la prueba de esfuerzo en el HUC y le dio bien”.

La familia no entiende cómo se pudo desencadenar ese fatídico final y por eso solicitó una autopsia que confirme el motivo exacto del fallecimiento. Lo hizo a través de su abogada particular y le fue denegada por el Juzgado de Instrucción Número 1 de La Laguna.

Sin embargo, debido a que desconocen los motivos por los que su señoría concluye “que no hay dudas sobre la causa de la muerte” y se deniega, la letrada presentó un recurso de reforma que a día de hoy, ocho meses después del fallecimiento, está pendiente de resolución y el cuerpo de Carmelino sigue aguardando sepultura en una cámara frigorífica de la empresa Mémora.

Según se puso de relieve en la denuncia inicial, en el informe de ingreso por urgencias del primer centro hospitalario “se hace constar expresamente que los pulmones están bien ventilados y que el ruido cardiaco es rítmico”. Pero ocho días después sufrió una parada cardiorrespiratoria “como consecuencia de tromboembolismo pulmonar masivo y de cuyo diagnóstico no se había informado en momento alguno a la familia ni tampoco había sido detectado en el primero informe de urgencias”.

Por tanto, se añade en el recurso, la familia “desconoce los motivos por los que se llega a la conclusión de forma irrefutable que se tomaron todas las medidas terapéuticas oportunas desde un primer momento, y los motivos por los que descarta que el fallecimiento no haya sido la no adopción de medidas indicadas para su diagnóstico y tratamiento precoz, sobre todo porque resulta ciertamente curioso que un tromboelismo pulmonar masivo se desarrolle en ocho días”.

La representante legal de la familia no conoce los motivos por los que Su Señoría “descarta que no se haya producido una negligencia médica y si el fallecimiento se podría haber evitado si, por ejemplo, se le hubieran hecho las pruebas diagnósticas debidas en urgencias” e, inmediatamente, se le hubieran aplicado otras medidas terapéuticas.

Al ser consultado sobre este asunto, el HUC declinó hacer declaraciones debido a que no se pronuncian sobre casos de pacientes por la Ley de Protección de Datos y además, porque se encuentra en proceso judicial.

La letrada de la familia presentó días atrás al mismo juzgado un nuevo escrito solicitando “un impulso procesal oportuno”, al procedimiento en cuestión para intentar aclarar de una vez lo sucedido.

Fanny y su madre solo quieren saber por qué falleció Carmelino y no entienden que para ello tengan que esperar ocho meses que se le están haciendo eternos ya que lo único que quieren es cumplir con su voluntad, que era ser cremado y que, de una vez por todas, pueda descansar en paz.

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