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Dónde podremos ir sin mascarilla este verano y dónde habrá que llevarla el resto de la vida

El uso de mascarillas en exteriores podría relajarse cuando el porcentaje de vacunados sea mayor. Aun así, han venido para quedarse.
Un conductor circulando con su mascarilla puesta.. El Español
Un conductor circulando con su mascarilla puesta.. El Español

Mientras grandes zonas de Latinoamérica o Asia siguen devastadas por la pandemia, para el Occidente que acapara las vacunas el mundo pospandémico se acerca cada vez más. El fin del estado de alarma en España, decretado el pasado 9 de mayo, así como el creciente porcentaje de población vacunada —más de 7,8 millones de personas, un 16,6 % de la población— enciende el debate sobre qué medidas para luchar contra la Covid-19 se pueden ir relajando para que, de forma progresiva, lleguemos a lo que sea la normalidad en adelante.

Todo apunta a que la vida no va a ser la que conocíamos —nunca lo es— y a que en esa normalidad y en cierta medida va a haber mascarillas. De momento, soplan vientos de esperanza. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, anunció el 17 de mayo que “no tardaremos mucho en poder hacer propuestas para retirar las mascarillas en situaciones concretas”.

En España, las regulaciones sobre el uso de mascarillas dependieron de los gobiernos autonómicos hasta que a principios de abril una controvertida norma estatal, luego flexibilizada en parte, las hizo obligatorias en todo espacio público, playas incluidas. Lo único que confirman desde Sanidad es que será el Consejo Interterritorial —la reunión periódica entre los responsables sanitarios regionales y estatales— el que determine los siguientes pasos a seguir. Es esperable que, entre los primeros, decaiga la obligatoriedad de llevarlas en exteriores, donde los contagios son raros.

Como en toda situación inédita, no existen suficientes estudios sobre los que basar nuestras decisiones, pero el debate arrecia. En un reciente cara a cara en The BMJBabak Javid, profesor de Medicina experimental en la Universidad de California, y otros especialistas, reconocen que el riesgo de contagio de coronavirus es mucho mayor en interiores, pero argumentan que el uso de mascarillas en la calle ayuda a normalizar su uso.

De la opinión contraria son Muge Cevik, experto en infecciones y salud global de la Universidad británica de St. Andrews, y sus colegas, que esgrimen que obligar a usarlas en exteriores puede parecer arbitrario y erosionar la confianza de las personas. “Podría servir como un desincentivo para estar al aire libre, lo que podría empeorar el aislamiento social”, advierten en el mismo artículo.

Según estos autores, los esfuerzos deben centrarse en reducir la transmisión en interiores y el uso de mascarillas en exteriores solo estaría justificado en aglomeraciones. No obstante, ninguno de los grupos respalda su obligatoriedad al aire libre cuando alguien está solo o con miembros de su hogar.

Más vacunas, menos mascarillas

Para Manuel Franco, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)retirar la exigencia de mascarillas en exteriores tiene sentido a medida que avancemos en la campaña vacunal, como en Reino Unido, donde la tasa de contagios se ha desplomado al haber recibido el 55 % de los británicos la primera dosis y más del 30 % las dos.

“Debemos ir preparándonos para decir que va a llegar un punto en que fuera podrá no llevarse, manteniéndola en interiores”, lo que “ayudaría a poner el foco en que el riesgo está en los interiores cerrados”, indica a SINC.

El coronavirus es más transmisible en interiores mal ventilados porque puede flotar durante horas mediante los aerosoles que exhala quien está infectado. Al aire libre, en cambio, se dispersan con facilidad. Por eso es mucho más importante usar mascarillas en una discoteca que, digamos, en la playa del Sardinero (Santander).

De hecho, en países como Reino Unido o Alemania la mascarilla nunca ha sido obligatoria en exteriores. Israel, con la mayor tasa de vacunación del mundo, ya ha eximido de su obligatoriedad en lugares cerrados y espera decretar a finales de mayo el fin definitivo de su uso.

El periodista Dereck Thompson escribía recientemente en The Atlantic que caminar solo por la calle con mascarilla y quitársela para entrar a un restaurante a cenar con amigos es “como ponerse el cinturón con el coche aparcado y desabrochárselo al arrancar”.

Sobre la creencia de que su uso en espacios abiertos puede favorecer su empleo donde más hace falta —en interiores no ventilados—, Thompson recordaba la elocuencia de la epidemióloga de Harvard Julia Marcus: “No recomendamos el uso de condones cuando las personas se divierten solas para que usen condones con sus parejas sexuales”.

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