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¿Se mueren los laureles de Indias de Santa Cruz?

De los 2.600 ejemplares que tiene Santa Cruz, 250 están afectados por un hongo, mientras que 43 están en estado grave
Santa Cruz cuenta con 2.600 ejemplares de laureles de India, de los que 43 están en grave riesgo. / Sergio Méndez

¿Se mueren los laureles de Indias de Santa Cruz? Todo indica que así es. Un hongo, que ya fue detectado hace 40 años, los marchita hasta la muerte, unos ejemplares que, en algunos casos llevan más de 150 años en la ciudad. Sin embargo, los expertos consideran que este hongo es más una consecuencia de la vulnerabilidad creciente de esta especie, que el culpable de esa debilidad adquirida con el paso de los años. La contaminación, la falta de lluvias, el desarrollo propio de la ciudad con asfalto, riegos por goteo que reducen la humedad de la tierra, eventos que compactan el suelo como el Carnaval y otras fiestas en la plaza del Príncipe, o las micciones de los perros en sus troncos, son solo algunos de los factores que afectan de manera directa a los laureles de Indias de la capital.

El área de Servicios Públicos, que dirige Guillermo Díaz Guerra, está haciendo un seguimiento de estos árboles para evitar que su deterioro vaya a más y tener que talarlos, como ocurrió con los ubicados en el cruce de la Rambla de Santa Cruz con la Avenida Francisco La Roche. Con ese fin, ha realizado distintos informes, el último, en diciembre de 2020, documento al que ha tenido acceso DIARIO DE AVISOS, y que hace unas semanas, analizaron una serie de expertos invitados por el Ayuntamiento. El objetivo era el de proponer soluciones a un problema que Santa Cruz detectó hace ya 40 años, y que no ha conseguido controlar.
Y es que de los 2.600 laureles de Indias con los que cuenta Santa Cruz, unos 250 se encuentra afectados por este hongo (Lasiodiplodia theobromae), mientras que 43 ya se encuentran en estado grave, lo que pone en serio riesgo su supervivencia.

Según consta en los archivos de Parque y Jardines, desde 1963 los laureles de Indias presentaban prácticamente los mismos síntomas que se observan actualmente, y que se detallan en el último informe elaborado por Servicios Públicos.

Así, hace 40 años, se identificó “la aparición de brotes y ramas secas y las yemas basales de las ramas no brotan (…) En estado más avanzado, la sequía de los brotes y ramas es total. La parte aérea del árbol se marchita y llega a morir.” Según los archivos municipales, en aquel entonces se llevaron a cabo diversas consultas técnicas a organismos locales, nacionales e, incluso, internacionales, a fin de conocer las posibles causas y soluciones, y se determinó que los árboles presentaban dos problemas. El informe concreta que, por un lado, estaba el follaje de copa, afectado por el ataque de un insecto chupador, combatible con los productos fitosanitarios adecuados; y por otro, estaba la zona radicular, en la que no se llegó a identificar claramente qué le ocurría.

Dado que el problema continuaba, el Ayuntamiento acordó, en noviembre de 1977, gestionar la intervención del Catedrático de Patología Vegetal de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, Eloy Mateo-Sagasta Aspeitia. Ya, desde su primer informe, quedó patente que el problema de raíces no era por motivos parasitarios sino que los síntomas eran debidos a una serie de circunstancias de suelo como la contaminación, a la asfixia producida por falta de aireación por los pavimentos y calzadas del entorno, y al terreno demasiado compactado.

Fue en 1982, en el informe de este patólogo, cuando se constata la identificación de un tipo de estos hongos oportunistas presente en las ramas, con capacidad de atacar a una gran cantidad de especies. Entonces se recomendó una poda intensa de la copa de los árboles para eliminar la madera afectada y quemar de forma inmediata los restos. Se adoptó esta última actuación, y a lo largo de seis años (1982 a 1987),se aplicó sobre aproximadamente 500 laureles de Indias de la ciudad. Ahora, casi 30 años después de la aplicación de esta solución, los expertos consideran que, precisamente podas tan agresivas, pueden contribuir a debilitar aún más el ejemplar.

El informe municipal elaborado en diciembre señala que en todo este tiempo, además de las poda y el paso de los años, los ejemplares se han visto afectados por el incremento de los factores contaminantes como el crecimiento del tráfico rodado y más contaminación del aire. El desarrollo de la ciudad también ha influido en la salud de los laureles de Indias, con las obras de infraestructuras urbanas como las canalizaciones de barrancos, de las redes de aguas residuales de los edificios, mejoras en las redes de abastecimiento…

Recomendaciones

En cuanto a las actuaciones, los expertos coinciden en desarrollar un programa adecuado de riego y fertilización; la ejecución de sistemas de drenaje, por ejemplo abriendo orificios en el pavimento de determinadas zonas, para humedecer el subsuelo y que el agua llegue a las raíces; prevención de estrés en los ejemplares (podas innecesarias, rotura de raíces a causa de zanjas, obras, etc…); o protección frente a las obras en su entorno, tanto en la parte aérea y, principalmente, en las raíces.

Como complemento, se recomienda hacer aplicaciones nutricionales (materia orgánica) con los riegos. Otra posible medida a considerar es la endoterapia nutricional, empleando una aguja o un taladro fino en cada operación, para que el orificio no sea grueso y sea otra posible entrada de patógenos. También existe la posibilidad de utilizar la misma técnica con algún fungicida. Se trataría de probar para ver los resultados.

Preparar a la ciudadanía para la tala de los más viejos

Los expertos que han analizado los informes elaborados por el Ayuntamiento de Santa Cruz sobre los laureles de Indias apuntan que, “teniendo en cuenta que muchos tienen una edad avanzada es de vital importancia comunicar a la ciudadanía, cuando llegue el momento, que la tala de algunos ejemplares es inevitable, al llegar al fin de su vida útil y no poder seguir prestando sus servicios ecosistémicos”. Algunos de los ejemplares citados tiene más de 150 años, los primeros que se plantaron en la ciudad, por lo que, entienden los especialistas que son árboles muy mayores que llegan al final del ciclo vital que todo ser vivo afronta en un momento determinado.

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