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“Aquel día volví a nacer”: las dos tragedias de la avenida Tres de Mayo

Dos terribles accidentes de tráfico, de similares características, cambiaron para siempre la gestión del tráfico en la capital de Tenerife

En un margen de solo cuatro años, la populosa avenida Tres de Mayo, una de las vías principales de Santa Cruz de Tenerife, se estremeció. Dos accidentes dejaron un terrible saldo de cuatro fallecidos, uno de ellos un bebé de solo siete meses y 26 heridos. Los causantes fueron dos camiones que, tras perder los frenos en la TF-5, acabaron estrellándose en plena ciudad. Aquellas dos desgracias cambiarían para siempre la gestión del tráfico en la capital de Tenerife.

Eran las 12.00 horas del lunes, 21 de febrero de 1994. “Estaba trabajando cuando oí un fuerte golpe y luego vi al contenedor del camión bajando y arrasando todos los coches que estaban a su paso. El camión los lanzaba
hacia las aceras y luego volcó”, relataba a DIARIO DE AVISOS, aún fuertemente conmocionado, Domingo, empleado de la estación de servicio ubicada en la avenida, junto a la calle 70.

Un camión contenedor había perdido los frenos en la autopista del Norte, embistiendo, a la altura de la Piscina Municipal Acidalio Lorenzo, a varios turismos que se encontraban allí. Transportaba recipientes de leche. “Si la carga hubiera sido otra o si llega a impactar con la gasolinera podría haber sido todo mucho peor”, señalaba Domingo.

Algunos vehículos quedaron completamente destrozados, otros lograron desviarse para que el camión no los arrollara, pero la visión de los amasijos de hierro unido a la cantidad de litros de leche derramada dibujaron un escenario dantesco. Dos personas murieron, otras 20 resultaron heridas. Juan Correa, por entonces fotógrafo de la desaparecida Gaceta de Canarias, salvó la vida “de milagro” según crónicas de la época. Quedó atrapado entre los restos de su coche, por lo que la rápida actuación de los bomberos -su cercanía a la zona fue crucial-, permitieron socorrerlo de una manera efectiva.

Las víctimas mortales fueron un padre y su hijo de solo siete meses. Su coche fue el primero alcanzado por el camión, que, tal y como confirmó la investigación, había perdido los frenos debido a un fallo mecánico.

Camión volcado en la Tres de Mayo

Cuando la ciudad aún recordaba aquella pesadilla, cuando las imágenes no habían desaparecido de la retina, la tragedia volvió a darse cita en la Tres de Mayo. Cuatro años, y cuatro días, más tarde, el 17 de febrero de 1998, otro camión perdió los frenos tres kilómetros antes de impactar contra varios coches. Paradójicamente, como en 1994, estuvo a punto de estrellarse contra una gasolinera.

En esta ocasión, la carga suponía también un peligro añadido: se trataba de material de construcción. EL camión fue pasto de las llamas tras la colisión. En esa ocasión, Sergio Méndez, que sigue desarrollando su labor como fotoperiodista en DIARIO DE AVISOS, vivió de cerca lo sucedido. “Lo que más recuerdo es ver a una mujer preguntando si habían visto a su amiga, a la que no encontraba en medio del accidente. Se me ha quedado grabado”.

Cuando Sergio llega al lugar, ve un automóvil al que han quitado el techo para sacar a los ocupantes. Era una de sus primeras salidas a cubrir un suceso de esta magnitud: “Sacaban cuerpos de los vehículos. Aquello me impactó muchísimo. La situación era un caos”.

Infografía del accidente de 1998 publicada en DIARIO DE AVISOS

La reacción de los servicios de emergencias fue ejemplar, porque en solo unos instantes se activaros desde efectivos de la Policía Local a voluntarios de Ayuda en Emergencias Anaga pasando por el SUC y la Guardia Civil. Incluso un comandante del Ejército, que era psicólogo, llegó hasta el lugar para atender en un primer momento a aquellas personas que pudieran necesitarlo.

Dos personas perdieron la vida, otras ocho resultaron heridos y 16 vehículos quedaron dañados. Hubo quien salvó la vida de verdadero milagro, al salir corriendo o al acelerar su vehículo, como Francisco Armas, que lo contaba así al DIARIO: “Pude ver que el camión venía hacia el sitio en el que yo estaba, justo llevaba a mi madre al cardiólogo, y aceleré para escapar por la pequeña calle que rodea la gasolinera y va a la Salle. El camión me pasó a un metro de distancia. Volví a nacer”.

Uno de los trabajadores de la gasolinera pudo contemplar todo lo que ocurría: “Me metí dentro, en la oficina, fue un acto reflejo. Solo sé que se veían las llamas y mucho humo”. Él también había vuelto a nacer.

Consecuencias

El debate de la necesidad de que el tráfico pesado no pasara por el centro de Santa Cruz estaba sobre la mesa desde hacía mucho tiempo. Aquello era, a todas luces, inseguro, por lo que se buscaron soluciones. Una de ellas fue la prohibición de que los vehículos de gran tonelaje pudieran entrar a la ciudad por esa vía. De ese modo se reducía el riesgo de manera muy importante. Rodearían y no atravesarían Santa Cruz.

Además, la instalación de una vía de frenado en la TF-5, que se puede apreciar junto al antiguo recinto ferial, suponía una herramienta más. En caso de perder el control de los frenos, los camiones podrían utilizar esa vía de frenado para no volver a lamentar estos terribles siniestros.

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