Puerto de la Cruz

Las cabras vuelven a ‘tomar’ el muelle

Cinco cabreros y sus respectivas manadas se dieron el baño de purificación, un rito ancestral que prepara el ganado para el apareo

Decenas de animales se concentraron ayer en el muelle del Puerto de la Cruz para celebrar un rito ancestral. Tony Cuadrado
Decenas de animales se concentraron ayer en el muelle del Puerto de la Cruz para celebrar un rito ancestral. Tony Cuadrado

Después de dos años de una suspensión obligada por la pandemia de Covid-19, cabras y cabreros volvieron ayer a tomar el muelle del Puerto de la Cruz para darse el tradicional baño de purificación, una tradición ancestral en todo el Valle de La Orotava que se remonta a la época de los guanches.

Cinco cabreros con sus respectivas manadas, acompañados por miembros de sus familias, incluso hasta los más pequeños, acudieron desde la mañana temprano junto a otros que quisieron ayudar o ver el baño. Sobre las 08.30 fueron llegando desde las medianías del Valle y poco a poco se adentraron en el mar a pesar de que el día -nublado y frío para ser verano- no era el más idóneo para darse un chapuzón.

A lo largo de la mañana se fue concentrando gente en el muelle portuense que inmortalizó el evento con sus teléfonos móviles pero sin las aglomeraciones ni tumultos de otros años.

Efectivos de la Policía Nacional y la Local estuvieron presentes desde primera hora para evitar que ello ocurriera y que el público cumpliera con todas las medidas sanitarias exigidas, un trabajo en el que también participó Protección Civil.

El alcalde de la ciudad, Marco González, y el presidente de la Asociación de Amigos del Baño de las Cabras, Amílcar Fariña, también quisieron disfrutar de esta ceremonia “de gran valor etnográfico” que en sus inicios tenía como finalidad preparar al ganado para el apareo. 

Según la tradición, los cabreros del Valle se dirigían al ‘bañadero’, ubicado en el muelle pesquero y al terminar de bañarlas y mientras los animales se secaban, sus dueños tomaban café o unas copas, charlaban e incluso aprovechaban para hacer negocios, de modo que la gente de mar y de campo se relacionaban entre sí.

Durante la jornada también se pudo disfrutar de los chorros engalanados, que ayer lucieron sus mejores galas decorados con flores, frutas y verduras por diseñadores y colectivos locales.

El baño de cabras y el enrame de los chorros de El Durazno, Las Maretas, Mequínez, el de Lazareto, el Muelle, Cupido, Las Cabezas y el más conocido del chorro Cuaco, fueron los dos únicos actos que se mantuvieron en una víspera y un día de San Juan atípicos en los que, un año más, se echaron en falta el encendido de hogueras, la música y los espectáculos de fuegos artificiales.