Mohamed Osman: “Existe mucha belleza alrededor, pero a veces no la vemos”

Osman se doctoró en Arquitectura en la Universidad de Roma y empezó y terminó la carrera de Bellas Artes en la Escuela Superior de la misma ciudad. Nació en Egipto (1952), pero es canadiense de nacionalidad y una vez vino a Tenerife de vacaciones, para visitar a su hermano que también reside aquí, y le gustó tanto la Isla que se quedó para siempre

Conozco hace años a Mohamed Osman. Pintó para mí la casa donde me crie y viví mi juventud, en el Puerto de la Cruz. La casa de mis abuelos, en plena Plaza del Charco. He presentado alguna exposición suya. Osman se doctoró en Arquitectura en la Universidad de Roma y empezó y terminó la carrera de Bellas Artes en la Escuela Superior de la misma ciudad. Nació en Egipto (1952), pero es canadiense de nacionalidad y una vez vino a Tenerife de vacaciones, para visitar a su hermano que también reside aquí, y le gustó tanto la Isla que se quedó para siempre. Su esposa es inglesa, “pero más canaria que los canarios”. Tienen dos hijos. Osman pinta en su estudio de la Casa del Turista, en el complejo de la Casa de los Balcones. Y ahora, como todos, sufre la crisis de la ausencia de turistas, que son sus principales clientes. Su obra es ya muy grande. Podemos admirar un retablo de la Virgen de los Remedios pintado por él, en la iglesia de Buenavista, “pero le falta iluminación, a ver si de una vez se la ponen, para que luzca”. Osman es ciudadano universal, pero, sobre todo, ama al Valle de la Orotava. Nunca falta a su cita, en el Corpus orotavense, con una exposición anual en el Liceo Taoro, en la antigua casa de doña Catalina Monteverde, un palacete precioso en el mismo centro de la Villa. No ha faltado ni en los tiempos de la pandemia. Estamos en Los Limoneros, bajo un cielo rabiosamente azul y sintiendo el olor a fruta que desprenden los árboles de la finca cercana. Pura naturaleza. Osman es un hombre afable, que no se altera, como si siempre estuviera ante un lienzo, plasmando lo que ve a su alrededor.


-Bonita muestra la de este año en el Liceo.
“Aumenté la luz y el color de los cuadros para proveer esperanza. En estos tiempo es necesario”.


-Parece que la gente ya no puede más.
“Pero es preciso resistir. Yo quise con la muestra aportar algo positivo, algo de optimismo. El artista tiene que interactuar con su tiempo”.


-Cuando pintas palomas se me ponen los pelos de punta, amigo.
“Hay gente que no las quiere, que las odia. Son bellísimas. Cuando pinto palomas, pinto siempre 27, que es mi número de la suerte”.


-Este año has homenajeado a los alfombristas.
“Se lo merecen. Y los romeros de la Villa también. Y, de fondo, el Teide, que es como un talismán”.


-¿Sabías que existe un autor alemán que ha vendido Teides a casi un millón de euros?
“No, no lo sabía. En todo caso los míos son Teides distintos. Lo considero una especie de monumento para la Isla, su razón de ser”.


-¿Qué tipo de arquitectura te gusta?
“Yo no ejerzo oficialmente de arquitecto por un tema administrativo. Mi título es por Roma, pero al ser canadiense no soy ciudadano comunitario y hay problemas para la convalidación. Pero si me preguntas por mis preferencias te diré que amo la arquitectura creativa y que existe un matrimonio maravilloso entre la arquitectura y el arte, así que aquí me tienes”.


-¿Cómo te inspiras cuando pintas?
“Manejo el concepto de que existe mucha belleza a nuestro alrededor, pero muchas veces no la vemos. Y a partir de ahí, procuro encontrarla”.


-Restauraste un palacete rural, el de los Machado, en La Luz, pero no se ha abierto todavía con fines comerciales.
“Fueron cinco años de trabajo y cinco millones y pico de inversión, pero falta un papel. ¡Un papel! Y no se ha podido abrir al público. Los propietarios son una familia alemana afincada en el Puerto de la Cruz, los mismos dueños de El Monasterio, que está muy cerca. Esperemos que se arregle, pero tantos años pueden quitarte la esperanza. La casa es maravillosa”.


-¿Cuál es tu meta próxima como artista?
“Cada persona debe albergar la esperanza de conseguir algo grande. Yo quiero un museo para el Valle. De hecho, este año los cuadros de la exposición del Liceo no estaban a la venta. Los reservo para ese museo. Para mí pintar no es propiamente un trabajo, sino un entretenimiento, aunque tenga que vender para vivir”.


-¿Cómo será ese museo, si lo consigues?
“Interactivo, arte y sonido, en una mezcla perfecta para captar la atención del visitante. ¿Habrá algo más bonito que crear un turismo cultural, que no nos visite sólo por el sol y la playa? Tenemos que ofrecer a sus ojos toda la belleza de esta tierra”.


-¿Qué fue lo que te animó a quedarte, cuando viniste por primera vez, allá por 1986?
“Que aquí no pasaba desapercibida una persona de otra. Que se tocaban, que se abrazaban. Que cuando la Humanidad comenzaba otra de sus crisis profundas, la gente de Tenerife era cercana y amigable. Me cautivó”.


-También los italianos son cercanos, tú que has vivido en Italia.
“Sí, viví durante diez años en Italia y me encanta Roma, que es como un estudio gigante de arte. Pero no tiene Italia las cosas que encontré aquí, en la Isla de Tenerife. Te repito que aquí entendí que no todo es trabajo y dinero, sino que la gente que va por la calle se abraza y se saluda. No hay nada más bonito que eso”.


(Mohamed Osman es una persona tranquila, que también ha sido golpeado por la vida, pero no estamos aquí para recordar momentos tristes, aunque las personas queridas nunca se olviden. Es familiar y muy tranquilo, ya lo he dicho. Me dice que su estudio de La Orotava es luminoso y que en él se siente feliz. Habla varios idiomas, naturalmente entre ellos el árabe, que es su idioma familiar. Prepara un libro con su obra, en el que apenas habrá texto. Las imágenes serán sus mejores cuadros, que por cierto cuelgan en muchas partes del mundo).

-Para mí, Osman, son difíciles de lograr las proporciones en un cuadro. Por eso admiro tanto a los artistas.
“Lo difícil es poder captar la grandeza del espacio. Por ejemplo, mis Teides son espirituales, distintos. Y pintar el Teide es una experiencia rodeada de grandeza”.


-El Teide es para ti una pasión, ¿o me equivoco?
“Yo siento pasión por la Isla de Tenerife”.


-Hay cuadros tuyos en el Parlamento de Canarias.
“Sí, es verdad, tengo algunos cuadros en la colección permanente del Parlamento, desde los tiempos de Antonio Castro de presidente”.


-¿Sabías que el gran arquitecto italiano Alberto Sartoris diseñó una residencia para artistas retirados en Tenerife?
“No, no lo sabía, pero me parece una gran idea. ¿Y por qué no se realizó el proyecto?”.


-Tampoco lo sé, Osman, yo era un niño, pero rescaté el dibujo que Sartoris hizo de esa residencia, que conservo. La que más sabe de este asunto es la profesora Maisa Navarro, que ha estudiado la obra de Sartoris. Por cierto, ¿por qué te fuiste a Canadá?
“Bueno, por nada especial. Residí allí unos años, me dieron la nacionalidad por méritos. En Roma pasé unos años felices también, pero mi nacionalidad es canaria. Yo me considero isleño; la nacionalidad es un instrumento necesario, pero mis sentimientos están aquí, con la gente de aquí”.


-¿Cómo es tu forma de trabajar, Osman?
“Yo no pinto sólo un cuadro, sino varios al mismo tiempo. Así estimulo la inspiración, así me entretengo más. Y de esa forma le doy vueltas a la cabeza, la mente tiene que rodar para lograr eso que se llama inspiración. Entre un cuadro y otro reflexiono, busco nuevas formas. Todo eso”.


-Te encanta el formato grande.
“Sí, es verdad”.


-Y te gusta pintar las cosas sencillas.
“También es cierto. Por ponerte un ejemplo, quiero rendir homenaje al burro. Nada se hubiera podido hacer en Canarias sin la ayuda de estos nobles y abnegados animales. Quiero pintar al burro, por ejemplo, como elemento esencial en la arquitectura que se hizo en Canarias en varias épocas. Y como el más eficaz colaborador del hombre en el trabajo del campo”.


-¿Cómo has vivido esta época de desesperanza?
“Mal, como todo el mundo, pero estoy seguro de que después de la pandemia llegará una época de prosperidad y de que todo va a ser mejor y de que la gente volverá a sonreír, que buena falta nos hace”.


-Con nuevos hábitos.
“Sí, los hábitos han cambiado. La gente de aquí será más cuidadosa, más prudente, guardará cola, será más civilizada, menos anárquica. Pero después de la COVID-19 todo va a ser mejor, ya lo verás”.


(Mohamed Osman insiste en que desea hacer cosas buenas para Canarias. Y que pregonamos demasiado el desastre que vivimos y esto crea pesimismo. Insiste también en que es difícil encontrar un lugar más hermoso que la Isla de Tenerife. Y tiene palabras de recuerdo para don Fernando, el expárroco de Los Remedios, un hombre abierto, liberal, que le franqueó la puerta de su iglesia, tras el incendio sufrido, para que realizara la pintura principal del retablo en honor de la Virgen de los Remedios, una obra que de verdad es bellísima (me la muestra en una tableta). No hablamos de religión. ¿Para qué? Osman es un ser de luz, ciudadano de todas partes, pero principalmente de esta Isla, a la que adora; y lo repite mucho. Cuando acabemos de comer probablemente regresará a su estudio, donde le espera su esposa, ordenando todo aquello, una obra gigantesca, gran parte de la cual no se vende, sino que se guarda para su gran proyecto de un museo para el Valle de la Orotava, que buena falta le hace. Yo disfruté de su hospitalidad en su casa de San Miguel, en La Orotava, donde el pintor y arquitecto tiene otro estudio, en el que a veces también trabaja).


-¿Has pintado retratos?
“Sí, todos los artistas, sobre todo en época de academia, tienen un tiempo de retratos, claro. Incluso un cardenal de la Iglesia me pidió que le hiciera uno, y sí, se lo hice. Andará por alguna parte”.


-Ese museo añorado, con sonido; el proyecto me parece bonito.
“Tengo grabado el sonido del baño de las cabras en el Puerto de la Cruz. Y te aseguro que es impresionante. ¿Te imaginas un cuadro del momento y al mismo tiempo estar oyendo el sonido de verdad? Puede ser novedoso y muy atractivo para todo el mundo, sobre todo para los visitantes”.


-Nos hace falta tranquilidad.
“Sí, porque la Humanidad se encuentra en otra de sus crisis profundas, los comportamientos están cambiando y se hace preciso aportar serenidad a lo que hacemos. Serenidad y belleza. Ya te dije que en el 86 decidí dejar Canadá y venir a Tenerife, una tierra en la que la gente se tocaba y no sufría de la enfermedad de la indiferencia. Y aquí sigo con mi familia para siempre”.


(Hemos llegado al final. Osman se come un pescado y dice que está delicioso. Se acercan los camareros a saludarlo. Yo repaso mentalmente su exposición de Teides y flores en el Liceo, tan visitada. Hay un vídeo en Internet y la pueden visitar, vale la pena. Estamos ante un grandísimo artista, que se ha atrevido también con las rocas, con el mar, con las flores. Un día lo visitaré en su estudio, tan solo para verlo trabajar, saltando de cuadro en cuadro. La vida de los artistas no es fácil. Al gran Antonio López, que pintaba en las calles de Madrid, un policía municipal se le acercó el otro día para pedirle los papeles. La ignorancia es muy atrevida. Osman es uno de los grandes y la sencillez también preside su vida).