Sociedad

Natalia Díaz Luis: “Si no existieran las abejas tampoco existiría la Humanidad”

”. Bióloga por la ULL, activista, apicultora y Premio Nacional a los Jóvenes Emprendedores por las actividades de su empresa, llamada Ecoalpispa. Hace dos años que no consigue miel en sus colmenas porque dentro de las flores no hay néctar por culpa del cambio climático. Pero no ceja en el empeño

Quizá habría que decir que lo que no es bueno para Natalia Díaz Luis (Icod de los Vinos, 1991) no es bueno para la Naturaleza. Lo digo porque ella misma me revela una frase de Marco Aurelio: “Lo que no es bueno para la colmena no es bueno para las abejas”. Bióloga por la ULL, activista, apicultora y Premio Nacional a los Jóvenes Emprendedores por las actividades de su empresa, llamada Ecoalpispa. Hace dos años que no consigue miel en sus colmenas porque dentro de las flores no hay néctar por culpa del cambio climático. Pero no ceja en el empeño. Es máster en Biodiversidad y Conservación en Islas. Atractiva, extremadamente simpática, enamorada de su profesión, más de Heidi que de la Abeja Maya en su infancia y tremendamente sincera. Si les digo que esta chica cautivó a este viejo no les miento, mientras ella devoraba un salmón a la plancha –generalmente no come carne— en Los Limoneros. Cuando le pregunto quién es su maestro en el arte de cuidar las colmenas me responde con un refrán. “Cortando huevos se aprende a capar”. Y si se cree que no anoté todo lo que me dijo se equivoca, porque entonces me estaría traicionando a mí mismo, a pesar de que le advertí: “Lo que no entienda me lo inventaré”. Me responde con una sonrisa que me dejó frío, pero no oso traspasar la raya que marcan los vasos de vino, entre otros asuntos porque su chico es bombero en Huesca. Ha subido por una ruta del Himalaya y hace bicicleta. Celebró hace unos días su cumpleaños número treinta en el delta de un río, el Ebro.


-Abejas tras un cristal, qué bonito, ¿no?
“Sí, una de mis colmenas está detrás de un cristal, en un recinto que tiene salida para que circulen. Así los visitantes ven mejor el proceso”.


-Porque diriges un centro de visitantes.
“Sí, explico en él todo el proceso de la producción de miel y la vida en la colmena. Estamos muy afectados por la pandemia, pero hago catas de miel, muestro el comportamiento de las abejas. Han venido hasta cocineros con estrellas Michelin”.


-¿Cómo te entró en el alma la apicultura?
“Fue durante la carrera, creo. Pero siempre me han gustado las abejas y sus costumbres, su comportamiento”.


-A mí me gustaría ser un zángano. ¿Será machismo eso?
“No te lo recomiendo, porque cuando el zángano fecunda, muere”.


-Ah, coño, entonces no. O sí. ¿Las abejas son monárquicas o republicanas?
“No lo sé. Yo sí soy republicana. Las abejas obreras pueden matar a sus reinas si su comportamiento no les satisface. Y, además, pueden convivir dos reinas en una colmena durante poco tiempo. Lo que sí saben hacer las abejas es elegir si sus huevos concebirán un zángano o una obrera”.


-¿Cómo?
“Pues dependiendo si deposita sus huevos en la celda del zángano o de la obrera, muy sencillo y selectivo. Pero la reina de una colmena no se fecunda con zánganos de esa colmena, sino de otras. Huyen de la endogamia”.


(Quiero prescindir de las consideraciones técnicas, porque me volvería loco. Ese mundo es extremadamente complejo. Pero también considero apasionante esto de la apicultura. En cada colmena pueden convivir noventa o cien mil abejas. Y a Natalia le pican, no crean. “Sobre todo son dolorosas las picaduras en los tobillos”, me dice. Me interesa mucho el personaje, que seguramente sería reina en una colmena y comería jalea real, ese producto que alarga la vida y rejuvenece el ánimo. Es apasionante cómo cuenta la historia, tan interesante: las abejas mandan exploradores por la mañana para comprobar el estado de las flores, dónde está el alimento. “Y avisan a las demás con un baile con el culo, una especie de twerking, entre la colmena, el sol y la flor”).


-Dios mío (yo soy ateo, gracias a Dios), qué maravillosa ceremonia.
“Pues así es, como lo oyes”.


-¿Cuánto tiempo vive la abeja reina?
“Unos cinco años, poniendo 2.500 huevos diarios. Acaba agotada”.


-¿Y una obrera?
“Treinta días”.


-La pobre. Creo que también fabricas un producto de algodón y cera para conservar alimentos.
“La cera de la colmena tiene múltiples aplicaciones. Somos uno de los primeros en España en fabricar ese envoltorio, que hace la función del papel de plata, por ponerte un ejemplo, para conservar los alimentos. Un producto compuesto de algodón natural y cera de abeja. No es un invento moderno, se usaba antiguamente con resultados muy buenos, se adapta a lo que envuelve y lo conserva muy bien. Se puede envolver en él todo menos carne y pescado crudo. Se usa, se lava y se vuelve a utilizar y es un producto antiséptico”.


-¿Y hay producción de cera, con la crisis medioambiental?
“No, hay poca”.


-¿La miel que compramos en los supermercados es buena?
“No, el 99% de su composición es china y el 1% nacional. No hay abejas y los supermercados están llenos de miel. Es una ecuación imposible, denuncio este fraude de la miel”.


-¿Manejar las abejas puede llamarse arte?
“En cierta forma, sí; hay que saber”.


-¿Eres la mejor?
“No, no, qué va, mucha gente sabe infinitamente más que yo. Pero yo sigo investigando y continúo con mi labor de divulgación, con mis visitas guiadas, el llamado agroturismo, y mis explicaciones a los que desean conocer la colmena en toda su extensión”.


-Hay poca cera, vale. Pero, ¿qué se puede hacer con ella?
“Muchísimas cosas. Las mejores velas son las de cera. Tiene propiedades cosméticas, se aplica, en apósitos, al pecho de las lactantes. Un montón de aplicaciones, incluso para la encuadernación de libros, en la ebanistería, para dar brillo a los muebles, en los envoltorios de los que te hablé”.


-¿Tienes antecedentes en este oficio?
“No, mis abuelos eran agricultores, mi madre es profesora, mi padre era constructor, pero con la crisis ha regresado a la agricultura. Yo soy hija única”.


-¡Dios, cómo se aplicaron tus padres! Si quieres lo borras. ¿Existiría el mundo sin abejas?
“Es imposible, porque sólo aportan beneficios. La abeja lo poliniza todo, la flor, la verdura, la fruta. El polen es la parte masculina de la flor y son las abejas las que se encargan de trasladarlo de lado a lado. Hay sidrerías que trabajan con apicultores para que ayuden a polinizar sus manzanos; en los campos franceses se instalan colmenas para que sus abejas polinicen las viñas”.


-¿Qué fue primero, la avispa o la abeja?
“La avispa generó a la abeja, pero no las compares”.


-¿Las abejas constituyen una sociedad organizada?
“Absolutamente. Son cooperantes y solidarias, trabajan para el bien común y son muy laboriosas; un ejemplo”.


-Qué pena de esta crisis de producción.
“Yo no tengo miel desde hace dos años. Los viejos siempre dicen, en estos casos, que la retama está seca. Si no hay comida dentro de la flor, porque no ha llovido, por el calor extremo, por muchas circunstancias, las abejas se mueren. A mí se me han muerto colmenas enteras este año”.


-¿Y va a peor?
“Va como el cambio climático”.


-¿Son solidarios los canarios con sus productos? Estoy empeñado en promocionarlos, Natalia.
“No, no son solidarios. Y llamo la atención sobre eso. Necesitamos ayuda, que se consuman nuestro productos, que son mejores que los importados”.


-Creo que has montado algunos pollos cuando ves fumigar.
“Bueno, sí, algunos”.


-Cuenta.
“Es que nosotros formamos parte del entorno, tenemos obligación de protegerlo. Si veo fumigar en la linde de mi finca, protesto, pongo el grito en el cielo. Si la Naturaleza se va al traste nosotros vamos detrás de ella”.


-Tendrás fama de díscola en tu entorno.
“Yo no quiero medallas, ni fama de nada. Yo lo que quiero es justicia con la Tierra y con lo que la Tierra alberga”.


-Un ambiente sostenible.
“Lucho para que, al menos Icod y su comarca lo sean, que bastantes atentados existen ya en la Isla. Y lo estamos pasando mal y mucha gente se encuentra al límite de sus fuerzas porque no tiene trabajo. El sistema se nos está desplomando”.


(Hablamos de que muchos jóvenes –ella misma—están viviendo con sus padres, casi siempre por falta de medios. De la necesidad de proteger lo nuestro, antes de que la torre acabe por derribarse. De que las plantas crecen sin fuerza y de que ayer, sin ir más lejos, se pasó 17 horas seguidas trabajando).
“El sector primario es pasional y muchas empresas caen por falta de estímulos y porque la gente prefiere consumir productos artificiales antes que otros creados con tanto amor. Insisto mucho sobre el mismo concepto. Sin consumo moriremos”.

-¿Dónde se venden tus productos?
“Pues tenemos ya setenta puntos de venta, pero claro todo depende de lo que logremos producir. También en el centro de visitantes de Ecoalpispa hemos abierto una pequeña tienda para que los asistentes a los tours puedan adquirir productos propios u otros también de calidad creados por colegas”.


-Es una empresa de premio. ¿Un estímulo para seguir?
“Me dieron ese premio nacional por todo, no por nada concreto, creo que por la labor conjunta. Y sí, siempre es un estímulo que te reconozcan algo, sobre todo cuando te desenvuelves en un ambiente hostil, como son el cambio climático y la falta de concienciación de alguna gente. Tenemos de todo en este oficio”.


(La llamé para decirle que le enviaba la entrevista para su revisión y me dio la impresión de que estaba agotada. Claro, trabajando 17 horas al día es imposible sobrevivir con salud. La pongo como ejemplo de mujer luchadora, miembro de una generación joven que no es que pida paso, sino que afortunadamente ya está luchando por unas Islas depauperadas y carentes de incentivos para su supervivencia. Natalia ha subido al Himalaya y ha pedaleado por carreteras difíciles, pero existe un mundo aquí abajo que necesita de personas como ella para seguir existiendo. Quién sabe lo que le depara el futuro a esta activista de la Naturaleza, que llama, cabreada, al alcalde de Icod cuando ve a alguien con una sulfatadora estropeando el alimento de sus abejas. Me ha encantado hablar con ella y compartir este rato. Me ha enviado un WhatsApp: “Muchas gracias por el almuerzo y el rato tan agradable. Cuando quieras, estamos por Icod”. Gracias a ti. Le ha dado el visto bueno a preguntas y respuestas).