conversaciones en los limoneros

Carlos García: “Mantenerse ocupado es una terapia aconsejable para un jubilado”

Ha viajado por un montón de países y siempre se trae algún recuerdo valioso en su cámara. Pertenece a un grupo de Internet, el de Fotos Antiguas de Tenerife, en Facebook, que tiene 90.000 miembros y más de 100.000 fotos archivadas y documentadas, que se cuelgan diariamente. Carlos está casado con Tere, su compañera de toda la vida, y tienen tres hijas, dos de ellas enfermeras, que les han dado cuatro nietos

No hay duda de que el doctor Carlos García (Santa Cruz, 1948) es un auténtico polifacético. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Traumatología y Ortopedia, no se pudo negar cuando su compañero y amigo desde los tiempos de la Facultad de Medicina de Granada, Javier Pérez y Pérez, le pidió que fuera jefe de los servicios médicos del C.D. Tenerife. Fue sabandeño durante 32 años: “Salí en una de las crisis del grupo, en la que nos fuimos muchos”. Y guarda un recuerdo imborrable de aquellas actuaciones. “Yo reconozco”, me dice, “que sólo alguien con la capacidad de Elfidio Alonso fue capaz de conseguir que el grupo sobreviviera y superara todas las dificultades, aunque no siempre se esté de acuerdo con él. De todas formas, mi relación con Elfidio es muy buena, aunque yo no pertenezca ahora al grupo”. Juntos -Carlos, yo y unos pocos privilegiados más- estuvimos en el Estadio Olímpico de Roma, en la eliminatoria contra la Lazio; juntos estuvimos en el estadio del Brondby, en Copenhague, cuando Antonio Mata, de falta y en el último minuto, marcó el 2-1 que nos abría paso a las semifinales de la Copa de la UEFA; juntos estuvimos en Madrid, en las noches mágicas de Los Sabandeños, cuando el público se rendía a los pies del grupo. Además de todo eso, Carlos García es escritor, ha conseguido los mejores premios que se “despachaban” en Canarias (el Leoncio Rodríguez, el Antonio Rumeu de Armas, el Mare Nostrum Resort, el Antonio Carballo Cotanda (tres veces) y -compartido- el Premio Canarias de Cultura Popular de 1997 que le concedieron a Los Sabandeños y la Medalla de Oro de la Isla de Tenerife que el Cabildo entregó al grupo en 2005). Y no se rinde: en las próximas semanas presentará un nuevo libro de fotos comentadas sobre Bajamar. Tiene una memoria prodigiosa y, jubilado de la medicina, se dedica a su pasión: la fotografía. No hay rincón que se le resista, ni recuerdo que no comente, viendo las viejas placas de cristal que consigue nadie sabe dónde. Ha viajado por un montón de países y siempre se trae algún recuerdo valioso en su cámara. Pertenece a un grupo de Internet, el de Fotos Antiguas de Tenerife, en Facebook, que tiene 90.000 miembros y más de 100.000 fotos archivadas y documentadas, que se cuelgan diariamente. Carlos está casado con Tere, su compañera de toda la vida, y tienen tres hijas, dos de ellas enfermeras, que les han dado cuatro nietos.
-¿Por dónde seguimos, por la medicina, por el fútbol o por la música?
“Por donde quieras”.
-¿Cómo llegaste al Tete?
“Tú sabes, porque lo conocías igual que yo, que a Javier Pérez no se le podía decir que no”.
-Sí, claro, y también que cuando te pedía un consejo, se lo dabas y él hacía todo lo contrario.
“Vale, pues un día se empeñó en que yo me tenía que hacer cargo de los servicios médicos del C.D. Tenerife. Insistió e insistió hasta que le dije que sí. Y, la verdad, ahí viví una época fantástica de mi vida”.
-Ocurrieron cosas inverosímiles durante la mejor época en la historia del club.
“Sí, desde que los ladrones reventaran una caja fuerte de la habitación del hotel en la gira por Argentina y robaran varios millones de pesetas al cambio hasta que en el partido del Brondby, en Copenhague, se quedaran las espinilleras de los jugadores en el hotel y casi perdimos la eliminatoria por eso. Menos mal que Heynckes, que era un calentón, no se enteró”.
-A ver, cuéntame eso.
“Salimos en la guagua para el estadio y los sacos de las espinilleras se quedaron atrás. No se puede saltar al campo sin ellas. Los jugadores estaban ya vestidos y nos pusimos de acuerdo, en el vestuario, para que Jupp Heynckes, nuestro entrenador, no se enterara del lapsus porque habría montado en cólera. Al mismo tiempo, José Antonio Pérez, que era el jefe de Comunicación del club, mandó a un utillero al hotel en un taxi, que llegó de vuelta al estadio cuando habíamos iniciado el calentamiento. Nos escapamos de chiripa. Finalmente logramos que el entrenador no se enterara. Nunca se lo dijimos. Y, además, ganamos la eliminatoria”.
-¿Es verdad que Fernando Redondo, cuando se lesionó de la rodilla, se negaba a jugar porque decía que le dolía y tú ya le habías dado el alta?
“Sí, es verdad, tenía mucho miedo de volverse a romper”.
-¿Y qué le trajeron, un sicólogo?
“No, no, te voy a contar lo que ocurrió. Senén Cortegoso, que es un genio de la fisioterapia deportiva, le dijo a Redondo cuando vio que no quería jugar: “Fernando, estira la pierna y apóyala en una banqueta”. Y se le sentó encima de la rodilla lesionada, preguntándole continuamente si le dolía. Redondo respondía que no. Nosotros estábamos convencidos de que la rodilla se encontraba perfectamente curada. Entonces Senén empezó a saltar, sentado, con el culo sobre la rodilla de Redondo y ni una sola molestia. Sólo así se dio cuenta de que estaba curado y nunca más se volvió a quejar”.
-Los jugadores son bastante maniáticos, ¿no?
“Algunos, sí, pero es normal. Date cuenta que su carrera es corta y tienen que cuidarse al máximo para sacarle rendimiento”.
-¿Cuántos años actuaste con Los Sabandeños?
“32 años durante los cuales grabamos 38 discos, uno de los cuales lo presentaste tú en El Corte Inglés. También escribiste una nota preliminar a uno de mis libros”.
(Yo no me acordaba de esa nota, pero Carlos me la trae. Son unos 22 libros los que ha publicado. Confiesa que la lectura y la fotografía son sus pasiones, tras dejar la medicina, ejercida en su mayor parte en el equipo del doctor Guillermo de la Barreda en el Hospital Universitario de Tenerife. Y, como he dicho en la introducción de la entrevista, ha ganado todos los premios literarios e históricos importantes, o casi todos, de los que se convocaban en Tenerife. Me comenta: “Yo hice los comentarios del Portfolio de Tenerife (dos tomos) que publicó El Día. Me dieron 20.000 pesetas por un trabajo que fue ingente, porque eran cientos, miles de fotos que había que seleccionar y comentar. El trabajo quedó precioso).
-¿Durante cuántos años ejerciste la medicina?
“Durante casi medio siglo”.
-¿Qué te parece el comportamiento de la gente en la época de la COVID-19?
“En general, lamentable. La gente es irresponsable y a los gobiernos se les ha ido de las manos el asunto, aunque parece que se ve un poco de luz en el negro túnel de la pandemia”.
-Tú eres un coleccionista nato, ¿o me equivoco?
“No, no te equivocas. Además de libros y de fotografías colecciono instrumentos musicales y mi mujer ha estado varias veces a punto de echarme de mi casa porque no nos quedaba sitio para respirar”.
-Supongo que Bajamar te dedicará un día una calle.
“En Bajamar soy feliz y a Bajamar le he dedicado varias de mis obras. Una de ellas aparecerá próximamente, con fotos antiguas inéditas de gran calidad”.


(Me regala el libro y tiene razón: hay rincones de la localidad costera que cantaran Los Huaracheros que me parecen inolvidables. Bajamar posee una historia preciosa, desde que comenzaron a darse cuenta los vecinos que aquel paraje tiene un clima excepcional hasta que nacieron los primeros hoteles, hoy en ruinas. Todo esto lo ha podido recoger Carlos García en su nuevo libro).

-Fíjate, Carlos, yo conozco a muchos médicos humanistas.
“Es verdad, me lo decía siempre el doctor Victoriano Ríos, que era, indudablemente, un médico humanista. Marañón, Trueta, Puigvert, Vallejo-Nájera, Laín son ejemplos paradigmáticos. El doctor Enrique González tenía una gran afición por la literatura. Sentimos muchos médicos un gran amor por el humanismo en general. Yo viví 15 años en Venezuela. Empecé ganando aquel concurso de redacción que organizaba la Coca-Cola en todos los países del mundo. Es una pena que la mayoría de las bibliotecas ya no quieran recibir fondos, porque el libro electrónico está ganando terreno al libro de papel. Y no tienen nada que ver uno con el otro”.
-Como enamorado que eres del tiempo pasado, ¿la nostalgia vende?
“Tú sabes que sí, porque has tocado el campo de las viejas postales y has publicado libros preciosos con las tarjetas como protagonistas. La nostalgia vende porque al fin y el cabo la gente cree lo mismo que el poeta, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y no es que haya sido mejor, sino que ha sido distinto y lo echamos de menos”.
-¿Y de qué libro de los que has publicado te sientes más orgulloso?
“Pues de todos, pero, por ejemplo, el de las viejas calles de La Laguna (CCPC), que está agotado, consiguió un éxito grande. De todos en general porque se aceptan muy bien por lo que tú dices, porque la nostalgia vende y eso no se puede negar”.
-Tampoco puede negar nadie tu facilidad para componer coplas.
“Bueno, he ganado varios premios en este campo, San Benito, la Alhóndiga, CajaCanarias y otros; no me puedo quejar”.
-Te encanta viajar, Carlos, pero ahora…
“Ahora, ni hablar. No se puede ni se debe. Me quedo en Bajamar y cuando las cosas mejoren volveré a viajar, que es otra de mis pasiones”.
-¿Echas de menos tu vida como médico?
“Te confieso que estoy tan ocupado, tras mi jubilación, con mis fotos y mis recuerdos que te diría que no. Es muy importante, cuando se llega a nuestra edad, el estar ocupado. El ocio lo que hace es perturbarte, sobre todo cuando estabas acostumbrado a un ritmo de vida en el que apenas tenías tiempo libre. Por eso yo vivo una especie de jubilación activa, entre viejas fotografías, viejos discos y muchos recuerdos”.
-Los Sabandeños fueron y son un referente en el panorama musical español. No sé si será un tópico decir esto.
“Es una realidad. Y te repito que yo me fui en una de las crisis del grupo, pero sin rencor alguno, todo lo contrario. Oye, haber ganado los premios que ganamos y haber grabado, mientras yo permanecí en Los Sabandeños, 38 discos en 32 años, no es ninguna tontería. La salida a la calle de aquellos discos eran verdaderos acontecimientos musicales y me siento orgulloso de ello. Recuerdo con mucho cariño haber grabado varios de ellos con una empresa canaria, Manzana, que tanto tuvo que ver en la difusión de nuestra música”.
-¿Tienes algún proyecto fotográfico en marcha?
“Pues estamos Guillermo de la Barreda y yo viendo unas fotos familiares en cristal que pretendemos reproducir y que van a constituir un suceso editorial, por su antigüedad y por lo bien que se conservan”.
(Es una pena que no tenga más que un ejemplar de mi libro 1906, editado a partir de fotografías en cristal, tomadas por un turista alemán que vino a Tenerife y coincidió en la Isla con la visita de don Alfonso XIII. Ese libro vio la luz gracias a Gloria Salgado, que me entregó las fotos que le había facilitado a ella un alemán sin nombre, durante la Feria de Turismo de Berlín. Las pudo Gloria conservar, incluso tras aquella riada que afectó a las oficinas del Patronato de Turismo, y ahora se encuentran en un museo de Santa Cruz; y el libro editado y agotado. Es de algo que me siento muy satisfecho. Por eso valoro tanto la labor de recopilación de Carlos García).
-Pues suerte con ese libro sobre Bajamar, que el pueblo se merece.
“Bajamar es mi lugar favorito. Y le debía este trabajo, que ha sido editado por el Ayuntamiento de La Laguna. Es bueno conocer el origen de las cosas, jugar con el tiempo. Y este libro, sin pretensiones, sencillo, me lo ha permitido”.

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