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El ‘otro’ fútbol

Jóvenes de La Montaña crean un equipo de fútbol sala gracias al entusiasmo que les contagiaron un grupo de migrantes africanos con quienes comparten tardes de juego y han forjado una amistad
Jóvenes de La Montaña, en Los Realejos, crean un equipo de fútbol sala / Foto. Fran Pallero

El polideportivo de La Montaña, en el municipio de Los Realejos, parecía estar a la espera de que alguien lo aprovechase para algo más que sentarse en las gradas a comer pipas y tomar un refresco. También para que de una vez por todas se terminara el abandono que sufría el lugar.

Fue una tarde de junio cuando unos jóvenes del barrio que acudían allí con frecuencia para “matar el tiempo y desconectar de la situación frustrante que estamos viviendo”, se cruzaron con un grupo de migrantes de Mali y Senegal.

No supieron de dónde eran ni tampoco en qué lugar exacto de la Isla vivían hasta unos días después, pero en ese primer momento los vieron jugar con tanta pasión que el flechazo futbolero fue inmediato y no dudaron en dejar sus conversaciones y sus latas de refresco para unirse a patear el balón. “Ponían unas ganas, se dejaban la vida en ello, como si estuvieran jugando un partido oficial de la champions”, cuenta Marco Bethencourt.

Poco a poco y en apenas tres meses, las tardes de juego fueron forjando una bonita amistad que él y sus amigos (Neftalí Romero, Arin Rodríguez, Alejandro Hernández, Ulises Borges, Cristian Álvarez, Aitor Chinea y Cristian Dévora, entre otros) mantienen hasta hoy con 38 menores africanos que viven en un centro de acogida ubicado en el barrio de La Luz, en La Orotava, en el límite con Los Realejos y que encontraron en el recinto deportivo un lugar para olvidarse de sus penas y también matar el tiempo.

El entusiasmo que unos y otros pusieron en este deporte, sin distinción de raza ni condición social, motivó que se decidieran a crear la Unión Deportiva (UD) Fútbol Sala San Cayetano La Montaña -nombre que eligieron en honor al patrón del barrio- que está a la espera de federarse para poder jugar esta misma temporada.

De los doce que la conforman, son pocos los que jugaban al fútbol de manera comprometida aunque todos lo hacían por diversión. Arin estuvo “media vida” en las artes marciales hasta que una lesión lo obligó a estar dos años sin actividad y “por probar”, se apuntó. Cuando surgió esta oportunidad con sus amigos, no lo dudó.
“Cuando éramos más niños, hace unos diez años, hicimos un equipo de fútbol sala que después se dejó y ahí nos quedamos”, cuenta Neftalí. Ahora tienen entre 20 y 24 años, unos estudian, otros trabajan mientras que el resto busca un empleo en una coyuntura económica no precisamente fácil, pero todos comparten la misma ilusión: la UD San Cayetano.

Jóvenes de La Montaña, en Los Realejos, crean un equipo de fútbol sala / Foto. Fran Pallero
Jóvenes de La Montaña, en Los Realejos, crean un equipo de fútbol sala / Foto. Fran Pallero

Ayuda en tiempo récord

En tiempo récord consiguieron entrenador, un vecino que según ellos “tiene mucha experiencia en fútbol”, y el apoyo de todo un barrio que se ha volcado de lleno y ha comenzado a vender rifas que financió el bar que también lleva el nombre del Santo para poder ayudar al equipo con los gastos iniciales, que supondrían casi un 70% de lo que necesitarían los chicos para empezar a jugar en septiembre.

El equipamiento fue donado el jueves por la empresa Milar, una cadena nacional que se dedica a la venta de electrodomésticos y nuevas tecnologías que se encuentra en el núcleo vecino de La Vera, pero cuyo responsable, José Juan García, es natural de La Montaña.

Y lo hizo por partida doble: uno con los colores corporativos de la empresa (camiseta verde lima, pantalón y calcetines negro) y el secundario, elegido por los chicos, (pantalón blanco y camiseta y calcetines color vino), además de una mochila para cada jugador.

Puntapié inicial

La “culpable” de todo este movimiento es Vicky Febles, encargada de la página de Facebook ‘Vivo en La Montaña’ que sin quererlo fue la que dio el puntapié inicial de la ayuda cuando el 5 de junio publicó una foto de los jóvenes realejeros y africanos con el comentario: “¡Una hermosa estampa para estar muy orgullosa de la gente joven de nuestro barrio!” y contó lo sucedido.

“Todos los días se les ve jugando todos juntos y le ha dado vida al poli. Y es maravilloso, pero no quieren que la cosa se quede ahí, aprovechando el tirón de jugar juntos, los chicos del barrio quieren llevar esto a otro nivel, y quieren hacer un equipo de fútbol sala, así que desde aquí vamos hacer todo lo posible para que lo consigan, y a lo mejor más tarde que pronto puede haber un equipo de Futbol Sala San Cayetano”.

En ese mismo post pedía a los seguidores que colaboraran para conseguir balones, pantalones negros de deporte de distintas tallas, tenis de futbol sala, pelotas de baloncesto, medias deportivas, petos de colores y guantes de porteros.

Foto. Fran Pallero

La ayuda de Vicky y el boca a boca de los vecinos hicieron que cada vez se sumara más gente y que el barrio entero se implicara con el equipo.

Entrenan tres veces por semana pero a veces lo hacen en el polideportivo de La Zamora, porque el recinto tiene mejores condiciones que el de La Montaña. “Esperamos que lo arreglen”, coinciden todos.

“Teníamos la ilusión desde entonces y ahora tenemos una gran oportunidad de empezar de cero”, recalca Neftalí.

Los papeles, un problema

El único problema es que sus amigos malienses y senegaleses, todos menores de edad según les aseguraron, no podrán unirse como inicialmente se pensaba por cuestiones burocráticas. Para federarse necesitan los papeles que aclaren su situación y le permitan estar en España y todavía están esperando que lleguen desde Madrid “y tardan”, puntualiza Ulises.

“Algunos ya los han conseguido pero son provisionales”, apunta Cristian, quien igual que el resto, también sabe que existe la posibilidad de que algunos tengan que abandonar el país.

Entablaron una amistad que nunca esperaron hasta el punto de que hablan permanentemente con ellos por wazap porque entienden el español “perfectamente”.

Confiesan que no pueden evitar emocionarse al conocer sus historias. “Cuando los escuchas eres consciente de lo que tienes”, subraya Neftalí, quien traslada que “es cierto que están mejor que en sus países pero algunos de ellos pensaban que Canarias era el paraíso”. La realidad que viven a diario les demostró que éste no existe.

A excepción de Arín, que trabajó en el rastro de Santa Cruz, “donde la gente va a buscarse la vida”, ninguno del equipo había tenido un contacto tan estrecho con jóvenes migrantes.

Si finalmente puedan participar esta temporada en la liga y ganan, los integrantes de la UD San Cayetano tienen claro que el triunfo se lo dedicarán a sus amigos africanos. “Fueron ellos los que nos motivaron a empezar y quienes han dado vida a todo el barrio”, subrayan.

También los responsables de hacerles ver que existe ‘otro’ fútbol, alejado de prejuicios, intereses económicos y titulares en primera plana, pero que une, estrecha lazos y es motor de la integración social, el respeto, la tolerancia y la educación en valores.

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