cultura

Juan Galarza, pintor polifacético: “El arte es mucho de disfrutar”

La Laguna rinde homenaje al pintor de 89 años por su gran trayectoria profesional
Juan Galarza, DA

Con 89 años, y la gran parte de ellos dedicado a las artes plásticas, Juan Galarza, echa la vista atrás para hacer un recorrido por su larga trayectoria profesional.
Este gaditano de nacimiento y tinerfeño de adopción, estudió Comercio y se dedicó a la docencia. También destacó, sin duda, como artista en el cartel, en la caricatura, la escenografía, el pergamino, el dibujo publicitario, y en la acuarela. Disciplina que ha sido eje de su trayectoria vital y profesional.
Galarza lleva desde los años 70 viviendo en San Cristóbal de La Laguna. Lugar donde tiene su estudio profesional y donde recientemente ha sido reconocido por el Ayuntamiento, con una calle que lleva su nombre. Ahora, la ciudad le rinde un homenaje a su dilatada trayectoria artística, con la exposición, Galarza: el arte de hacer arte, que estará abierta al público, en el antiguo Convento de Santo Domingo, hasta el próximo 29 de octubre. Una muestra con más de medio centenar de obras entre las que destacan las acuarelas, de diferentes épocas y estilos, además de óleos y carteles. También, una pequeña colección de caricaturas inéditas.
-¿Está contento con este homenaje?
“Es un homenaje muy bonito. Desde hacía tiempo, por mi edad, yo quería hacer una exposición retrospectiva en la que se tocara, de alguna manera, todo lo que yo he hecho. Mi vida siempre ha estado dedicada a la enseñanza y a la pintura. Y parece que la exposición ha gustado mucho a las personas que la han visitado y para mí, eso es una satisfacción”.
-¿De dónde le vino esa pasión por el arte y la pintura?
“Desde pequeño, cuando tenía cuatro o cinco años ya pintaba. Fui creciendo y veía que pintar era lo más que me gustaba. Y a pesar de que empecé a estudiar Comercio, no porque yo me sintiera comerciante, sino porque era la carrera que me podía pagar mi padre, la terminé. Pero mi obsesión siempre fue pintar. Y así lo he hecho. He trabajado mucho en lo que me ha gustado”.
-¿Cómo se formó desde tan pequeño?
“Yo siempre fui autodidacta. Cuando terminé la carrera yo ya estaba cansado de pintar y de hacer muchas cosas”.
-¿Alguien de su familia ha heredado esta pasión por el arte y la pintura?
“En mi familia hay bastantes artistas. Mi hija Elena consiguió incluso el premio Mont Blanc a la cultura en Canarias. Ella pinta y hace bastantes cosas. Ahora está fuera de aquí y está un poco parada en este aspecto. Me da pena porque forma parte de la vanguardia de aquí y tiene mucha madera. Además, tengo una nieta que está en tercero de Bellas Artes. Algunos sobrinos también han estudiado lo mismo. Y anterior a mí, tengo que nombrar a mi abuelo, que fue dibujante de litografía. Me rodean los artistas. Parece que el arte va en los genes”.
-Gaditano de nacimiento, pero tinerfeño de adopción. Está muy ligado a Canarias y a la cultura de las Islas.
“Yo me considero tinerfeño. Yo pienso en canario, aunque tengo mi rejo andaluz de vez en cuando. Mi madre llegó con cinco años a Tenerife y se crió aquí. Es decir, que el canarismo o la canariedad, como dicen ahora, lo llevamos en la sangre. He pintado fuera, pero también, y mucho, en Canarias. También he estado muy ligado a los Carnavales, para los que he hecho carteles. La verdad es que a lo largo de los años me han surgido muchas facetas relacionadas con el arte aquí en Canarias”.
-De todas las disciplinas artísticas, ¿la acuarela es la que más le gusta?
“Sí. Empecé a tratar la acuarela con más seriedad cuando trabajaba para llevar dinero a casa. Se trata de impresionar lo que uno ve, y como me gustaba mucho el paisaje, tiré por ese camino, aunque he hecho de todo. También trabajé en la escuela de Bellas Artes. Y mis primeras caricaturas fueron en clase, a los compañeros y a los profesores. Tengo un premio internacional de caricatura. Siempre he hecho todo con cariño e interés, y he disfrutado mucho. El arte es mucho de eso, de disfrutar”.
-¿Sigue pintando?
“Últimamente he estado delicado del corazón, pero he seguido pintando por afición y por no dejarlo. Pintar siempre ha sido un desahogo de las pequeñas cosas que uno tiene en su vida. Me ha servido de distracción, además de que siempre he tenido una verdadera vocación por la pintura”.

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