erupción la palma

Pedro Hernández-Guanir: “El volcán nos despierta el sentido profundo de la vida y los mecanismos de adaptación”

El catedrático de Psicología Pedro Hernández-Guanir considera clave una tramitación rápida de las ayudas de las administraciones para mitigar la angustia de los afectados: “Ahora los damnificados necesitan todo el apoyo material y emocional posible”

La impotencia ante la dimensión de la catástrofe de La Palma crece con el paso de los días. Estremece la ferocidad con la que se manifiesta la naturaleza en Cumbre Vieja desde el 19 de septiembre. La lava sepulta, como una apisonadora sin prisas, viviendas, colegios, iglesias, carreteras y fincas, pero también la memoria y los sueños de cientos de familias.

“El volcán está arrasando las raíces de vida, porque en esas viviendas y en esas huertas están metidos todos los recuerdos, esfuerzos, aspiraciones… y calcinar esa identidad es terrible, ya que en esas paredes se proyecta materialmente todo lo que desde un punto de vista psicológico ha construido cada vecino para su realización”, manifestó a este periódico Pedro Hernández-Guanir, catedrático de Psicología y doctor en Pedagogía.

Si los vulcanólogos y geólogos aseguran que la erupción se encuentra en su fase inicial, algo muy parecido ocurre en el plano psicológico. “Aún estamos en la etapa de la reacción inmediata, que se caracteriza por una tempestad de movimientos emocionales a raíz de un estado de alarma que hace que el organismo desarrolle mecanismos de agitación para defenderse, pero en la fase de asentamiento, en los próximos meses aflorará todo ese sedimento interior y se acentuará la decepción, la apatía, el desánimo, el abatimiento y la impotencia”, sostiene Hernández-Guanir.

Para combatir el estrés postraumático, patología que se manifiesta un tiempo después de padecer un evento adverso, el especialista aconseja “comunicarse y desahogarse cuanto antes para sacar fuera todo ese magma interior” y advierte de que las personas que prefieren no hablar del tema se exponen a una situación “peligrosa”. “Es conveniente que lo revivan y que lo expresen porque eso debilita el mal interior”, remarca.

Pero, ¿cómo consolar a una familia que lo ha perdido todo? El experto pide evitar las “golondrinas de primavera” con comentarios del tipo “ya verás que todo irá bien”, porque el dolor, la angustia y la desesperación no permiten asimilar ese mensaje. Sentirse escuchados y recibir todo el apoyo emocional posible en forma de afecto y cariño aportan tranquilidad y sosiego frente al desgarro. “El ser humano se conduce mucho por los símbolos, y los símbolos de ayuda tienen un gran valor para ganar en seguridad y fortaleza. Es como en un duelo: sabes que no hay nada que hacer ante la muerte de un ser próximo, pero un abrazo te aporta fuerza porque te sientes querido y reconocido”.

De ahí que subraye el valor emocional de las ayudas materiales, “porque, en el fondo, el ser humano se ve desprotegido existencialmente, es un ser arrojado al mundo, y en momentos como este se siente, además, perseguido y machacado”. En ese sentido, Hernández-Guanir recalca la importancia de que las administraciones públicas canalicen y tramiten las ayudas lo más pronto posible para mitigar la angustia entre los afectados.

La capacidad de resiliencia (facultad para adaptarse frente a una situación desfavorable) dependerá de cada persona y no solo influyen los moldes mentales constructivos, sino también la tutoría social a cargo de psicólogos, educadores y trabajadores sociales. “Lo peor que puede haber es quedarse en el victimismo, porque eso limita las fuerzas de resiliencia. Lo más importante del ser humano es que en su interior cuenta con unas semillas muy potentes, más de lo que creemos, con efectos casi milagrosos. Ahora hay que ayudar a las familias palmeras a que descubran ese volcán positivo que llevan dentro”.

Respecto a la psicosis que generará la erupción de La Palma, el experto defiende “vivir con realismo, pero no con miedo, y pensar que estas cosas pueden suceder como ocurren desgracias a diario en las carreteras o con enfermedades como el cáncer, los infartos o los ictus”. Para ello, es necesario “preparar a la población” con “educación sobre el volcán”, pero también para recordar que “casi nunca existen daños personales ante este tipo de fenómenos”.

Acerca de la sobreinformación del episodio volcánico de Cumbre Vieja y sus efectos emocionales, el catedrático de Psicología asegura que “de la misma forma que el cielo se vuelve gris por los piroclastos y el suelo se tiñe de negro por las cenizas, las personas también se pueden oscurecer viendo minuto a minuto la catástrofe”, sobre todo en el caso de las más empáticas y sensibles, a las que recomienda dosificar la información para no verse “arrasadas psicológicamente”.

Por último, Pedro Hernández recuerda que situaciones tan complicadas como una erupción volcánica no queda más remedio que asumirlas. “El volcán nos despierta el sentido profundo de la vida y los mecanismos de adaptación. Se debe aceptar lo irremediable y manejar lo posible: la lluvia existe, pero también el paraguas, que es el apoyo y el soporte de los demás. Y aun en la oscuridad más absoluta, siempre surge la sonrisa del sol poniente”.

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