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Vecinos de La Candelaria, en sus nuevos pisos: “Del infierno al cielo”

Se cumplen tres meses desde que el Ayuntamiento de Santa Cruz entregara las primeras llaves de la reposición de 115 viviendas, por la que se llevaba esperando casi 20 años
Candelaria, Cristina y Ramón, en uno de los nuevos pisos que se encuentran entre las calles Valle Inclán, Ortega y Gasset y Azorín. Fran Pallero

Han pasado ya unos meses desde que los primeros 115 vecinos del barrio de Nuestra Señora de La Candelaria, en Santa Cruz, empezaron a entrar en sus nuevas viviendas, otorgadas a través del programa de fomento de la regeneración y renovación urbanas del Plan 2013-2016, que se empezó a tramitar en la época en la que Ángela Mena (CC) era concejala de Viviendas en el Ayuntamiento de la capital.
Candelaria es una de estas vecinas. Este jueves se cumplen tres meses desde que se mudó. Fue una de las primeras. Desde entonces, su vida ha cambiado completamente. Tanto que se encuentra mejor de la depresión que “padezco desde hace tiempo”, confiesa. Y no es para menos, porque “la casa donde vivía se caía a pedazos”.
“Me desesperé mucho. Fueron muchos años esperando y pensaba que el momento no iba a llegar nunca. Mi casa estaba muy deteriorada. Vivía en el último piso y tenía unas humedades horribles. Se me llegó a caer el termo eléctrico y no sé cómo salté de la ducha, con los cables que se habían salido. Estos estaban por el suelo, quemados. Hasta se me rompió una tubería. Los pisos estaban tan deteriorados que no se podían arreglar”, cuenta emocionada.
Candelaria narra que “han sido años muy duros” y recuerda que ya en 2004 se reunían en la asociación de vecinos para tratar el mal estado de sus casas. “Han pasado casi 18 años hasta que hemos podido tener nuestras casas. No ha sido fácil, pero al final ha valido la pena. Ahora me siento muy cómoda. A veces ni me apetece salir a la calle de lo bien que estoy”, explica.
Esta vecina no ha vuelto a pasar por su antigua vivienda porque siente nostalgia. “Me da pena, pero realmente por los recuerdos. Ahí pasé toda mi vida. Compró mi madre, mi hermana y yo. Allí nos criamos y estuvimos toda la vida. 65 años”, recuerda con cariño.
Cristina es una de sus hermanas, que también ha pasado por la misma situación. Lleva apenas un mes viviendo con su marido Ramón en su nuevo piso. Les dieron las llaves el 17 de septiembre. “Mudarnos era una necesidad. Las viviendas estaban muy deterioradas. Muchas estaban apuntaladas e incluso se hundían los baños. Temimos por nuestras vidas, sobre todo, durante el último temporal”, relata esta vecina.
Cuentan a DIARIO DE AVISOS que, aunque los plazos se demoraron mucho, siempre se sintieron respaldados. “El alcalde nos dio su palabra y la cumplió”.
Admiten los tres que ha sido un gran cambio físico, pues han pasado de estar en 11 bloques de viviendas de 35 metros cuadrados con muchas deficiencias, a vivir en dos torres de 10 pisos, con 12 viviendas de 65 metros cuadrados cada una, con salón, cocina, solana, dos habitaciones y dos baños. Pero también ha supuesto un cambio emocional. Y es que ahora sonríen y están tranquilos. Cristina dice que está más contenta y su marido apunta que incluso han subido unos kilos. “Todavía nos faltan cosas, porque son muchos gastos. Trajimos poco, ya que teníamos todo muy destrozado y no podíamos comprar nada por si aquí no nos cabía”, explica la pareja. El resto de vecinos sigue entrando poco a poco, pero todos coinciden en que han pasado “del infierno, al cielo”.

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