El aumento de temperatura en El Teide pone en riesgo la flora y fauna endémicas

José Luis Martín alerta de la pérdida de plantas únicas en el Parque Nacional; Marisa Tejedor afirma que el 82% de Canarias, en riesgo de desertificación

José Luis Martín Esquivel, doctor en Biología y coordinador del área de conservación del Parque Nacional del Teide. | DA

La IV edición de CampusÁFRICA celebró ayer dos interesantes sesiones. En la Real Sociedad Económica de Amigos del País arrancó el bloque matinal con la exposición de José Luis Martín Esquivel, doctor en Biología y coordinador del área de conservación del Parque Nacional del Teide, que alertó sobre la acción directa del hombre en la subida de las temperaturas.
En el Teide está realizando un modelo experimental de análisis de las temperaturas viendo su evolución con la finalidad de aplicar medidas de conservación de la flora y la fauna. “Estamos detectando que el calor entra más por la zona oeste y hay desplazamiento de las especies hacia el este, además de la muerte súbita de plantas”. Para evitar perder endemismos las trasplantan a otras zonas.
Por su parte, Marisa Tejedor Salguero, profesora emérita de la ULL, diferenció los conceptos de desertización, producto de un proceso natural, y desertificación de influencia directa del hombre. “El suelo es un recurso natural no renovable y para que sea útil son necesarios miles de años, sin embargo para que se pierda solo unos días”. El suelo tiene una función esencial para la humanidad y su degradación provoca la pérdida de productividad. “El 10% de Europa son zonas secas y el 60% de la zona mediterránea. En Canarias, entre el 82 y el 97% tiene un alto riesgo de desertificación”.


En la Facultad de Farmacia, María de la Paz Sánchez-Seco, del Instituto de Salud Carlos III, se centró en las patologías víricas y destacó que la mitad de los patógenos que han producido brotes globales son virus, con un total de 20 tipos diferenciados. Se centró en arbovirus como el zika, el dengue y el chikungunya, que se transmiten a través de mosquitos, y que a su vez pueden contagiarse los humanos.
Por su parte, Raquel Escudero (Instituto Carlos III) habló sobre las patologías bacterianas, de las cuales el 20% son transmitidas por vectores, como la borrelia, anaplasma o la francisella. Se refirió a la tularemia, que es frecuente en pequeños roedores, y “es considerada incluso como un arma biológica” al ser un patógeno muy potente con letalidad del 60%.
Por último, María Dolores Bargués, catedrática de parasitología, destacó que los cambios medioambientales y los desplazamientos de la población están influyendo en la dispersión geográfica de los patógenos. Dividió los vectores en insectos, ácaros y moluscos acuáticos, que también producen patógenos parásitos, e incidió en la malaria, la enfermedad más mortífera con 229 millones de casos en 2019.