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Las lavanderas y el agua regresan al tanque del camino Las Peras en La Laguna

La V edición de la Ruta de los Lavaderos, organizada por la Asociación de Vecinos del Casco y el Cicop, volvió a reunir por un día a algunas de estas mujeres
Algunas de las lavanderas que volvieron al Tanque Grande, ayer. Fran Pallero

“Yo he estado trabajando toda la vida, desde pequeñita. Yo venía con cinco añitos desde Valle Tabares con mi madre, porque nosotras íbamos a lavar a la Fuente Las Negras pero cuando no había agua veníamos aquí, porque mi madre lavaba la ropa a la gente rica”. Así rememoraba ayer Guadalupe Siverio, de 73 años, sus inicios como lavandera, trabajo que volvió a revivir por un día, junto con algunas compañeras, en el marco de la V edición de la Ruta de los Lavaderos, organizada por la Asociación de Vecinos del Casco Histórico de La Laguna y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop).

Tras el parón en 2020 por la pandemia, el agua y las lavanderas volvieron ayer a los antiguos lavaderos del Tanque Grande, ubicados en el camino de Las Peras, uno de los pocos que se conserva en buen estado en el municipio, aunque el edificio que los alberga está cerrado desde hace más de 30 años y en la actualidad no se puede visitar. Sin embargo, desde el área de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento lagunero se está trabajando en un proyecto para volver a abrirlos al público y crear en este entorno un Centro de Interpretación del Agua.

Así, las lavanderas volvieron a reunirse ayer en torno al tanque y rememoraron cómo era aquel duro trabajo, compartiendo también muchos recuerdos y risas junto con los participantes en la ruta, así como con la familia que las acompañó. “Antes todo era lavar a mano, con los baños a la cabeza, veníamos desde por la mañana y nos íbamos a la noche. Era un trabajo duro porque estabas todo el día mojada, desde por la mañana hasta por la tarde, y con el frío, ahora al menos está tapado (el tanque) pero antes no. Y ahí (en una esquina) teníamos una cocinita para calentar la comida y se amasaba gofio y berros, porque no había comida”, relató Guadalupe, quien estuvo acudiendo a este tanque a lavar hasta el año 1979.

María Anselma, a sus 87 años, fue otra de las presentes que no se quiso perder esta jornada, en la que recordó sus inicios como lavandera cuando tenía entre 14 y 15 años. “Iba a lavar a la Fuente de Las Negras y a aquí con mi tía, con 14-15 años veníamos a lavar la ropa de mis once hermanos. Y después de que me casé también venía a lavar aquí”. “La vida de antes era malísima, mi madre tenía unas tierras y plantábamos trigo y papas y teníamos la leche de las vacas, así que no lo pasamos tan mal, pero hay mucha gente que lo pasó bastante mal”, lamentaba.

Matilde Pérez, más conocida como Darquis, comenzó a lavar más mayor. “De pequeña no vine a lavar aquí porque teníamos agua en casa, pero conocía a toda esta gente porque pasaban por mi casa y nos saludábamos. Las que venían aquí era porque no tenían agua en sus casas. Yo vine aquí porque me salió el trabajo de lavar la ropa del club de fútbol del Hespérides, esto sería en el año 1975, yo tenía unos 58 años. Era sacrificado porque tenía los niños, el marido… y yo tenía que sacar un poquito para la casa. Eran 16 equipajes y estuve dos temporadas”. “Era duro sí, porque era un pantalón blanco y había que sacar lo verde del césped. Cuando lo dejé venía solo a lavar alguna cosa grande y ellas me ayudaban a torcerla, pero yo tenía luego una lavadora”, rememoraba esta vecina de 80 años mientras tendía al sol la ropa que había lavado.

Punto de encuentro y diálogo

Pero los lavaderos también eran un punto de encuentro y conversación con la familia y amigas. “Tú tenías un problema de tu familia y lo hablabas y aquí se quedaba, de aquí no salía nada. Y no había tele, ni radio, ni nada y aquí hablábamos con las personas mayores, y las cosas que aprendíamos era de lo que nos decían”, explicaba Guadalupe.

Durante la jornada, que contó también con la presencia de la concejala de Patrimonio Histórico, Elvira Jorge, las lavanderas recibieron un diploma de recuerdo y el grupo Los Verodes puso la nota final a una mañana tan entrañable.

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