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Isidro Felipe Acosta, el fotógrafo realejero con pasión por buscar los pasos más íntimos de la fe

El fotoperiodista realejero Isidro Felipe Acosta viajó durante siete años por diferentes ciudades y pueblos de España para captar con su cámara la esencia 'más íntima' de esta celebración religiosa.
Isidro Felipe Acosta
El fotoperiodista realejero estuvo siete años captando la esencia de esa ‘otra Semana Santa’ en distintas ciudades y pueblos de España. DA

Hace nueve años, el fotógrafo realejero Isidro Felipe Acosta decidió emprender la aventura de captar la esencia más íntima de la Semana Santa fuera de Tenerife, esa que no se ve a simple vista sino que está latente en el alma de los cofrades, integrantes de hermandades y los fieles.

Se centró especialmente en Castilla La Mancha y Andalucía porque, sin desmerecer otros puntos de España, en estas dos comunidades autónomas tienen lugar las principales procesiones, las que transcurren por los cascos históricos, en ciudades que además, son Patrimonio de la Humanidad.

“Al principio me centré en esta cuestión porque para un fotógrafo es impresionante poder fotografiar dentro de los cascos históricos”, sostiene.
Tuvo que ceder en algunos objetivos iniciales para poder llegar a más ciudades porque siempre tuvo claro que quería hacer “la otra Semana Santa de España”, esa que muchos canarios desconocían y desconocen.

El fotoperiodista asegura que España hay más de 3 millones de cofrades y unas 11.000 cofradías. Sin embargo, el 90% no conoce otra manera de celebrar esta manifestación cristiana que no sea la suya. “Los de Zamora desconocen la de Valladolid, que está a una hora de carretera por autopista”, pero “en casi toda España ocurre lo mismo”. También existen muchas diferencias dentro de la misma provincia. Córdoba capital, por ejemplo, tiene una semana santa andaluza pero en poblaciones como Baena y Puente Genil, la celebración es completamente diferente.

En la primera, procesionan judíos coliblancos y colinegros que se distinguen por un detalle de su atuendo militar; las colas de crines de caballo que cuelgan de sus cascos que, por tradición familiar son de uno u otro color, ligadas a diferentes cofradías y hermandades del pueblo.

En el caso del segundo, sobresalen las Corporaciones Bíblicas, que representan las figuras del Viejo y del Nuevo Testamento en las que los cofrades, además de ir ataviados con vistosas vestimentas, llevan caretas y los atributos o martirios de cada santo. Es una de las procesiones con mayor representación ya que son casi 300 las personas que desfilan.

“La gente se prepara casi todo el año porque en algunas ciudades andaluzas y castellanas la Semana Santa se vive con una pasión exacerbada, la gente llora, y eso no se ve en otros lugares”, cuenta Felipe Acosta. “Las hermandades y cofradías son como unos pequeños clubs, la gente vive y depende todo el año de ellos y participan mujeres, hombres y niños, porque las que vetan la presencia de la mujer ya son mínimas”, apunta.

Las anécdotas que le ha dejado esta experiencia son muchas. Desde procesiones “muy simpáticas”, como el Cristo de los Gitanos de Jerez, que actualmente transcurre con normalidad pero que en los años 60 se llegó a suspender por parte de un obispo porque generaba demasiada fiesta. “El Cristo de los gitanos es salero, alegría, muchas cosas no concuerdan con el ritual de la iglesia católica, pero los gitanos se metieron detrás del santo y con saetas y palmas empezaron a criticar al obispo”, relata.

El primer municipio que se marcó en la ruta fue Bercianos de Aliste, un pueblo de unos 200 habitantes, en Zamora, en la frontera con Portugal, que el Viernes Santo tiene una de las procesiones más sobrecogedoras, porque los cofrades, personas muy mayores, visten las túnicas con las túnicas con las que van a ser enterrados.

Las procesiones en algunos puntos son larguísimas, de hasta de diez horas, como la de El Abuelo, en Jaén, que es un nazareno que sale del Jueves al Viernes Santo y recorre doce kilómetros. “Llegué a la una de la mañana, después de haber visitado otras dos ciudades, la procesión salía a las tres y ya no cabía un alfiler”, cuenta.

Por tercer año consecutivo este fotógrafo realejero ha querido compartir su experiencia con los lectores de DIARIO DE AVISOS. El sábado, el Decano de la prensa de Canarias publicó 16 páginas a todo color con los pasos más espectaculares de esa ‘otra Semana Santa’. En esta ocasión, como novedad, se añadieron costumbres ancestrales de Tenerife que se han ido perdiendo con el paso de los años, como la Quema del Judas, en Taganana, y otras que se mantienen más vivas que nunca y que atraen a numeroso público, como el Santo Entierro que tiene lugar el Viernes Santo en la parroquia de San Juan, en La Orotava.

Recorrer 32 ciudades y contar con más de 52.000 fotografías le ha requerido un gran trabajo previo de documentación y de organización. Tuvo que cuadrar los días, las distancias, los horarios y hasta los estacionamientos en los que dejaba el coche para poder salir una vez que terminara la procesión, y contactar con la gente del lugar. “Creo que en los siete años, el Viernes Santo no dormí nunca”, bromea.

Según el artista, todavía queda muchísimo por conocer de la ‘otra Semana Santa’ de España. Su próximo reto, que espera hacerlo realidad el próximo año es Murcia, una región que además de tener uno de los mejores escultores de tallas como es Francisco Sarzillo, tiene una peculiaridad en su Semana Santa: los tronos, enrames florales que son más bien “auténticas batallas de flores” que un paso de Semana Santa.

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